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San Agustin


Enviado por   •  18 de Octubre de 2011  •  2.856 Palabras (12 Páginas)  •  501 Visitas

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el libro "¿Que es el hombre?" de Martin Buber es dividido en dos partes. De Aristóteles a Kant, III. Hegel y Marx e iv. Feuerbach y Nietzche. La doctrina de Heidegger, III. La dotrina de Scheler y IV.

Martin Buber inicia su obra citando el jasidismo para mostrar que hace mucho tiempo que se escribe sobre el hombre.

Buber, recuerda que: "Un filósofo de nuestros dias, Martin Heidegger, que se ha ocupado ( en su Kant und das Problem der Metaphysik, 1929), de esta extraña contradicción, la explica por el caracter indeterminado de la cuestión o pregunta ¿qué sea el hombre?. Para Buber, "Kant no ha respondido ni siquiera ha intentado responder a la pregunta que direccionó a la antropología: ¿Qué es el hombre? Desarrolló en sus lecciones una antropología de los siglos XVII y XVIII, tan poco crítica".

El autor cree también ser problemático "saber si una disciplina semejante servirá para suministrar un fundamento a la filosofía o como Heidegger, a la metafísica". Lo que pretende es, sencillamente, conocer al hombre". Y para Buber la genuina antropología filosófica pretende conocer el hombre en su totalidad, "la totalidad humana".

En el capítulo "De Aristóteles a Kant", Martin Buber distingue para sus lectores dos momentos en la historia del espírito humano. el hombre vive en el mundo como en su casa, en las otras el mundo es la intemperie".

Bernhard Groethuysen (Philisophische Anthropologie,1931), dice com razón, apróposito de Aristóteles, que, com él, el hombre deja de ser problemático, no es para sí mismo más que "un caso", y que cobra consciencia de sí mismo solo como "él" y no como "yo". El hombre es comprendido desde el mundo, pero el mundo no es comprendido desde el hombre. También el mundo de las ideas de Platón es un mundo de los ojos, un mundo de figuras contempladas. Pero es com Aristóteles com quien esa imagen óptica del universo llega a su clara decantación insuperable, como un mundo de cosas, y el hombre es también una cosa entre las del mundo, una especie, objetivamente captable, entre otras muchas, y no ya un forastero, como el hombre de Platón, pues goza de aposento propio en la gran mansión del mundo. Ya el hombre no es una cosa entre las demás, ni puede poseer un lugar en el mundo. Al hombre, ese hombre que él califica de grande profundum, de gran misterio. El hombre aristotélico se sorprende y maravilla también del hombre, entre otras muchas cosas, pero nada más que como una parte del mundo, que es maravilloso y sorprende en general. En torno a este esquema se construye la imagen medieval del mundo. Dante pobló de vida el interior de ese mundo, pintando las vidas de hombres y de espíritus, pero sus perfiles conceptuales fueron trazados por Tomás de Aquino.

El autor recuerda todabia que: "Y en la baja edad Media surge un nuevo tomar en serio al hombre como hombre. Ya hemos visto que la pregunta rigorosamente antropológica que alude al hombre en su problemática genuina se deja oír en épocas en que parece como si se rescindiera el pacto primero entre el mundo y el hombre y este se encuentra en ese mundo como un extranjero y un solitario. La imagen cosmológica del mundo de Aristóteles se quiebra desde dentro, porque el alma experimenta com hondura el problema del mal y siente en torno a ella un mundo escendido; la imagen teológica del mundo de Santo Tomás se quiebra desde fuera, porque el mundo se da a conocer como ilimitado. El intento mayor de dominar la nueva situación del hombre poscopernicano, tal como nos la trasmite Pascal, se debe a un hombre destinado también a una muerte temprana, y que entró en escena poco después de la muerte de Pascal. Kat ha sido el primero en comprender la cuestión antropológica en una forma crítica que ofrecía una respuesta a lo que a Pascal importaba de veras, una respuesta que no iba direccionada metafisicamente al ser del hombre sino, gnoseológicamente, a su relación com el mundo y que, sin embargo, captó los problemas fundamentales. Tu pregunta ¿Qué es el hombre? Es, por tanto, un problema auténtico para el que tienes que buscar la solución".

En "Hegel y Marx", Buber inicia afirmando que la proposição antropológica, en el pensamiento de Hegel, sufre um desvio radical.

El autor prosigue analisando Hegel aun en su juventud, cuando él acoge el delineamiento antropológico de Kant. Hegel no habla en este caso, cosa notable, de un concepto general del hombre sino de "cada hombre", por lo tanto, de la persona real, de la que tiene que arrancar en serio una antropología filosófica genuina. El Hegel sistemático ya no arranca como el jovem Hegel del hombre mismo, sino de la razón del mundo; para él, el hombre no es más que el principio en que la razón del mundo llega a su autoconsciencia plena y, com ello, a su consumación; todas las contradicciones que se dan en la vida y en la historia de los hombres no conducen a la problemática antropológica sino que se explican por una mera "astucia" de que se vale la idea para llegar a su próprio colmo mediante la superación de la contradicción.

La cuestión fundamental Kantiana "¿Qué es el hombre? es respondida en forma definitiva, según se pretende, pero, en verdad, há sido opacada como tal cuestión y hasta cancelada.

Hegel trata de dotar al hombre com una nueva seguridad, trata de edificarle una nueva mansión cósmica. La imagen hegeliana del mundo actúa com una fuerza irresistible sobre una época en todos los dominios del espíritu, pero la rebelión surge casi de inmediato y, com ella, se renueva la exigencia de una perspectiva antropológica. En el mundo de Aristóteles, el hombre real de la Antiguidad se sintió hospedado, y lo mismo le ocurrió al cristiano real com el mundo de Santo Tomás; el mundo de Hegel jamás ha sido el mundo real del hombre moderno real. Lo que Marx pretende ofrecer a los hombres de su tiempo no es una imagen del mundo sino una imagen de la sociedad, mejor dicho: la imagen del camino a través del cual podrá llegar la sociedad humana a su perfeccionamiento. En lugar de la idea o de la razón del mundo hegeliana, tenemos las humanas "relaciones de producción", de cuya transformación resulta la transformación de la sociedad. El mundo del hombre es la sociedad. El pensamiento no posee el poder de estructurar la vida real del hombre, pero la vida misma sí posee este poder, y el espíritu lo posee cuando reconoce el poder de la vida o vincula su propio poder, que por su índole y acción es diferente, al poder de la vida. Tiene razón porque, en efecto, es la vida social, como toda vida, la que engendra las fuerzas que podrían renovarla. Ya se acabó el sosiego, ya asomó

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