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Julio Cortazar


Enviado por   •  18 de Julio de 2011  •  637 Palabras (3 Páginas)  •  4.759 Visitas

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Cortázar: la libertad lúdica y el compromiso ideológico

Por Gabriela Mayer

Buenos Aires (dpa) - "Hay que luchar contra el idioma para que no imponga sus fórmulas y sus clichés, las frases hechas, todo lo que caracteriza tan bien a un mal escritor", sostenía Julio Cortázar.

El autor argentino afirmaba que el resultado de la confrontación del escritor con la palabra es una alegre batalla". El libró esa pelea de modo incansable, como un boxeador que cuenta con numerosos recursos pugilísticos para saberse invencible ante su "adversario", el lenguaje.

Julio Cortázar incluyó a lo largo de su obra lo que él denominó una "constante lúdica", que no se limita a un recurso narrativo, sino que se contrapone a la vida ordinaria, en busca de otras realidades diferentes de la cotidiana.

Enfrentado a lo que denominaba un falso lenguaje literario, el de la solemnidad y el acartonamiento, aspiraba a un lenguaje que tuviera la misma espontaneidad que el rico estilo oral.

La asombrosa novela "Rayuela" (1963), que es "muchos libros, pero sobre todo es dos libros", ofrece al lector un papel pasivo, con una lectura lineal, o bien convertirse en cómplice, saltando de un capítulo a otro y rechazando el orden cerrado de la novela tradicional.

En el capítulo 68 se encuentra un texto escrito íntegramente en gíglico, idioma inventado por los protagonistas de la novela, Horacio Oliveira y La Maga: "!Evohé! !Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos".

"Historias de cronopios y de famas" (1962) presenta un mundo fantástico habitado por "famas", ordenados, cautelosos y solemnes, y "cronopios", alegres, desordenados y poco afectos a las convenciones.

También describe con franca comicidad el mundo de lo normal conviviendo con una extrañeza inexplicable, como en los cuentos "Instrucciones para subir una escalera", "Pérdida y recuperación del pelo" e "Instrucciones para llorar".

Cortázar, que vivía en París desde 1951 tras abandonar la Argentina debido a sus diferencias con el peronismo, quedó fuertemente impactado por una visita a Cuba poco después de la Revolución.

Allí nació su preocupación política, que marcaría también su literatura. El tema fantástico, por lo fantástico mismo, dejó de interesarle.

"De mi país se alejó un escritor para quien la realidad debía culminar en un libro. En París nació un hombre para quien los libros deberán culminar en la realidad", decía con su voz profunda de "eres" afrancesadas y acompañado por el gesticular de sus expresivas manos.

En el cuento llamado "Reunión", del libro "Todos los fuegos el

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