Programa de atención y guía a visitantes y turistas de la Catedral Basílica

BernardusEnsayo28 de Mayo de 2026

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Capítulo 3: Programa de atención y guía a visitantes y turistas de la Catetral Basílica …        

CAPÍTULO  3

Programa de atención y guía a visitantes              y turistas de la Catedral

Basílica Menor Inmaculada Concepción                                        del estado Mérida                                                       Venezuela

Bernardo Moncada-Cárdenas[1] 

  1. Presentación

Surgió el deseo y la necesidad de mostrar la Catedral Basílica Menor de la Inmaculada de Mérida en el año 2017, como el conjunto patrimonial más significativo de la ciudad, advirtiendo un cierto desapego del ciudadano por su urbe y la superficialidad de la valoración del turista común. Nos ha preocupado la pobre formación del guía turístico y el riesgo de continuar sin control la afluencia de visitantes con propósitos distintos a los que son propios de este importante edificio. Este desafío nos llevó a poner en valor y dinamizar el trabajo investigativo realizado sobre la Basílica por varias instancias de la Universidad de Los Andes, permitiendo redescubrir la hermosa edificación que caracteriza el centro urbano, revelando, al estudiar de nuevo su historia y su valía artística, un mensaje de esperanza, laboriosidad constructiva, y sentido de ciudadanía. La Iglesia, institucionalmente representada en la Arquidiócesis, ha exaltado desde tiempos inmemoriales la funcionalidad de este patrimonio artístico:

…si se quiere insertar los bienes culturales en el dinamismo de la evangelización, no podemos limitarnos a conservarlos íntegros y protegidos; es necesario llevar a cabo una promoción orgánica e inteligente, para introducirlos en los circuitos vitales de la acción cultural y pastoral de la Iglesia (Juan Pablo II, citado en Del Río Carrasco, 2006, s.n.).

A continuación, se planteó estructurar el recorrido en grupos por la Catedral Basílica Menor, con exposición verbal de sus múltiples valores estéticos (pictóricos, escultóricos, arquitectónicos), históricos, religiosos, interactuando con guías especialmente formados para ilustrar con propiedad y amenidad al visitante. Localizaciones como la cripta, donde yace como reliquias el cuerpo de un mártir cristiano del siglo II, el coro, u objetos de arte como el Cristo de las Multitudes, los numerosos murales, contemplados con disfrute mientras se conoce al detalle la trascendencia del templo, hacen de esta visita una experiencia inolvidable.

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Gráfico Nº 01. Grupo de visitantes, a la Cátedral Basílica Menor de Mérida.

Fuente: Elaboración propia.

La catedral, un hecho histórico en Mérida, Venezuela, y la Iglesia

El patrimonio arquitectónico de la Cátedral Basílica Menor de Mérida es, además de un valor artístico y cultural tangible, un documento abierto que instala ante el público, permanentemente, el testimonio de un entorno y una época definidos. No solamente estamos ante un templo cuya solemne belleza sus visitantes reconocen, sino ante una historia que sus bellas formas custodian y relatan. La catedral es testimonio tangible de la fe persistente de un pueblo el cual, pasando desastres naturales y guerras, insistió con sus pastores en reedificarla, haciendo de ella una realidad cada vez más bella, imponente en su escala. Estamos además descubriendo la significativa labor de su restauración, a manos de Manuel Mujica Millán, arquitecto y constructor llamado por un arzobispo emprendedor y lúcido que correspondió al empeño de los más insignes pastores que le precedieron: Monseñor Acacio Chacón Guerra.

Mujica emprendió su trabajo como diálogo con la realidad aquí hallada, con la arquitectura de la vieja catedral, así como la encontró, de modo que, aun renovando decididamente la imagen de la edificación y su espacio, ésta mantuviera su carácter y su antigua relación con la tradición y la cultura local. Así la ciudadanía no dejó de identificarse en su principal templo, aunque el arquitecto haya sabido incorporar aportes que enaltecieron considerablemente su valor artístico y patrimonial. En ese sentido logró mostrar cuánto bien puede lograrse al sortear la tentación de destruir lo existente para imponer las propias ideas y proyecciones.

No se trata, demuestra lo realizado por el arquitecto en la catedral, de renunciar a la capacidad e ideales profesionales, sino de ponerlas al servicio en lugar de imponerlas. Como resultado, Mujica Millán, habiendo edificado importantes construcciones en su España natal, y en la capital de Venezuela, se inmortaliza especialmente por el reconocimiento nacional e internacional que alcanza esta obra situada en esta pequeña urbe, encerrada entre montañas.

La historia de Mérida, impregnada de tesonero espíritu serrano y fervorosa devoción, se presenta en esta sede catedralicia como sublime mensaje a la Iglesia y al mundo; así supo comprender San Juan Pablo II, su ejemplar visitante de 1985 cuando, seis años después de conocerla, la consagró Basílica menor.

El destino de un arquitecto: Manuel Mujica-Millán

Es interesante la trayectoria que transfiere a un arquitecto de la calidad de Manuel Mujica Millán a Mérida, vinculando su destino con la ciudad y su gente, y la imagen de Mérida con Manuel Mujica Millán. Su semblanza es indispensable para comprender la Catedral.

Nacido en Álava, ciudad del País Vasco, Manuel Mujica Millán cursó estudios de arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura en Barcelona. Aún fresca la huella de Gaudí y otros protagonistas del Modernisme catalán. Mujica es adoptado como discípulo por Josep María Jujol y por Eusebi Bona i Puig, profesores de la Escuela, quienes habían sido dibujantes y ayudantes del genio de La Sagrada Familia.

Bona le asignó la responsabilidad de proyectar la capilla del Palacio Real de Pedralbes, a construirse para hospedar a Alfonso XIII en su visita de 1927 a la metrópoli catalana. No había recibido aún el grado. En el diseño sobriamente clásico de ese espacio pueden identificarse rasgos precursores de los futuros proyectos religiosos.

En un momento álgido de sus relaciones profesionales con Barcelona, acepta la reconstrucción del Hotel Majestic caraqueño, en 1927. Evidenciándose su capacidad profesional, es encargado en 1930 de modificar el emblemático Panteón Nacional en la capital e inicia una serie de proyectos urbanísticos y arquitectónicos de gran escala. Ya había desarrollado interesantes propuestas de arquitectura religiosa. De éstas podemos destacar su proyecto ganador (no ejecutado) para la catedral de Santa Rosa de Lima en Perú, la exitosa culminación del Santuario de Las Siervas del Santísimo Sacramento en la Parroquia Santa Rosalía de Caracas (continuando y reinterpretando la obra de proyectistas predecesores, Castillo y Chataing (Pérez-Gallego, 2013), quienes dejaron sendos intentos inacabados), y la iglesia de Nuestra Señora del Carmen en Campo Alegre, Chacao Estado Miranda. Esta última adelanta ya algunos de los recursos ornamentales que, a mayor escala y profusión, distinguirían el proyecto emeritense.

Se encontraba Mujica disfrutando de una carrera profesional tan productiva y célebre, como no la había gozado en su vida, cuando recibió la visita de Monseñor Acacio Chacón Guerra, arzobispo de Mérida. Ante la firmeza y elocuencia del prelado, aceptó viajar a conocer la ciudad serrana, comprometiéndose con la reedificación de la Catedral. Abandonó pues su entorno capitalino y encaró con gusto la vida en la recoleta Mérida, donde para satisfacción suya recibió además los proyectos para el nuevo Palacio de Gobierno y la ampliación del Edificio Rectoral de la Universidad de Los Andes.

Como si hubiese nacido predestinado, desde 1945 hasta 1963 Mujica se dedicó a Mérida, sembrando la urbe con viviendas que ostentan característico lenguaje arquitectónico y creando, con su impronta, la imagen coherente de su centro histórico.

Obra de un pueblo

Al asomarnos a la historia de Mérida, nos sorprende el misterioso privilegio que la acompaña desde la fundación misma. Sustancial en este decurso de 459 años ha sido erigir la ciudad como sede episcopal en 1778, equidistante entre Maracaibo y Pamplona, sede que por empeño de su primer prelado quedó vinculada a uno de los proyectos educacionales más importantes de América Latina. Desde aquellos tiempos, la Arquidiócesis de Mérida, tronco ramificado en el Seminario de Buenaventura y la Universidad de Los Andes, se muestra ligada al destino y el devenir histórico de todo un pueblo.

Aventura significativa en este proceso es la obra de edificación y continua reconstrucción de la sede catedralicia, a partir de la pequeña iglesia matriz de San José que encontrara en 1778 el primer obispo; Fray Juan Ramos de Lora. Situada en la esquina este de la Plaza de Armas, ocupaba el lugar ideal para sede de la nueva mitra. Así, Monseñor Fray Juan Ramos de Lora la re-dedicó a la Inmaculada Concepción y lo hizo, por cierto, mucho antes de que la Iglesia proclamase el dogma, lo que acontecería por decreto papal en 1854.

Desde entonces la sede pasó por varias fases. La primera, el ambicioso proyecto del tercer obispo, don Santiago Hernández Milanés, quien obtuvo los diseños de la catedral de Toledo para inspirar una nueva catedral emeritense, viéndose frustrado su proyecto por el gran terremoto de 1812. En plena colocación de las nuevas fundaciones, Monseñor Hernández Milanés falleció sepultado en los escombros del sismo.

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Gráfico Nº 02. Busto de Monseñor Santiago Hernández Milanés en el Palacio Arzobispal de Mérida.  Fuente: Elaboración propia.

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