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Resumen El Socio

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Enviado por   •  28 de Mayo de 2013  •  1.730 Palabras (7 Páginas)  •  126 Visitas

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Resumen libro el socio.

Personajes:

El socio

Personajes:

Julián Pardo: Corredor de propiedades.

Nito: hijo de Julián.

Goldenberg: amigo de Julián en su infancia, actualmente exitoso hombre de negocios.

Luis Albear: Amigo Mujeriego de Julián y amante de Graciela.

Anita: Esposa de Goldenberg, joven, hermosa ,simpática.

Ramiro: Esposo de Graciela, banquero.

Graciela: Esposa de Ramiro y amante de Luis Albear.

Gutiérrez: Corredor de Bolsa.

Fortunato Bastias: Comerciante, socio de Goldenberg.

Urioste : Corredor de bolsa de Goldenberg.

Serafín: Guía en los Andes.

Carranza: militar.

Resumen.

En la esquina, un grupo de gente se arremolinaba entorno a un coche de alquiler. Julián se acercó también. Miraban un caballo. Ahí estaba el pobre animal con las patas rígidas, ojos turbios, el cuello como una tabla y los dientes apretados parecía que sonreía. ¡Oh! Esa sonrisa del caballo parecía decirle: – hermano pardo, no me mires con esos ojos tristes, no creas que me río de tu suerte, sufrir me enseño a ser benévolo. Julián miro a su alrededor. En el compacto círculo de curiosos se destacaba una mujer casi niña. Los ojos de una fingida ingenuidad subrayaban una sonrisa de gioconda.

–Oie, Pardito, ¿tienes plata?. –Si; un peso….para comprarme unos cuadernos. -no importa; yo mañana te lo traigo, m lo consigo con mi hermano que es muy tonto. ¡Oh! Desde el punto de vista de la audacia, Goldenberg no había cambiado en lo más mínimo, seguía siendo el mismo de antes, con = gesto de seguridad del chiquillo rubio y regordete de la 3ª preparatoria. Entonces Goldenberg invito a julian a cenar, y hablaron de negocios, hablaron sobre un negocio aurífero, el cual iban a tener con don Fortunato Bastias, se constituye la sociedad aurífera el tesoro; -le explicaba Goldenberg- los accionistas caen como moscas y nos compran nuestros derechos en 40000 libras (₤). Julian dijo: imposible!!...tengo que consultarlo con mi socio- Goldenberg se largo a reír, y dijo que el cuento ese del socio era un mito.

Después de hablar con Goldenberg, julian, rendido del cansancio, se detuvo en la puerta de del correo. No quería llegar así a su casa. La gente entraba y salía precipitadamente. Ni un negocio ficticio le serviría para excusarse de aceptar un negocio inadmisible.

De pronto: – sinvergüenza, mirando a las mujeres – – ¿yo? – Dijo julian – lucho! – – si julian, el propio lucho – – sabes quien me hablo de ti? La esposa de goldenberg, la señora Anita Velasco, me dijo que t había visto ayer mirando un caballo muerto, y te hecho una talla y te enojaste –

Después terminaron la conversación.

Hacia un rato que Goldenberg, tapizado en una absurda bata china, trabajaba en su escritorio, cuando en altos empezó a sonar un timbre eléctrico. Se tranquilizó al oír pasos de la vieja empleada que subía pesadamente la escalera. Anita no dejaba cantar a la pastoriza, así que le dijo a la empleada que le dijera a la pastoriza que no cantara. Después la dejó cantar. Allá en su escritorio, Goldenberg estaba imponiéndose a la correspondencia. Al leer la carta de julian pardo, “muy señor mío: He consultado con mi socio…...” goldenberg no pudo remitir un gesto de disgusto. El socio no aceptaba en modo alguno que Pardo entrara en la negociación y hasta se permitía hacer reparos al negocio mismo. “Mi socio se permite hacer presente a ud que el río tiene 2 márgenes y que a 50 metros de distancia el riberano opuesto también podría ofrecer arena aurífera”. Esa carta podría destruir el negocio de Goldenberg, Bastias tendría 50 acciones menos.

Nada más natural para un hombre serio era, como debe serlo un corredor de propiedades, que despertar en su casa y en su cama. Sin embargo, esa mañana al despertar en la suya. Julian abrió los ojos con espanto ¡Q’ horribles nauseas! Con razón le dolía tanto la cabeza. Se acordaba vagamente de que, abrazado a uno de los almohadones del sofá, mientras una vieja flaca le amarraba una toalla a la cabeza, el pensaba y decía bajito: - estoi borracho- En ese momento, entraba su mujer a su pieza: Julian le habló: – ¿no me das lo buenos días? – – Creí que estabas durmiendo – – amorradazo solamente, anoche llegue muy tarde – – ¿sii? No manifestaba ni disgusto ni extrañeza. La última vez que julian vio el reloj eran la 3:00 AM. En el bar, don fortunato y julian estaban hablando de negocios, y don fortunato le pregunto el nombre del socio, y julian no hallaba que inventar, ý vio un nombre en una servilleta,

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