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La importancia del género para la enseñanza de la lectura crítica


Enviado por   •  14 de Marzo de 2019  •  Ensayos  •  1.973 Palabras (8 Páginas)  •  12 Visitas

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Universidad Nacional de Colombia

Maestría en Educación: Lenguajes y literaturas
Diana Manuela Pardo Caicedo
Elegible II: Lenguajes

La configuración del lector en el libro-álbum:

La importancia del género para la enseñanza de la lectura crítica

Los procesos educativos tienen una cercana relación con el desarrollo de los procesos de lectura y escritura. La función que debería idealmente cumplir la escuela sería la de fomentar la formación de lectores críticos, de modo que siempre ha existido la pregunta por el cómo. A raíz de esto se hace necesario, en primer lugar, preguntarse por ¿qué se entiende por lectores críticos?. Cuando un lector interpela el texto, lo cuestiona y lo examina a fondo, es considerado un lector crítico, un lector activo, es decir, una lectura crítica se fundamenta en un diálogo entre el lector y el texto. Fabio Jurado en su texto La evaluación de la escritura para la evaluación de la lectura afirma que: “Estas improntas constituyen impulsos hacia la escritura, porque ese diálogo es tan fuerte que el lector experimenta la sensación de estar escribiendo a medida que avanza la lectura” (Jurado. 2013. 72). Es decir, toda lectura crítica, analítica e interpretativa llevará necesariamente a la necesidad de expresión, de escritura. Sin embargo, habrá que pensar estos procesos desde su origen, pues es desde la misma iniciación en la lectura que un niño empezará a configurarse como un lector activo/crítico; en ese mismo sentido, será necesario examinar el proceso incluso desde antes de la posibilidad de escritura, desde los primeros acercamientos al libro objeto. Así, entender cómo la literatura infantil a partir de sus características propias ayuda a ir construyendo cierto tipo de lectores.

El siguiente texto propone evaluar las características del género de literatura infantil libro-álbum en función del tipo de lector que configura. Para este propósito se tendrán en cuenta algunos artículos del libro El libro álbum: Invención y evolución de un género para niños[a], esto será puesto en diálogo con lo propuesto por el filósofo alemán Hans-Georg Gadamer en sus textos Poetizar e interpretar y El juego como hilo conductor de la explicación ontológica. El propósito de este texto es demostrar de qué manera la forma libro-álbum promueve el desarrollo de lectores activos.

Para iniciar esta discusión será necesario esclarecer qué se entiende por libro-álbum: El libro-álbum es un género de literatura infantil en el que se da una relación especial entre texto e imagen:        

En un verdadero libro-álbum, las palabras no se sostienen por sí solas. Sin las ilustraciones el contenido de la historia se vuelve confuso. Son las imágenes las que proporcionan la información que omiten las palabras (…) En un libro álbum tanto las palabras como las imágenes son leídas” (Shulevitz. 2005. 10)

En el libro-álbum ambos elementos, el verbal y el gráfico, deben estar fusionados e unificados de tal modo que construyan un significado total, global. A diferencia del libro ilustrado, en el libro-álbum la narración no se encuentra totalmente contenida en las palabras, las ilustraciones no son de carácter meramente decorativo, no tienen un carácter redundante, al contrario, los elementos gráficos se constituyen también como elementos significantes. Bajo estos presupuestos, el género guardaría una relación importante con la poesía, en tanto ambos géneros emplean el lenguaje en su multivocidad, al respecto Gadamer afirma:

Fue Paul Valéry quien señaló del modo más sugestivo esta diferencia: La palabra del habla cotidiana, así como la del discurso científico y filosófico, apunta a algo, desapareciendo ella misma, como algo pasajero, por detrás de lo que muestra. La palabra poética, por el contrario, se manifiesta ella misma en su mostrar, quedándose, por así decirlo, plantada (Gadamer. 1966. 74).

En ese sentido, existiría una esencia poética en el género libro-álbum. La palabra en este género no desaparece, no se configura en un sentido unívoco precisamente porque es la experiencia del lector con el libro, y su interacción con la parte gráfica, la que le otorga un sentido, o múltiples sentidos. En este orden de ideas, la palabra en el libro-álbum está también configurada poéticamente y se diferencia evidentemente de la palabra que solo busca comunicar un sentido específico.

Teniendo esto en cuenta, habrá que recordar que todo género, y toda obra en general, está desde su creación configurando un lector implícito. El género libro-álbum explota al máximo la configuración de este lector implícito en tanto está puesto en función de que el lector que se enfrente al texto llene aquellos espacios que parecen vacíos. Es decir, el libro-álbum está en búsqueda de un lector que experimente esta doble naturaleza del género textual-gráfica y logre comprender el significado que envuelve esa fusión. Así pues, un lector poco atento no podrá comprender el sentido del texto si solo pone su atención en uno de los dos componentes. Bajo estos presupuestos, para entender la configuración de lector de libro-álbum tendrá especial relevancia el concepto de interpretar.

Gadamer entiende el interpretar como un “señalar a una dirección”, y hace la precisión de que ese “señalar a una dirección” puede también hacer referencia a un “indicar a hacia varios caminos”, así, “solo puede interpretarse aquello cuyo sentido no esté ya establecido, aquello, por lo tanto, que sea ambiguo, «multívoco» […] El arte requiere interpretación porque es de una multivocidad inagotable” (Gadamer. 1966. 76). Ese interpretar no tendría sentido alguno si el lector no aparece como un ente activo que experimenta la propia obra de arte: “La obra de arte tiene su verdadero ser en el hecho de que se convierte en una experiencia que modifica al que la experimenta” (Gadamer. 1995. 145).

En el libro-álbum se hace aún más evidente esta idea de “aquello cuyo sentido no está establecido”, este genero no aparece como una existencia estática, al contrario se configura como un ente con vida propia que palpita y llama al lector para que sea en la propia experiencia de lectura que descubra su sentido. La idea de que la lectura sea una experiencia que modifica al que experimenta, tiene mucho que ver con la idea de juego planteada por Gadamer.

El vaivén pertenece tan esencialmente al juego que en ultimo extremo no existe el juego en solitario. Para que haya juego no es necesario que haya otro jugador real, pero siempre tiene que haber algún «otro» que juegue con el jugador y que responda a la iniciativa del jugador con sus propias contrainiciativas. Por ejemplo el gato que elije para jugar la pelota de lana porque la pelota de algún modo juega con él.” (Gadamer. 1995. 148-149)

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