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Sentimientos De La Nacion

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Categoría: Historia

Enviado por: Jillian 09 abril 2011

Palabras: 2265 | Páginas: 10

...

que Dios no plantó: omnis plantatis quam nom plantabit Pater meus Celestis Cradicabitur. Mat. Cap. XV:

5º Que la Soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que sólo quiere depositarla en el Supremo Congreso Nacional Americano, compuesto de representantes de las provincias de números.

6º Que los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial estén divididos en los cuerpos compatibles para ejercerlos.

7º Que funcionarán cuatro años los vocales, turnándose, saliendo los más antiguos para que ocupen el lugar los nuevos electos.

8º La dotación de los vocales, será una congrua suficiente y no superflua, y no pasará por ahora de ocho mil pesos.

9º Que los empleos sólo los americanos los obtengan.

10º Que no se admitan extranjeros, si no son artesanos capaces de instruir y libres de toda sospecha.

11º Que los Estados mudan costumbres y, por consiguiente, la Patria no será del todo libre y nuestra mientras no se reforme el Gobierno, abatiendo el tiránico, substituyendo el liberal, e igualmente echando fuera de nuestro suelo al enemigo español, que tanto se ha declarado contra nuestra Patria.

12º Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto.

13º Que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados; y que éstos sólo lo sean en cuanto al uso de su ministerio.

14º Que para dictar una ley se haga junta de sabios en el número posible, para que proceda con más acierto y exonere de algunos cargos que pudieran resultarles.

15º Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud.

16º Que nuestros puertos se franqueen a las naciones extranjeras amigas, pero que éstas no se internen al Reino por más amigas que sean, y sólo habrá puertos señalados para el efecto, prohibiendo el desembarque en todos los demás, señalando el diez por ciento.

17º Que a cada uno se le guarden sus propiedades y respete en su casa como en un asilo sagrado, señalando penas a los infractores.

18º Que en la nueva legislación no se admita la tortura.

19º Que en la misma se establezca por Ley Constitucional la celebración del día 12 de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la Patrona de nuestra Libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos, la devoción mensual.

20º Que las tropas extranjeras o de otro Reino no pisen nuestro suelo, y si fuere en ayuda, no estarán donde la Suprema Junta.

21º Que no hagan expediciones fuera de los límites del Reino, especialmente ultramarinas; pero se autorizan las que no son de esta clase, para propagar la fe a nuestros hermanos de Tierra dentro.

22º Que se quite la infinidad de tributos, pechos e imposiciones que nos agobian, y se señale a cada individuo un cinco por ciento de semillas y demás efectos u otra carga igual, ligera, que no oprima tanto, como la Alcabala, el Estanco, el Tributo y otros; pues con esta ligera contribución, y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo, podrá llevarse el peso de la guerra y honorarios de empleados.

Chilpancingo, 14 de septiembre de 1813.

José María Morelos.

(Rúbrica)

23º Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor Don Miguel Hidalgo y su compañero Don. Ignacio Allende.

*Salvo este último párrafo, que es una de las varias interpolaciones que se le hicieron al documento en el Congreso, el 21 de noviembre de 1813, aquí se transcribe sólo el texto original de Morelos, leído en la sesión inaugural de la Asamblea, el 14 de septiembre de 1813.

Historia:

Los Sentimientos de la Nación es uno de los documento de mayor importancia para la historia constitucional de México. Surge en un momento complejo y difícil de la Guerra de Independencia. Los años de 1812 y 1813 fueron particularmente difíciles para Morelos y los insurgentes, se presentaba entonces un rompimiento entre los miembros de la Junta de Zitácuaro, y las desavenencias se ahondaban entre dos de los más importantes líderes insurgentes del momento, los michoacanos Rayón y Morelos. En 1813 Morelos, además de sostener las acciones de guerra, decide convocar al Congreso de Chilpancingo, es ante este cuerpo legislativo que el 14 de septiembre del mismo año, el caudillo insurgente presenta los Sentimientos de la Nación.

En lo político e ideológico:

Los Sentimientos de la Nación sentaban las bases para el debate legislativo en el Congreso de Chilpancingo. Morelos presenta en el primer punto de su documento, la independencia de América de España y de "toda otra nación"; en los siguientes manifiesta su lealtad ante la religión católica declarándola religión única "sin tolerancia de otra"; ratifica el principio de la soberanía popular; plantea el establecimiento de un régimen de gobierno dividido en tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial; propone los primeros esbozos legislativos en materia de justicia social, moderando la "la opulencia y la indigencia" de tal forma que se "aumente el jornal del pobre"; anula privilegios; proscribe la esclavitud; se protege el derecho a la propiedad; la inviolabilidad del domicilio, se prohíbe la tortura; y se quitan la "infinidad de tributos" como la alcabala, el estanco y el tributo, para regular y simplificar el impuesto del cinco por ciento "de semillas y demás efectos o otra carga igual". En resumen, el documento de los Sentimientos de la Nación contiene los puntos torales característicos de la ideología liberal que dominaba entre la clase burguesa revolucionaria que conducía la lucha por la independencia nacional.

Se han cumplido ya 193 años de la vigencia histórica del Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana sancionado el 22 de octubre de 1814 en la ciudad de Apatzingán. Fecha que ratifica la ideología de los precursores del nacimiento de la nación mexicana, acuñada ya en los 23 puntos de «Los Sentimientos de la Nación» que el héroe don José María Morelos había redactado el 14 de septiembre de 1813, en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero. En medio de la persecución más atroz de parte del Ejército realista y de las intrigas levantadas por Rayón y Rozáis al interior de las fuerzas insurgentes, el Congreso de Anáhuac, se instaló en esta ciudad para decretar la primera Constitución de México.

Fue, según lo relata el historiador don Fernando Benítez, un Congreso que después de tres meses la persecución se refugió sucesivamente en las haciendas de Santa Efigenia, de Póturo, de Tiripitío y de La Zanja, y en los pueblos de Apatzingán y de Ario. Regresó a Uruapan y a Apatzingán para expedir, el 22 de octubre de 1814, el Decreto Constitucional.

Fue un acto lleno de solemnidad. Benítez lo relata así: «Los soldados insurgentes que hasta entonces habían andado casi desnudos, vistieron uniformes de manta. Morelos y el doctor Cos lucieron vistosos trajes. Conforme lo dispuesto en la misma Constitución, terminada la misa de acción de gracias y el Tedeum el presidente del Congreso prestó juramento en manos del decano y lo recibió en seguida de todos los diputados, procediendo luego a la elección del supremo gobierno. Se acordó que el Poder Ejecutivo recayera en un triunvirato formado por los generales José María Morelos, José María Liceaga y el doctor José María Cos.

Este hecho histórico, trascendental para las aspiraciones de los mexicanos originarios, quienes habían vivido bajo la opresión de la corona española, en calidad de esclavos y sujetos a los prejuicios raciales y de discriminación que, incluso, alcanzaban a los españoles nacidos en estas tierras; razón por la cual una parte de ellos se decidió a encabezar la gesta de la Independencia, aprovechando las condiciones de inestabilidad del régimen español. El Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, fue desde el primer momento, un documento de avanzada que incluso, superó en algunos de sus postulados a las Constituciones de los Estados Unidos y la de las Cortes de Cádiz.

Su espíritu permanece incuestionable hasta nuestros días como un encanto perecedero del que nadie quiere o siquiera ha pretendido pensar en cuestionar, por ser cimiente de permanente identidad y vocación democrática del pueblo de México. Y es que en sus principales postulados descansan las ideas de emancipación que prohijaron los hijos de esta patria en el momento más sublime de la lucha independentista. Sus principales hombres habían recibido la ilustración de las obras anti feudales de Juan Jacobo Rousseau, Montesquieu y de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano; además de asimilar las experiencias de los movimientos revolucionarios de los Estados Unidos y Francia. Habría que destacar la extraordinaria presencia de la más grande personalidad de la insurgencia; caudillo de extracción y convicción popular del que se han escrito páginas conmovedoras de su lucha anticolonialista: Don José María Morelos y Pavón. En este dirigente del pueblo en armas, se armonizaron las habilidades militares con una acendrada convicción democrática.

Con él, la lucha antifeudal llega a su más alto nivel, cuando plantea en el Proyecto para la Confiscación de los Intereses de los Europeos y Americanos Adictos al Gobierno Español de 1813, la redistribución de la riqueza y de los medios de producción.

Es de destacar el espíritu libertario que acompañó la vida de aquellos hombres y su inquebrantable fe en la empresa que los acusaba. Así lo demuestra la introducción del Decreto Constitucional que reza de la siguiente manera:

El Supremo Congreso Mexicano, deseoso de llenar las heroicas miras de la nación, elevada nada menos que al sublime objetivo de substraerse para siempre de la dominación extranjera, y sustituir al despotismo de la monarquía española un sistema de administración que, reintegrado a la nación misma en el goce de sus augustos imprescindibles derechos, la conduzca a la gloria de la independencia y afiance sólidamente la prosperidad de los ciudadanos, decreta la siguiente forma de gobierno, sancionando ante todas las cosas los principios tan sencillos como luminosos en que puede solamente cimentarse una Constitución justa y saludable.

Como puede observarse, eran tiempos de definición y, en medio de la permanente acechanza, no hubo dudas acerca del destino que había que trazar cuando el imperativo de la libertad y la independencia era la causa más urgente y necesaria, aun a costa de la vida misma. No hubo tiempo para claudicaciones. Los elementos constitutivos de ese extraordinario documento nos dejan ver lo grandioso del pensamiento de Morelos, Bustamante, José María Cos, Leona Vicario, José María Liceaga, Andrés Quintana Roo y en general de los integrantes del Congreso de Anáhuac.

El concepto de soberanía plasmado en los artículos 2º, 3°, 4°, 5° y 9°, 10° y 11°, deja claros los elementos esenciales de la democracia y de la independencia y el carácter representativo del gobierno en sus tres poderes: Ejecutivo, integrado por un triunvirato; Legislativo, integrado por los diputados electos representantes por voluntad del pueblo, y por un Poder Judicial, encargado de impartir la justicia en el territorio nacional.

El carácter de la soberanía nacional de la Constitución de Apatzingán, queda de manera estricta plasmado en el enunciado imprescriptible e irrenunciable hasta nuestros días, establecido en el artículo 5° cuando se afirma que «la soberanía reside originalmente en el pueblo», siendo éste el único que tiene facultades para alterar, modificar o abolir su forma de gobierno, para la felicidad de la sociedad.