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CURRICULUM VITAE


Enviado por   •  4 de Mayo de 2014  •  814 Palabras (4 Páginas)  •  201 Visitas

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Hace poco me enteré de algo que me conmovió. Supe que una joven había ahorrado dinero para tomar un curso que la ayudaría en su labor misionera y a conseguir más ingresos. Sin embargo, el Señor puso en ella el deseo de dar una gran parte de ese dinero a una compañera misionera. Esa persona no le había pedido el dinero, pero la joven sabía que lo necesitaba. Es más, sabía que a los misioneros le hacía falta que le infundieran ánimo.

En algún momento de nuestra vida, todos nos hemos desanimado mucho. ¿Te sacó de ese desaliento la nota de alguien que te decía que se interesaba por ti, que oraba por ti, o que haría lo que estuviera en sus manos por ayudarte? ¿O tal vez en un tiempo de grandes pruebas de repente viste un rayo de luz, e inexplicablemente saliste de la desesperación que sentiste, y tuviste fe de nuevo en que el Señor haría que todo saliera bien? ¿Tal vez porque alguien oró por ti?

Hay muchas personas a nuestro alrededor que pasan apuros y que necesitan que un amigo o un compañero de trabajo les dé estímulo, un incentivo. ¿Habrá alguien a quien Jesús espera que tú des algo, que le escribas, que hagas amistad u ores por esa persona que Él te indique? Eso me recuerda un himno que dice: «Señor, señálame a alguien y ama a esa persona por medio de mí. Y que yo con valentía haga mi parte para conquistar esa alma para Ti». Al hacer lo que el Señor nos indique que hagamos, podemos animar, incentivar y ayudar a otros. No tiene que ser mucho; un poco llega lejos, si Dios y Su amor están en ello.

Es posible que a veces nos sintamos abrumados por la necesidad de quienes nos rodeen y, claro, ninguno de nosotros puede auxiliar a todos los que quisiéramos. Pero hay algo que puedo hacer, que tú puedes hacer, que todos podemos hacer, y eso es orar.

La mayoría de nosotros nos encontramos muy ocupados encargándonos de los desafíos de la vida cotidiana. Hay tanto en que pensar y orar, tanto que hacer. Es posible que estés cambiándote de casa o que inicies una nueva aventura de la misión, o que busques empleo, o que escolarices a tus hijos, o que te esfuerces por mantenerte al corriente con todos los detalles de la vida, o que intentes hallar tiempo para pasarlo con tu cónyuge o familia. O tal vez pienses que ya estás bajo mucha presión, tanta que te cuesta pensar en otra cosa que no sea en el trabajo que tienes que hacer.

Es posible que te preguntes cómo podrías socorrer a alguien, si tú necesitas tanta ayuda. Tal vez te sientas como la viuda de Sarepta, que ni tienes suficiente para ti y los tuyos. Enfrentarte con las necesidades de otra persona, cuando apenas tienes suficiente para ti tal vez sea algo muy parecido a cuando Elías pidió a la viuda que le diera lo poco que tenía[1].

Muchas veces he pensado en esa señora y en cuánta fe debe haber tenido para poner las necesidades de alguien antes que las suyas y las de su hijo, cuando ella y su hijo

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