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Jaime Uribe Espitia


Enviado por   •  9 de Julio de 2018  •  Documentos de Investigación  •  3.656 Palabras (15 Páginas)  •  29 Visitas

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Todo el camino a su casa se resume en un silencio mortífero. Ninguno de los dos suelta una sola palabra, al principio Matt trataba de formar conversación, pero yo no tenía ganas de hablar y no respondía. Me siento rara, no soy capaz de mirar a los ojos al chico que tengo al lado sin que la imagen de ellos besándose vuelva a mi mente y me molesta, no debería hacerlo, es cierto, solo somos dos compañeros de clase que tienen que juntarse por un estúpido trabajo, nada más.

— ¿Te sientes bien? — Su voz interrumpe mi charla interna, asiento sin pronunciar una sola palabra — ¿Te hicieron algo? — Niego sin quitar mi mirada del camino, el cielo está oscuro, de seguro va a llover — ¿Entonces por qué no quieres hablar? — buena pregunta, lástima que no tenga la respuesta. Me encojo de hombros.

Sigo en silencio, él suelta un gruñido y acelera el paso, me cuesta seguirlo, estoy casi trotando, ya me estoy cansando, esto me pasa por no hacer ejercicio, pero no quiero mentirles, prefiero quedarme a leer en mi casa que salir temprano a trotar, aun no entiendo cómo es que no estoy como una morsa.

— Ya llegamos — dice cortante, está molesto, mierda, creo que la cagué comportándome mal.

Entramos al antejardín de una gran casa, es bastante lujosa, o eso parece, el antejardín está bien cuidado, la casa es de color blanco con beige, es muy hermosa y grande a diferencia de la mía. Llegamos a la puerta, hasta la madera se ve fina, Matt la abre y se hace a un lado para que yo pase primero, me muerdo el labio inferior al entrar, todo lo de afuera queda pequeño con lo que hay dentro, sin duda es casa de ricos.

— Podemos trabajar en mi habitación o en el estudio — dice mirándome ya a los ojos, pasó saliva, estoy nerviosa — ¿Dónde te gustaría? — pregunta.

— No sé — respondo más fría que Elsa en invierno — Es tu casa, no la mía — me muerdo el labio inferior, a este paso voy a terminar sangrando.

— Entonces en mi habitación, sígueme — dice esbozando una sonrisa, no se la devuelvo, solo lo sigo.

Subimos al segundo piso, hay cinco puertas, hay una que sobresale de todas, tiene afiches pegados de no pasar, esa es la que él abre, como todo un caballero deja que entre yo primero, me ahorraré los detalles, solo diré que está ordenada.

— Bueno, pues empecemos — dice tirándose a la cama, por otro lado yo prefiero quedarme de pie, estoy incomoda — ¿De qué haremos la obra? — pregunta.

— Estaba pensando en Romeo y…— no logro terminar porque me interrumpe.

— Eso no, ya está muy quemado, hagamos algo nuevo, innovador, no lo que siempre presentan, además esa historia es absurda.

— Mínimo ni la has leído — murmuro.

— No imaginas las veces que he tenido que leerla — dice palpando el espacio a su lado — Siéntate, no muerdo.

Hago caso y me siento a su lado.

— Oye dime que pasa contigo, no has hablado mucho, me estresa — me quedo mirando al piso — ¿Es por la chica que besé cierto? — mi cuerpo se tensa al escuchar eso.

— Claro que no, eso sería estúpido — mis manos empiezan a sudar y siento como mi corazón está por salir de mi pecho.

Su mano agarra mi mentón y lo sube, lo miro a los ojos, su cuerpo está demasiado cerca para mi gusto, puedo notar como mira mis labios y sonríe, se acerca a mi oído exhalando aire, me estremezco y el ríe.

— No sabes cómo me gusta que te estremezcas por mí — murmura en mi oído, soy yo o está haciendo calor aquí — Para que sepas, me gustan más tus labios que los de esa chica.

No aguanto más.

Me separo de él poniéndome de pie, estás sonriendo, mierda ¿para que vine?, eso me pasa por estúpida, debí decirle que hiciéramos el trabajo en el estudio, no aquí.

— Creo que debería irme  — digo cogiendo mis cosas y caminando a paso apurado hacía la puerta, pero ya es tarde, su mano me detiene volteándome hacía él.

— No te vayas, lo lamento, no debí decir eso, solo hagamos el trabajo ¿sí?

Dile que sí maldita sea, tú quieres estúpida.

Maldita consciencia.

Asiento con la cabeza sentándome esta vez mucho más lejos que él, no debo tentar al diablo, eso siempre decía mi abuela que hoy descansa en cielo, la carne es débil y más si se trata de un chico.

— ¿Qué te parece si nos basamos en una película? — pregunto mirando más a fondo en internet topándome con Me before you llamando mi atención — Podría ser Me before you — termino de decir, él levanta una ceja mirándome divertido.

— ¿Quieres que haga de parapléjico? — Pregunta sonriendo — Porque por mí no hay problema, eres tú la que se tiene que sentar en mis piernas — río ante su comentario.

— ¿A todo le tienes que poner el lado morboso? — pregunto sacando una hoja para empezar a hacer el guion.

— Yo no le veo el lado morboso, estaba diciendo que para mí no sería problema tenerte sobre mi regazo, antes lo disfrutaría.

Dios, ten piedad de mí, recuerda que soy débil.

— No te ilusiones, en el guion no hay ninguna parte en la que tenga que hacer eso — digo esbozando una sonrisa triunfante.

— Lo importante es que voy a poder besarte nuevamente — escucho su murmullo, sonrío para mis adentros, me hago la desentendida.

— ¿Qué dijiste? — pregunto mirándolo a los ojos, si caer en el pecado es sentir cosas por este chico para nada románticas sino de otra tipo, entonces soy una pecadora, Padre espero tengas estés lista el agua bendita, necesito confesarme.

— Nada que no hayas oído antes — dice — Te ves hermosa sonrojada — mis mejillas arden, en realidad, no son las únicas que arden, si saben a qué me refiero.

— Deja de decir esas cosas.

— ¿Decir qué? — Se hace el loco — No le veo nada de malo el hacerte saber lo hermosa que eres, estaría mintiendo si digo lo contrario.

Bajo mi cabeza riendo, no quiero que vea mis mejillas rojas, aún es muy rápido como para que me diga cosas lindas.

— Deja de hacer eso — digo sin mirarlo, me entretengo en mis dedos.

— ¿Hacer qué? — pregunta.

— Halagarme, por más lindo que suenen tus palabras no las correspondo — ahora sí lo miro fijamente, no quita esa estúpida sonrisa de sus labios — Matt, solo somos compañeros de clase, nada más, ni amigos somos para que ya andes halagándome.

Deja de sonreír, más sin embargo no está serio, se nota que se está divirtiendo con esta situación. Se acerca a mí lo suficiente para sentir su respiración contra mis labios, instintivamente mi mirada baja a sus labios, esos labios carnosos y por un momento tengo ganas de lanzarme a besarlo, no, debo detenerme antes de hacer algo indebido.

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