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HISTORIA DE UNA NEUROSIS INFANTIL (CASO DEL «HOMBRE DE LOS LOBOS»)


Enviado por   •  28 de Agosto de 2013  •  38.323 Palabras (154 Páginas)  •  522 Visitas

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SIGMUND FREUD

HISTORIA DE UNA NEUROSIS INFANTIL (CASO DEL «HOMBRE DE LOS LOBOS»)

1914 [1918]

I. Observaciones preliminares.

El caso clínico que nos disponemos exponer -aunque de nuevo tan sólo fragmentariamente- se caracteriza por toda una serie de particularidades que habremos de examinar previamente. Trátase de un hombre joven que enfermó a los dieciocho años, inmediatamente después de una infección blenorrágica, y que al ser sometido, varios años después, al tratamiento psicoanalítico se mostraba totalmente incapacitado. Durante los diez años anteriores a su enfermedad, su vida había sido aproximadamente normal y había llevado a cabo sus estudios de segunda enseñanza sin grandes trastornos. Pero su infancia había sido dominada por una grave perturbación neurótica que se inició en él, poco antes de cumplir los cuatro años, como una histeria de angustia (zoofobia), se transformó luego en una neurosis obsesiva de contenido religioso y alcanzó con sus ramificaciones hasta los diez años del sujeto. En el presente ensayo nos ocuparemos tan sólo de esta neurosis infantil. A pesar de haber sido expresamente autorizados por el paciente, hemos rehusado publicar el historial completo de su enfermedad, su tratamiento y su curación, considerándolo técnicamente irrealizable e inadmisible desde el punto de vista social.

Con ello desaparece también toda posibilidad de mostrar la conexión de su enfermedad infantil con su posterior dolencia definitiva, sobre la cual podemos sólo indicar que el sujeto pasó a causa de ella años enteros en sanatorios alemanes, en los cuales se calificó su estado de «locura maniaco-depresiva». Este diagnóstico hubiera sido exacto aplicado al padre del paciente, cuya vida, intensamente activa, hubo de ser perturbada por repetidos accesos de grave depresión. Pero en el hijo no me fue posible observar, en varios años de tratamiento, cambio alguno de estado de ánimo que por su intensidad o las condiciones de su aparición pudiera justificarlo. A mi juicio, este caso, como muchos otros diversamente diagnosticados por la Psiquiatría clínica, debe ser considerado como un estado consecutivo de una neurosis obsesiva llegada espontáneamente a una curación incompleta. Mi exposición se referirá, pues, tan sólo a una neurosis infantil analizada no durante su curso, sino quince años después, circunstancia que tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El análisis llevado a cabo en el sujeto neurótico infantil parecerá, desde luego, más digno de confianza, pero no puede ser muy rico en contenido. Hemos de prestar al niño demasiadas palabras y demasiados pensamientos, a pesar de lo cual no lograremos quizá que la conciencia penetre hasta los estratos psíquicos más profundos. El análisis de una enfermedad infantil por medio del recuerdo que de ella conserva el sujeto adulto y maduro ya intelectualmente no presenta tales limitaciones, pero habremos de tener en cuenta la deformación y la rectificación que el propio pasado experimenta al ser contemplado desde años posteriores. El primer caso proporciona quizá resultados más convenientes, pero el segundo es mucho más instructivo.

De todos modos, podemos afirmar que los análisis de neurosis infantiles integran un alto interés teórico. Contribuyen a la exacta comprensión de las neurosis de los adultos, tanto como los sueños infantiles a la interpretación de los sueños ulteriores. Mas no porque sean más transparentes ni más pobres en elementos. La dificultad de infundirse en la vida anímica infantil hace que supongan una ardua tarea para el médico. Pero la falta de las estratificaciones posteriores permite que lo esencial de la neurosis se transparente sin dificultad. La resistencia contra los resultados del psicoanálisis ha tomado actualmente una nueva forma. Hasta ahora nuestros adversarios se contentaban con negar la realidad de los hechos afirmados por el análisis, claro está que sin tomarse el trabajo de comprobarla. Este procedimiento parece ahora irse agotando lentamente. Y es sustituido por el de reconocer los hechos, pero interpretándolos de manera que supriman las conclusiones que de ellos se deducen, eludiendo así una vez más las novedades contra las cuales se alza la resistencia. Pero el estudio de las neurosis infantiles prueba la inanidad de semejantes tentativas de interpretación tendenciosa. Muestra la participación predominante de las fuerzas instintivas libidinosas, tan discutidas, en la estructuración de la neurosis y revela la ausencia de las remotas tendencias culturales, de las que nada sabe aún el niño y que, por tanto, nada pueden significar para él.

Otro rasgo que recomienda a nuestra atención el análisis que aquí vamos a exponer se relaciona con la gravedad de la dolencia y la duración de su tratamiento. Los análisis que consiguen en breve plazo un desenlace favorable pueden ser muy halagüeños para el amor propio del terapeuta y demostrar a las claras la importancia terapéutica del psicoanálisis; pero, en cambio, no favorecen de ninguna manera el progreso de nuestros conocimientos científicos, pues nada nuevo nos enseñan. Nos han llevado tan rápidamente a un resultado favorable porque ya sabíamos de antemano lo que era necesario hacer para alcanzarlo. Sólo aquellos análisis que nos oponen dificultades especiales y cuya realización nos lleva mucho tiempo pueden enseñarnos algo nuevo. Unicamente en estos casos conseguimos descender a los estratos más profundos y primitivos de la evolución anímica y extraer de ellos la solución de los problemas que plantean las estructuras ulteriores. Nos decimos entonces que sólo aquellos análisis que tan profundamente penetran merecen en rigor el nombre de tales. Claro está que su único caso no nos instruye sobre todo lo que quisiéramos saber. O mejor dicho, podría instruirnos sobre todo ello si nos fuera posible aprehenderlo todo, sin que la limitación de nuestra propia percepción nos obligara a contentarnos con poco.

El presente caso no dejó nada que desear en cuanto a tales dificultades fructíferas. Los primeros años de tratamiento apenas consiguieron modificación alguna. Una afortunada constelación permitió, sin embargo, que todas las circunstancias externas hicieran posible la continuación de la tentativa terapéutica. En circunstancias menos favorables hubiera sido necesario suspender el tratamiento al cabo de algún tiempo. En cuanto a la actitud del médico, puedo sólo decir que en tales casos debe mantenerse tan ajeno al tiempo como lo es lo inconsciente y saber renunciar a todo efecto terapéutico inmediato

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