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LA LEY GENERAL DE LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA.


Enviado por   •  11 de Septiembre de 2011  •  1.005 Palabras (5 Páginas)  •  1.209 Visitas

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XXIII. LA LEY GENERAL DE LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA.

Este capítulo es de importancia decisiva. En él se investiga “la influencia del acrecentamiento del capital sobre la suerte de la clase obrera”, y se afirma que el factor más importante en esto es la “composición del capital” y sus cambios. Esta composición puede concebirse como una relación “técnica” –la composición técnica–, o como una relación de valor – composición en valor–, pero Marx utiliza un tercer concepto para referirse a la “correlación” que hay entre ambas, de forma que denomina a la segunda, “en tanto se determina” por la primera y refleja sus variaciones, “composición orgánica del capital”, que es de la que se tratará aquí salvo advertencia expresa.

Ya hemos visto que la acumulación de capital es crecimiento del capital en un polo, pero es “aumento del proletariado” en el otro polo. Los clásicos erraban al suponer que todo el nuevo capital era capital variable, pero tenían clara la importancia del trabajo para “la riqueza de las naciones”, así como la naturaleza “polar” de la relación capitalista; y discutían, a partir de ahí, cuál era su mejor situación, desde su punto de vista. Si Bellers decía que “el trabajo de los pobres es la mina de los ricos”; Mandeville ocasión– de “animación media, producción a toda marcha, crisis y estancamiento”, es decir, ante la necesidad de hacer frente a expansiones y contracciones “súbitas”, debe superar las barreras naturales del simple crecimiento demográfico, pues éste es más limitado y más lento –se requieren “16 ó 18 años” para llevar al mercado a una nueva generación de trabajadores–, y ello exige el colchón de seguridad que para el capital supone este ejército de reserva. Esta “liberación de obreros” o sobrepoblación relativa es más rápida aun que el cambio técnico, ya que el capital no sólo pone la demanda de obreros sino que también consigue, mediante este ejército, incrementar su oferta; y, de esta manera, aumenta la competencia entre los trabajadores, que, a la vez aunque sucesivamente, sufren del “ocio forzoso” del desempleo y del “exceso de trabajo” cuando están ocupados.

Sin embargo, la proporción entre el ejército “activo” y “de reserva” de trabajadores es variable, y depende del ciclo económico, no de un simple ciclo demográfico presuntamente regulado (según Malthus y otros) por el nivel del salario, que es un “dogma”, que el uso “bélico” de la maquinaria por parte de los capitalistas se encarga de desmentir por sí mismo. Y esta “ficción” de la apologética económica es fruto de la confusión de la ley general con las oscilaciones “locales” –es decir, sectoriales– del mercado de trabajo, que obedecen a su vez a los movimientos redistributivos del capital de una a otra esfera. En cuanto al mercado global, pues, “los dados están trucados” porque el capital opera en “ambos lados” – oferta y demanda– a la vez, de forma que, de esta manera, la ley de la oferta y la demanda “completa” el despotismo del capital. Y los economistas, o “sicofantes” del capitalista, se encargan de predicar que los sindicatos, que intentan paliar los efectos negativos de esa ley, van contra

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