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Habilidades Comunicativas Basicas

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Categoría: Temas Variados

Enviado por: Antonio 10 abril 2011

Palabras: 4522 | Páginas: 19

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ando realizaba una pregunta todos contestaban al mismo tiempo y en muchas otras, de plano todos hablaban aún cuando yo lo hacia para darles indicaciones; entonces, no nos entendíamos porque yo no entendía lo que ellos decían ni ellos entendían las indicaciones que yo les daba y como consecuencia, ellos nuevamente volvían a preguntarme cómo se realizaría la actividad ya que no había quedado clara la indicación en medio del ruido provocado cuando hablábamos todos al mismo tiempo; de esta manera me di cuenta de que les costaba trabajo escuchar y atender las indicaciones a seguir.

En cuanto al campo social afectivo los niños se mostraron solidarios entre ellos y mostraron disposición para aprender, sin embargo, se les dificultó el compartir el material al realizar algunas actividades, llegando al punto de golpearse o arrebatárselos entre compañeros; lo que hizo que me diera cuenta de que los niños presentaban dificultades al resolver sus conflictos haciendo uso del lenguaje para evitar agredirse, también se les dificultó actuar con iniciativa y autonomía, regular sus emociones y respetar algunas reglas de convivencia en el aula.

Con relación al campo de lenguaje presentaron características significativas que llamaron mi atención y se centraron en las habilidades comunicativas básicas (hablar, escuchar, leer y escribir), dentro de éstas destacó el que los niños en algunas de las diferentes actividades que se realizaron dentro y fuera del aula, presentaron cierto interés por aprender o algunas dificultades al realizarlas, cabe mencionar que en cuanto al leer y escribir ellos presentaban gran interés por acercarse al mundo escrito, demostrándolo en diferentes momentos a lo largo de la jornada de trabajo y por el contrario, al hablar y escuchar presentaban ciertas dificultades expresadas en diferentes situaciones (Anexo 1).

Ahora que ya conocía lo que los niños lograban y podían hacer, así como las dificultades que presentaron, puedo decir que esto me ayudó en gran medida porque me permitió reconocer algunas de las capacidades de los niños, por ejemplo: lo que los niños eran capaces de expresar desde el lenguaje, lo que eran capaces de expresar con el cuerpo, la capacidad que tenían para expresarse abiertamente, entre otras; en ese sentido para mi fue importante el diagnóstico para retomar algunos elementos que me dieron pauta para saber por dónde tenía que comenzar a trabajar con los niños para favorecer sus habilidades comunicativas básicas en su desarrollo integral.

Con base en esto, reconociendo que el tema a abordar en este documento son las habilidades comunicativas básicas, puedo decir que a pesar de que sé que el lenguaje en su totalidad está integrado por cuatro habilidades comunicativas que son Hablar, Escuchar, Leer y Escribir; decidí enfocarme en dos de ellas, que son “hablar y escuchar”; porque en este sentido, de acuerdo con las necesidades e intereses de los niños, era importante que ellos escucharan y hablaran para que así, lograran comprender el proceso de comunicación.

También, cabe señalar que de acuerdo con el argumento de Judith Meece (2000) que nos hace alusión a las etapas de adquisición del lenguaje y con base en el diagnostico inicial realizado al grupo de “2ºB”, la edad que presentaban los niños tenía estrecha relación con la etapa de la adquisición de las reglas de la sintaxis porque ellos presentaban un crecimiento vertiginoso en su lenguaje, sin embargo presentaban ciertas dificultades al expresar sus ideas de manera oral en diferentes situaciones planteadas dentro del grupo, o por el contrario, en algunas otras en todo momento hablaban y no escuchaban a los demás.

Sin embargo, a pesar de los logros, las dificultades, las necesidades e intereses presentados, la finalidad era que ellos lograran comprender que el proceso de comunicación implicaba un emisor y un receptor, donde ellos tenían que poner en juego sus habilidades de habla y escucha para lograr que dicho proceso fuera llevado a cabo de manera adecuada.

Entonces, el preescolar tuvo que convertirse en un espacio propicio para el enriquecimiento del habla de los niños y consecuentemente, para el desarrollo de sus capacidades cognitivas a través de la participación sistemática en actividades en las que pudieran expresarse oralmente, también debía proporcionarles un vocabulario cada vez más preciso, extenso y rico en significados.

Así que con base en las necesidades e intereses de los niños y en las tareas de la Educación Preescolar, decidí enfocarme en estas dos habilidades sin perder de vista que las cuatro están íntimamente relacionadas entre sí. Por ello, a lo largo del documento haré mención de ellas porque en algunos momentos por necesidades del grupo, las mismas actividades dieron pauta a que ellos leyeran y escribieran, sin embargo las características del grupo reflejaban mayor necesidad en las habilidades comunicativas relacionadas con hablar y escuchar.

Tomando como punto de partida “el diario familiar”, una actividad que se llevó a cabo dentro del grupo con el propósito de que los niños tuvieran un espacio de convivencia con su familia y posteriormente compartieran determinados momentos especiales con sus compañeros, se presentaron algunas dificultades ya que el niño (a) a quien le había tocado llevarse el diario familiar, tenía que pasar al frente de sus compañeros para explicarles y mostrarles lo que había plasmado ahí.

En diferentes ocasiones y con más de un niño se presentó una situación en común, ya que cuando se les pedía que hablaran sobre lo que habían plasmado, explicándoles a sus compañeros, la mayoría de ellos se inhibía y no lo hacía, y quienes lo hicieron, hablaron tan bajito que sus compañeros no alcanzaron a escuchar lo que decían (Diario de la adjunta, 04/Noviembre/09).

Por el contrario, al realizar algunas actividades como la elaboración de una carta; cuando yo les estaba explicando cómo realizaríamos la actividad muchos de ellos no me ponían atención y estaban platicando entre sí y hablaban al mismo tiempo; así, me di cuenta de que se les dificultaba escuchar y al mismo tiempo también a mi me faltó implementar más estrategias que me permitieran llamar y mantener la atención del grupo al realizar determinadas actividades (Diario de la adjunta, 17/Noviembre/2009).

Por otro lado, ellos presentaban gran interés por interpretar lo que decían algunos textos que se encontraban dentro del aula, realizando constantemente la pregunta ¿qué dice ahí?, o al ver una imagen junto a un código escrito ellos establecían relación y lo interpretaban, manifestándolo a través de su curiosidad por descifrarlos en diferentes momentos a lo largo de la mañana de trabajo.

Por ejemplo, al poner en práctica la situación didáctica del cartero, logré reconocer que ellos tenían gran interés por iniciarse en el mundo escrito y comenzar a hacer sus propias producciones porque después de cambiar de estrategia al plantearles la situación de manera lúdica en vez de tratar de explicarles de lleno lo que era una carta y desde el pizarrón, logré llamar su atención y despertar el interés en ellos con ayuda de mi tutora, ahora eran ellos quienes pedían trabajar con dicha situación, lo que implicó poner en juego la funcionalidad del lenguaje cuando ellos realizaban sus propias producciones a través de representaciones gráficas que les eran significativas al transmitir un mensaje a otra persona elegida por sí mismos.

Esta serie de situaciones presentadas en la jornada de Trabajo Docente me permitieron vislumbrar que dentro de mi grupo existían dos necesidades características que debía atender, ya que la educación preescolar debía permitir que los niños compartieran significados, ideas, explicaciones comunes, preguntas o dudas porque sus propias teorías que construyen, son puestas en cuestión, de manera natural, en la interacción de pares, convirtiéndose en una motivación poderosa para el aprendizaje (SEP, 2004).

Entonces, al ver todos estos sucesos presentados en la dinámica de trabajo con el grupo; me di cuenta de que hablar del lenguaje no era una tarea sencilla ya que implicaba diversos factores que intervienen para que los niños lograran desarrollar sus habilidades comunicativas y fueran competentes. Puesto que al ingresar al Preescolar, éste se constituyó en un espacio propicio para que los niños convivieran con sus pares y con adultos y participaran en eventos comunicativos más ricos y variados que los del ámbito familiar.

Al reconocer estas situaciones, fue necesario que yo como educadora brindara oportunidades a los niños en las cuales pudieran poner en juego sus diversas habilidades al enfrentarse a situaciones que les implicaran un reto y de ésta manera adquirieran aprendizajes significativos. Pero para lograr plantearles situaciones que enriquecieran sus experiencias y favorecieran sus habilidades comunicativas básicas fue necesario preguntarme ¿Qué procesos seguían los niños al desarrollar sus habilidades comunicativas básicas?, ¿Qué papel jugaban las habilidades comunicativas básicas en la construcción de sus aprendizajes?, ¿Qué papel desempeñaban los padres de familia para fortalecer el desarrollo de las habilidades comunicativas básicas de los niños?, ¿Cuáles eran las dificultades más reincidentes que presentaban los niños en cada habilidad? y ¿Cuáles eran las características más sobresalientes que presentaban en cuanto a sus habilidades comunicativas básicas?.

Por ende, fue necesario poner atención en los padres de familia, en las características que presentaban los niños, sus necesidades, sus intereses, las actividades que fueron aplicadas y las reacciones que manifestaron ante las mismas, así como en las características del preescolar y en las habilidades docentes que yo tenía que poner en juego durante mi intervención, ya que era necesario saberlo, porque sólo así obtendría los elementos clave para lograr favorecer en los niños sus habilidades comunicativas básicas de manera significativa partir de las situaciones didácticas planteadas al grupo.

1.1 Apoyo de las habilidades comunicativas básicas en la construcción de los aprendizajes de los niños.

La misión de la Educación Preescolar consiste en lograr el desarrollo integral de cada uno de los alumnos que ingresan a este nivel, basándose en doce propósitos fundamentales que expresan los logros que se espera que tengan los niños y niñas que la cursan. Dentro de estos propósitos se encuentra uno que se enfoca específicamente al lenguaje oral (habla y escucha).

Dicho propósito dice así: “Adquieran confianza para expresarse, dialogar y conversar en su lengua materna; mejoren su capacidad de escucha; amplíen su vocabulario, y enriquezcan su lenguaje oral al comunicarse en situaciones variadas” (SEP, 2004). Esto me dio mayor pauta para realizar un análisis sobre estas dos habilidades comunicativas dentro del aula del “2ºB”.

En este sentido, partiendo del hecho de que los niños dentro del preescolar, en específico de mi grupo eran capaces de hablar e ingresaron hablando, como educadora no debía de perder de vista que hablar y escuchar, como parte del lenguaje, tenían un sentido comunicativo. Ya que como bien sabemos, el lenguaje es una actividad comunicativa, cognitiva y reflexiva. Siendo al mismo tiempo la herramienta fundamental de los niños para integrarse a su cultura y acceder al conocimiento de otras culturas, para interactuar en sociedad y, en el más amplio sentido para aprender. (SEP, 2004).

Por ende, los avances en el dominio del lenguaje oral no dependerán solamente de la posibilidad de expresarse de manera oral, sino también de escuchar, entendido como un proceso activo de construcción de significados. De esta manera, aprender a escuchar ayudará a los niños a afianzar ideas y a comprender conceptos.

Lo anterior, nos brinda un panorama más claro de por qué fue y seguirá siendo importante el uso del lenguaje en el nivel preescolar, teniendo de esta manera la más alta prioridad en este nivel educativo. Sin embargo, no se dejan de lado las demás habilidades que los niños deben adquirir para ser competentes en cada uno de los ámbitos en que se desarrollan.

Asimismo, cabe señalar que las capacidades de hablar y escuchar se favorecieron cuando a los niños se les brindaron múltiples oportunidades de participar en situaciones en las que hicieron uso de la palabra en diferentes circunstancias. Por ejemplo, cuando en el grupo se trabajó una actividad que consistió en formular una entrevista para los padres de familia, después de haber realizado una observación de un Hámster como parte del proyecto del grupo, yo invité a los niños a saber más a cerca de él, cuestionándolos sobre qué podíamos hacer para obtener más información.

Después de haber escuchado sus comentarios, acordamos que realizaríamos una entrevista a los padres de familia; los niños comenzaron a formular preguntas acerca de las dudas que tenían sobre el Hámster como ¿Dónde viven?, ¿Qué comen?, ¿De dónde nacen?, entre otras. Llevándonos a tener diferentes intensiones, en este caso, la de dialogar y conversar sobre estas inquietudes que presentaban los niños después de una observación realizada al Hámster (Diario de la adjunta, 11/Enero/10).

Con situaciones como ésta, brindé a los niños oportunidades de participar en ellas con diferentes intensiones poniendo en juego diferentes procesos cognitivos; por ejemplo, la situación antes mencionada al poner en juego la conversación y el dialogo, de manera implícita hizo que los niños pusieran en juego la comprensión, alternancia en las intervenciones, formulación de preguntas precisas y respuestas coherentes. Propiciando el interés y el intercambio entre los que participamos y la expresión.

Así que como educadora puedo decir que nosotras como docentes frente a grupo, jugamos un rol muy importante al motivar e incentivar a los niños para que desarrollen sus habilidades comunicativas, brindándoles diferentes oportunidades que les permitan adquirir y construir aprendizajes significativos con una intencionalidad precisa.

Asimismo, con base en el argumento de Ségoléne Royal (2003) puedo decir que el dominio de los lenguajes es el desafío prioritario del nivel preescolar, no como un campo, sino como el que establece el vínculo entre todos ellos y es el fundamento sobre el cual se edifican los aprendizajes, ya que el lenguaje corresponde a las actividades de recepción y producción (escuchar y hablar), ya sea que las efectúen los niños mismos o por la intermediación de la educadora. Por lo tanto, su dominio entra en la construcción de todos los aprendizajes.

Por ende, al favorecer las habilidades comunicativas básicas, partí de la idea de que la expresión oral (hablar y escuchar) atravesaba todo el currículo, como mediador didáctico y medio de representación y expresión de emociones, ideas, estados de ánimo, etc. (TORRES, 1998). Asimismo, tenia claro que el papel de la educación inicial, no es iniciar formalmente la enseñanza de la lecto-escritura, sino propiciar un clima afectivo y cognoscitivo que facilite a los niños este aprendizaje una vez en la escuela (FERREIRO, 1987).

Entonces, con base en ello, fue necesario poner en practica situaciones didácticas que favorecieran los procesos de hablar y escuchar sin dejar de lado que las cuatro habilidades comunicativas básicas conforman en su conjunto el lenguaje, y con la práctica de ellas, favorecería en los niños la enseñanza de las capacidades y habilidades cognoscitivas que son indispensables para aprender, tales como: capacidad de razonamiento, capacidad de autoaprendizaje, pensamiento autónomo, pensamiento critico, solución de problemas, creatividad, etc. Para que de esta manera, los niños fueran capaces de satisfacer sus necesidades básicas de aprendizaje de manera óptima (TORRES, 1998).

1.2 Etapas de desarrollo de cada habilidad y el nivel en el que se encontraba el grupo “2ºB” en cada una de ellas.

A pesar de que las habilidades comunicativas básicas forman parte de un todo que es el lenguaje, cada una de ellas tiene diferentes etapas, etapas que fueron atravesando los niños en el desarrollo de las mismas; por eso, a continuación haré mención de cada una de ellas para tener mayor claridad y poder ubicar la etapa en la que se encontraban los niños y que me dieron pauta para reconocer su zona de desarrollo real y partir de ello al potenciar y fortalecer sus habilidades.

En el desarrollo de la habilidad comunicativa del “Habla” se distinguen 5 etapas que son: 1. Etapa lingüística, 2. Etapa de las palabras aisladas, 3. Etapa de dos palabras, 4. Adquisición de las reglas de la sintaxis y 5. Etapa a partir de los 5 años. (MEECE, 2000):

Después de haber revisado en qué consistía cada etapa y con base en el diagnóstico realizado al grupo de manera inicial, puedo decir que los niños del grupo se encontraban en la etapa de la adquisición de las reglas de la sintaxis ya que su vocabulario tenía una amplia extensión, comenzaban a hacer uso de algunos sustantivos, adjetivos, verbos y tiempos. A pesar de que aún presentaban algunas dificultades, por las características que presentaron puedo decir que se encontraban en esta etapa.

Por ejemplo, en diferentes situaciones planteadas dentro el aula reconocí que ellos eran capaces de dar información sobre sí mismos y sobre sus familias (nombres e integrantes) ya que cuando se les realizaban preguntas sobre quiénes viven en sus casas, ellos eran capaces de responder; también recordaban y explicaban las actividades que se realizaron días anteriores en clase o que ellos en casa de manera particular habían realizado, de esto es fácil darse cuenta ya que en todo momento ellos querían expresar y dar a conocer a sus compañeros y a nosotras como maestras sus vivencias.

Cuando ellos me daban a conocer sus vivencias, pude darme cuenta de que su vocabulario se iba ampliando, ya que noté un avance de las primeras construcciones mentales que hacían al verbalizar sus ideas, a las que realizan hasta el momento; así como también, pude reconocer las dificultades que presentaron al pronunciar determinadas palabras o expresar correctamente los tiempos, sin embargo, la mayoría de ellos logró ponerlo en práctica.

De ahí partió la necesidad de identificar en qué etapa se encontraban los niños para poder implementar actividades que les ayudaran a fortalecer sus habilidades, potenciando sus conocimientos para que lograran ser competentes en los diferentes ámbitos en que participan, sin perder de vista que todo es parte de un proceso y que no debía forzar las capacidades de los niños, si no que debía ayudarlos a lograr un óptimo desarrollo.

También, puedo decir que la iniciación en la cultura escrita es una de las misiones de la Educación Preescolar. Por eso, debemos estimular el deseo de leer y escribir, favorecer la toma de conciencia de la especifidad de lo escrito, organizar los primeros intentos y prepararlos para los aprendizajes posteriores. Se trata de formar en el preescolar, actitudes mentales garantes de una integración armoniosa en el mundo de lo escrito. Ahí, en efecto, se forma o se alienta el deseo de leer y de escribir, así como las representaciones intelectuales eficaces (SÈGOLÈNE, 1999).

Dentro del grupo, se han realizado diferentes actividades en las cuales se motiva a los niños a ser lectores, disfrutando la riqueza del mundo escrito, por ejemplo: al realizar en conjunto con los padres de familia la lectura de un libro dos veces por semana, pude darme cuenta que los niños disfrutaban mucho de este momento y expresaban emoción y disfrute al realizar dicha actividad en compañía de sus padres, motivándolos a querer que se repitiera esta experiencia. Fomentando al mismo tiempo la iniciación en el mundo de lo escrito de manera significativa para ellos, en este caso de la lectura.

Por otra parte, debo mencionar que los niños inician su aprendizaje del sistema de escritura en los más variados contextos, porque la escritura forma parte del paisaje urbano, y la vida urbana solicita continuamente el uso de la lectura; convirtiéndose en importante que los niños sepan que esas marcas son para una actividad específica que es leer, y que resultan de otra actividad también especifica que es el escribir (FERREIRO, 1997).

En todas estas situaciones, el propósito de los adultos no es informar al niño. Pero él recibe información sobre la función social de la escritura a través de su participación. En efecto, el Jardín de Niños debería cumplir la función primordial de permitir a los niños que no tuvieron adultos alfabetizados a su alrededor, o que pertenecen a medios rurales aislados, obtener la información que resulta de la participación en actos sociales donde el leer y el escribir tienen propósitos explícitos; permitiendo a todos los niños la experimentación libre sobre las marcas escritas, en un ambiente rico en escrituras diversas.

Similarmente, decimos que no se debe mantener a los niños asépticamente alejados de la lengua escrita. Pero tampoco se trata de enseñarles el modo de sonorizar las letras, ni de introducir las planas y la repetición a coro en el salón del Jardín de Niños; porque la lengua escrita es mucho más que un conjunto de formas gráficas. Es un modo de existencia de la lengua, es un objeto social, es parte de nuestro patrimonio cultural.

Si bien, tengo claro que la lectura y la escritura no son tareas del nivel preescolar, sin embargo se encuentran inmersas en la totalidad que llamamos lenguaje y como propósito fundamental de la Educación Preescolar tenemos la tarea de iniciar a los niños en este mundo de manera exitosa, porque no podemos hacer un parte aguas de esto ya que el mundo escrito forma parte de la cotidianidad de los niños y en este momento presentan una característica peculiar en la cual, todos quieren saber qué es lo que dice todo aquello que contiene grafías.

Ahora, teniendo mayor claridad de las etapas que debían pasar los niños para el desarrollo de las habilidades comunicativas básicas, consideré importante ubicar en qué etapa se encontraban porque de esta manera pude partir de sus conocimientos previos y atender las necesidades que demandaban como grupo, brindándoles aprendizajes significativos que apoyaran y reforzaran sus habilidades comunicativas básicas.

Con todo lo anterior, dejo claro que cada una de las habilidades comunicativas básicas a pesar de que forman parte de un todo, cada una de ellas conlleva un proceso y que cada uno de los niños debía atravesar las etapas del mismo para que fuera teniendo un óptimo desarrollo de sus habilidades comunicativas. Así como el papel tan importante que tienen éstas en la construcción de los aprendizajes de los niños porque de una manera u otra siempre estuvieron presenten en cada una de las actividades realizadas en el Jardín o simplemente en su vida cotidiana, permitiéndoles ir fortaleciéndolas al ponerlas en práctica en cada uno de los contextos en que se desarrollaron, bien decimos que debemos prepararlos para la vida y no enseñarles simples contenidos (SEP, 1998).

También, hay que reconocer el papel tan importante que jugaron los papás dentro del fortalecimiento de dichas habilidades ya que constantemente propiciaron intercambios con los niños que les permitían poner en juego sus habilidades comunicativas, por ejemplo al preguntarles cómo te fue en la escuela, qué hiciste hoy, o simplemente al platicar con ellos; al leerles un cuento, un anuncio o una etiqueta de algún producto, haciendo más significativo el desarrollo de sus habilidades al ir construyendo sus aprendizajes a través de ello.

Finalmente puedo decir que cada una de las actividades que se realizaron dentro del aula, permitieron que los niños fueran fortaleciendo sus habilidades comunicativas y a pesar de que no todas las actividades fueron exitosas, siempre se trató de rescatar el propósito principal de ellas, formando a niños competentes con ayuda de los padres de familia, de la educadora tutora, del contexto en que se desarrollan y sobre todo con ayuda de los mismos niños.

Ahora queda claro que reconocer la etapa de desarrollo en que se encuentran los niños fue de suma importancia para ubicar su zona de desarrollo real, retomando sus características, necesidades e intereses y de esta manera poder planear situaciones didácticas que potenciaran aprendizajes significativos en ellos, y que al mismo tiempo les permitieran ir construyendo sus propios conocimientos, haciendo uso de las habilidades comunicativas básicas de manera competente.

Pero también sabía que no tengo que dejar de lado todas aquellas tareas que a mi como educadora me competen al tener a un grupo a mi cargo, siendo en gran medida responsable del éxito o fracaso escolar que ellos tengan a lo largo de su trayectoria como estudiantes, y más aún como ciudadanos que forman parte de una sociedad.