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Mi historia. Así como terminaban las épocas de siembra, el invierno empezaba con todo su vigor


Enviado por   •  6 de Junio de 2018  •  Apuntes  •  592 Palabras (3 Páginas)  •  43 Visitas

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Así como terminaban las  épocas de siembra, el invierno empezaba con todo su vigor. En toda la gran región andina era el tiempo de la lluvia; pues ella saciará la sed de toda criatura viviente sobre este lado de la sierra; llenará los oasis secos, saturará los ríos de agua y las quebradas rebalsarán su caudal para dar de beber a los animales y hombres que lo frecuentan. El invierno le ganará otra vez la batalla al verano.

Hasta ese entonces había llovido mesuradamente; para que los campesinos puedan preparar sus tierras y luego arronjar las semillas para cubrirlas con la tierra fértil y húmeda que criará la vida y la esperanza de las cosechas. Las laderas y prados se embriagaban de verde infinito y el cielo parecía adivinar su alegría, y se pintaba de azul hermoso; pero luego como un manto blanco la neblina pasaba debajo para anunciar que lloverá. El viento lo entendía y soplaba calmadamente, y luego terminaba enfurecido que repercutía su voz en los peñascos. Era inútil estarse en pie a esa hora: la lluvia ya arreció, el trueno y el frío son  dueños de toda la magnificencia que los custodiaba.

- ¡Ay! Tanto que llueve- Decía Doña María Gabriel mientras atisbaba el fogón.

- Si pue, vaser igual quel año pasao que llovió tanto- Respondía inanimado el viejo Edomelio.

Cosa de tener cuidado era la lluvia esa tarde. Había advertido con un rayo en “El Peñón”, el estruendo fue descomunal; pareciose estremecer los cielos y la tierra, y todos los campos teñidos de verde; hasta los más frondosos eucaliptos gemían y parecían clamar piedad en la enorme cápsula de neblina y aguacero.

- ¡Corran! ¡Corran! ¡Quel rayo lo agarrao a la Etelvina pastiando su rejo por la pampa..!- Se escuchaba el chillido de una mujer entre la tormenta- ¡Avísenlo al Meshe que venga!- Insistía con asombrosa energía y desesperación.

- Anda mira cholo,  ¿quién estará gritando? ¡Corre..!- Le decía Doña María al Edomelio que ya estaba acomodado en un banquito al lado del fogón.

- Ha de ser la Santos que siempre le gusta gritar por cualquier cosa- le respondía el viejo apenas.

Y otra vez el grito asomaba a la cocina con más vehemencia aún.

- ¡Corre Guillermo! ¡Avísalo al Meshito que venga a velo a esta pobre!

- Anda oye, pero mira lo que eres, de ajuera del corredor escúchalo; parece la Filomena. Esa laya de cristiano que eres.

Pero ya estaba el Edomelio afuera con el ponchito abano y las pesadas botas de plástico.

- ¡¿Qué pasa mujer!?- Gritó con fuerza el anciano- ¿¡Qué tienes!?

El aguaceral acrecentaba su fuerza y no dejaba oír con precisión las voces. El frío entorpecía los músculos y hacía crujir los dientes con insistencia. La neblina se atropellaba por todo los rincones de La Soledad. La voz se oyó otra vez entre el bullicio de las gotas crispadas y el arroyo que en frente del corredor se recogía.

- ¡Ven Meshito, apúrate que esa pobre parece vivita toavía!-

- Si pue china, parece ques la Filomena y dice quel rayo a matao- Decía el  Edomelio  mientras caminaba hacia el corredor de la sala para empuñar su saco de corte que su mujer le hizo hace unos días.- me voy a ver que habrá pasao, ya vuelvo- Le avisó a Doña María, y ella le vio irse y quiso decirle algo desde la cocina, pero llovía demasiado y él no lo escucharía.

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