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Filosofos Iluministas

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Categoría: Filosofía

Enviado por: Ninoka 13 abril 2011

Palabras: 1796 | Páginas: 8

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nto de Locke, en tanto que como autor de las Cartas Persas podría situarse próximo a Saint-Simon. Sin embargo, el pensamiento del señor de La Brède es complejo y tiene esa personalidad propia que le convierte en uno de los pensadores más influyentes en el seno de la Historia de las ideas políticas.

Visión política

Montesquieu desarrolló las ideas de John Locke acerca de la división de poder. En su obra "El espíritu de las leyes" manifiesta admiración por las instituciones políticas inglesas y afirmó que la ley es lo más importante del Estado.

En 1739 publica un importante ensayo sobre los romanos. El espíritu de las leyes se publica en Ginebra en 1748. En 1750, para responder a las críticas de los jansenistas y los jesuitas, publica la Defensa del Espíritu de las Leyes aunque la Iglesia lo incluye en el índice de libros prohibidos.

Dos son fundamentalmente los puntos en que los diferentes autores insisten al señalar la aportación original de Montesquieu al estudio científico de las sociedades humanas:

• Montesquieu acomete la tarea científica de describir la realidad social según un método analítico y "positivo" que no se detiene en la pura descripción empirista de hechos, sino que intenta organizar la multiplicidad de datos de la realidad social en un reducido número de tipos.

• Dar una "respuesta sociológica" a la aparente diversidad de los hechos sociales, bajo el supuesto de que existe un orden o causalidad de estos hechos susceptible de una interpretación racional.

Fue quien elaboró la teoría de la separación de poderes. El poder solo puede ser limitado por el poder. Es necesaria la división, en el Estado, de 3 poderes:

*Legislativo

*Ejecutivo

*Judicial

Jean-Jacques Rousseau usualmente es definido como un ilustrado, pero parte de sus teorías prefiguran el posterior Romanticismo.

Las ideas políticas de Rousseau influyeron en gran medida en la Revolución Francesa, el desarrollo de las teorías Republicanas, y el crecimiento del nacionalismo. Su herencia de pensador radical y revolucionario está probablemente mejor expresada en su más célebre frase, contenida en El contrato social: «El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado».

El legado de Rousseau

En 1762, la publicación de El contrato social fue causa de su expulsión de Francia, refugiándose en Neuchatel. Uno de los temas ,fundamentales de la obra es la soberanía (tema fundamental de la filosofía occidental de la modernidad). Para el autor soberanía es sinónimo de voluntad general, en tanto que sólo la voluntad general del pueblo puede constituirse en ley. Esta es indivisible y no puede ser representada. Por lo tanto la soberanía radica en el todo (el pueblo en su totalidad), no puede dividirse en partes (como los poderes) y menos todavía ser representada por un parlamento electo (porque de esta manera el hombre sería libre solo cuando elige a sus representantes legisladores, pero después volvería a ser esclavo). Soberanía y Estado son términos inseparables, en tanto que el Estado se mantiene en el poder soberano. De esta manera para Rousseau el principio fundante del Estado Moderno debería ser netamente democrático, ya que el poder soberano solo es tal, cuando es la expresión de la voluntad general de todos los ciudadanos de un Estado. La voluntad general del pueblo es el denominador común de todas las voluntades particulares. Esto suena algo utópico, pero el autor contesta diciendo que si entre un grupo de hombres no hubiera ningún interés común a todos, que los pueda unir, seria imposible pensar en la sociedad civil y menos en un contrato social fundante de un Estado.

Sólo en un Estado fundado en un principio democrático, donde el poder soberano es la voluntad general de todos, el hombre puede ser realmente libre, existir auténticamente. Porque el hombre de esta manera sólo se somete a la ley que él mismo se dicta. Ni en el Estado de Naturaleza (donde está atado a sus pasiones, o bien, a las de otro) ni en otro tipo de Estado puede llegar a serlo realmente. Sin embargo, define a la voluntad general como un principio o guía moral. De allí que sea infalible.

Pero no hay que confundir este principio fundante del Estado (a saber que solo la votación de todos puede crear ley) con el régimen o forma de gobierno. Una cosa es la forma de Estado y otra su régimen político.

El gobierno es el órgano encargado de ejecutar la voluntad general del pueblo. La ley, como expresión de la voluntad general, debe también apuntar siempre al todo y nunca a un particular. Por eso es necesario un gobierno que aplique la ley a las partes, pero éste no puede nunca dictarla, solo el pueblo entero puede hacerlo. Para Rousseau no hay un régimen político ideal o por excelencia, el tipo de régimen dependerá de la situación geográfica donde se asiente la sociedad civil y su consecuente Estado. En territorios pequeños es conveniente una democracia como forma de gobierno, en territorios medianos una Aristocracia y en un territorio grande una monarquía.

Rousseau propugnaba la soberanía del pueblo que identificaba solamente con los varones. Su concepción sobre las mujeres puede conocerse a partir de su tratado de educación femenina "El Emilio" donde cuestiona la igualdad que propugnaba ya que solamente incluía a los varones.

Filosofos Conservadores y romanticos Sigle XIX

Louis Gabriel, vizconde de Bonald (Millau, 2 de octubre de 1754 - 23 de noviembre de 1840). Político, filósofo, escritor y publicista francés, exponente del pensamiento católico tradicionalista en los años posteriores a la Revolución Francesa.

Ferviente monárquico y católico, Bonald se convirtió en la voz principal de los ultra-legitimistas. En sus numerosas obras atacó la Declaración de los Derechos del Hombre, el contrato social de Rousseau y las innovaciones político-sociales de la Revolución, para abogar por la vuelta a la autoridad de la monarquía y de la religión.

Su pensamiento

Bonald es considerado el "jefe de filas" del tradicionalismo. Para él, la sociedad encontraba su origen en el poder, que venía de Dios. La monarquía preexistía a la sociedad, pues ella la constituía y la conservaba por su sola existencia. Asimismo, el lenguaje, las artes y el conocimiento habían tenido origen en una revelación primitiva de la divinidad.

La doctrina de Bonald ayudó a sustentar el proceso de Restauración que experimentó Europa entre 1814 y 1848 y el resurgimiento del Papado en el siglo XIX, luego de la tormenta de la Revolución.

Joseph-Marie, conde de Maistre (Chambéry, 1 de abril de 1753 - Turín, 26 de febrero de 1821), teórico político y filósofo saboyano, máximo representante del pensamiento conservador opuesto a las ideas de la Ilustración y la Revolución Francesa. Escribió sus obras en francés.

Realizó estudios de derecho en Turín, antes de convertirse en miembro del tribunal de justicia (Senado) de Saboya. Tras ser ocupada esta provincia por las tropas francesas en 1793, buscó refugio en Lausana, pero cuatro años más tarde el Directorio francés logró que fuera expulsado de territorio suizo, donde había llevado a cabo una intensa actividad contrarrevolucionaria. Marchó de nuevo a Turín, y el rey de Cerdeña, Carlos Manuel IV, le nombró ministro plenipotenciario en San Petersburgo, donde fue consejero en la sombra del zar Alejandro I. Permaneció en dicho cargo desde 1802 hasta 1817, año en que regresó a Turín, donde residió hasta su muerte.

Pensamiento

Profundamente influido por el pensamiento de Jakob Böhme, Louis-Claude de Saint-Martin y Emanuel Swedenborg, Joseph de Maistre se alzó contra la que consideraba “teofobia del pensamiento moderno”, que se había desprovisto de toda referencia a la Providencia divina como elemento explicativo de los fenómenos de la naturaleza y la sociedad. Puso a Dios en el centro de todas sus doctrinas, afirmando que el Creador se manifiesta de forma misteriosa, especialmente a través de los milagros, a los cuales el hombre debe responder con la oración (Veladas de San Petersburgo, 3 vols., 1821). Remiso a las tesis de René Descartes y Nicolás de Malebranche, sostuvo que la razón humana debe intentar entender el orden divino, incluso aunque aquella no pudiera discernir en su plenitud, dado que la perfección de la especie humana desapareció tras el pecado original. En Plan para un nuevo equilibrio de Europa (1798) desarrolló la idea según la cual el hombre era culpable de hacer que la historia deviniera en el mal universal.

La filosofía política de Joseph de Maistre, dotada de un absoluto pesimismo, parte del principio de que la injusticia no puede ser vencida, como prueba la muerte de Jesucristo, el justo por excelencia. Su principal obra política, Consideraciones sobre Francia (1797), presenta a la Revolución Francesa (sujeto central de sus reflexiones) como un acontecimiento satánico y “radicalmente malo”, tanto por sus causas como por sus efectos. Enemigo declarado, al igual que el filósofo británico Edmund Burke, de las ideas propugnadas por la Ilustración, condenó igualmente la democracia, por ser causa de desorden social, y se mostró firme partidario de la monarquía hereditaria. Este conservadurismo añade a la religión y al poder espiritual infalible del Papa una función fundamental: liderar la lucha contra la decadencia histórica a que se dirige la humanidad (Sobre el Papa, 1819).