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Asignatura: Literatura Argentina I


Enviado por   •  27 de Agosto de 2018  •  Trabajos  •  2.122 Palabras (9 Páginas)  •  39 Visitas

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INSTITUTO DE FORMACIÓN DOCENTE

Profesorado de educación secundaria en lengua y literatura

Asignatura: Literatura Argentina I

Profesor/a: Boldini, María Gabriela

Alumna: Manfredi, Eugenia María

Curso: Tercer año – Lengua y Literatura

Año lectivo: 2018


El proceso de colonización del Rio de la Plata se sitúa desde el siglo XVI hasta principios del siglo XIX. Dicho período tiene tres momentos registrados: la conquista, colonización y el declive del mundo colonial. En el marco de la conquista, primer período: siglo XVI, será donde nos ubicaremos para este análisis mediante las crónicas rioplatenses: La Argentina Manuscrita, de Ruy Díaz de Guzmán y La Argentina, de Martín del Barco Centenera.

La conquista del territorio surge cuando los colonizadores se propagaron hacia el sur, luego del primer virreinato en México y del segundo virreinato en Perú, llegando a esta región dos corrientes migratorias: del norte (corriente colonizadora del alto Perú) y del este (corriente migratoria rioplatense) – los cronistas responden a esta última corriente-. El Río de la Plata está ubicado a la periferia de América latina por lo cual su exploración fue tardía. Sumado a ello el poco atractivo que generaba, pues en aquel espacio eran escasos los metales preciosos (oro y plata) por ende no contenía valor económico, tampoco contaba con pueblos desarrollados si no que lo habitaban pueblos nativos nómades, que presentaron mucha resistencia frente al blanco. Lo único que obtuvieron los españoles fue fracaso, desencanto y terribles hambrunas (hasta el punto de llegar al canibalismo).

Es en ese contexto donde se desarrollan las obras de Ruy Díaz de Guzmán y de Martín del Barco Centenera. Ambas obras son crónicas de conquista donde el enunciador narra en primera persona y se configura como protagonista o testigo, enunciando desde un determinado posicionamiento político e ideológico, distanciado abismalmente del objeto que presentan, dejando en claro la frontera divisoria entre una raza y otra. Relatan acontecimientos históricos incorporando elementos del discurso periodístico, histórico y literario (epopeyas, relatos de viaje) con el fin de informar a su público europeo la alarmante situación allí vivida. Leer dichos acontecimientos “reales” genera un pacto de lectura que garantiza la veracidad aunque se pone en juego la ficción y la realidad, ya que hay ciertos elementos que desestabilizan el ámbito de la crónica. La finalidad de estas obras es netamente periodística, religiosa, comercial y política (la finalidad del manuscrito de Ruy Díaz es productivista, mientras que la finalidad de Centenera es bien estética para su futura comercialización). Las temáticas giran en torno a la descripción de la naturaleza humana, representación de la alteridad, reflexión acerca de la otredad cultural y el binomio civilización y barbarie, conflicto entre conquistadores, etc.

Dentro de las temáticas de las crónicas, el eje seleccionado para analizar, en ambas obras, es la representación del indio y los conflictos de interculturalidad entre nativos y españoles que desarrollaremos a continuación:

La Argentina Manuscrita se escribe en 1612 y se publica, tiempo después, hacia el 1835. Los acontecimientos que narra van desde la expedición de Pedro de Mendoza en 1535 hasta la Conquista de Santa fe en 1573. Su enunciador, Ruy Díaz de Guzmán, nació en Asunción, en el centro de una colonia rodeada de salvajes. Él era mestizo, hijo de un español (Alonso Riquelme de Guzmán) y una mestiza (Úrsula de Irala hija del gobernador Domingo Martinez de Irala). Su abuela era india y su abuelo español (Rui Díaz de Guzman), dicho vínculo fue producto de una condena dada a su abuelo; el mestizaje generaba mucho malestar y era totalmente estigmatizado. Si bien Ruy Díaz cuenta con este doble linaje, él se sitúa en la perspectiva del español civilizado apartándose de su matiz indígena y condenándola.

En el texto menciona que su profesión era ser militar  pero que decidió moverse de ella y encaminar su anal en memoria y reconocimiento de los miles de españoles que han muerto, en extremas condiciones, en el descubrimiento del Río de la Plata; sintiendo la obligación por su patria – España- de dejar asentado aquellos acontecimientos. Menciona, a demás, que construye su manuscrito apelando al testimonio familiar, a su propia experiencia y a la tradición oral. Ruy Díaz deja evidenciado desde qué comunidad se configura,  y también la situación de subalterno y de sometimiento, como objeto del español, que constituía al indio. Representándolo como un sujeto inferior e ignorante, como lo muestra las siguientes citas: “(…) suplico que se digne a recibir y aceptar este pobre servicio, como fruta primera de tierra tan inculta y estéril, y falta de educación y disciplina (…)”[1], “(…) al fin es materia que toca a nuestros españoles, que con valor y suerte emprendieron aquel descubrimiento, población y conquista, en la que sucedieron algunas cosas dignas de memoria, aunque en tierra miserable y pobre; y basta haber sido Nuestro Señor servido de extender tan largamente en aquella provincia la predicación evangélica, con gran fruto y conversión de sus naturales, que es el principal intento de los Católicos Reyes nuestros señores”[2].

        Integrado al relato descriptivo vemos anclados dos episodios novelescos: La cautiva: Lucía Miranda y La Maldonada, que amplían dicha representación de la alteridad. Aunque, cabe destacar que en el episodio de La Maldonada, Ruy Diaz realiza una autocritica a esa expedición española.

El capítulo VII, el episodio de Lucía Miranda: la cautiva blanca, parte del vínculo pacífico que tenían los españoles con los indios, debido a las diversas necesidades de los primeros de no abastecerse de alimentos siquiera y por ende necesitarlos de aliados para la supervivencia. Dentro del episodio, en el grupo colono se encontraba Lucia esposa de un oficial español, Sebastián Hurtado. Lucía trata con demasiada amabilidad a uno de los caciques de la tribu, Mangoré, y él lo mal interpreta enamorándose de ella, llegando a hacerse incontenibles los deseos de obtenerla como esposa. Razón por lo cual Mangoré persuade a su hermano cacique, Siripo, de revelarse contra los blancos, y atacarlos ya que eran una amenaza. Finalmente Mangoré muere en el enfrentamiento y Siripo rapta a Lucía, la esclaviza y luego se enamora de ella queriéndola tener como esposa. Inmediatamente Sebastian va en busca de su esposa. Al llegar a la comunidad, Siripo quiere liquidarlo y Lucía le ruega que no lo mate. Siripo pone ciertas condiciones –que no tengan ningún tipo de trato- para perdonarle la vida y para que continúe en su comunidad, pero los enamorados las trasgreden y el bárbaro los condena con su dolorosa muerte.

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