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ADMINISTRACIÓN PORTUARIA INTEGRAL PUERTO LÁZARO CÁRDENAS


Enviado por   •  5 de Octubre de 2011  •  2.655 Palabras (11 Páginas)  •  1.053 Visitas

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ADMINISTRACIÓN PORTUARIA INTEGRAL PUERTO LÁZARO CÁRDENAS

LÁZARO CÁRDENAS, MICHOACÁN

Fotografía: Enciclopedia de los Municipios de México

El territorio que ocupa el estado de Michoacán está dividido en cua¬tro regiones geográficas: Ciénaga de Chapala, el Bajío, Tierra Caliente y el Sur. La Sierra Madre del Sur atraviesa el suroeste del estado, en tanto que en la parte norte se encuentra el Eje Volcánico, que da ori¬gen a las sierras de Angangueo, Mil Cumbres, Ozumatlán, Apatzingán y Patambán. A tal grado mantiene esta cordillera su actividad volcánica, que en 1943 hizo erupción el volcán Paricutín, para desaparecer bajo olas de lava el poblado de San Juan Parangaricutirimícuaro. Los ríos más importantes son el Cupatitzio, Temazcaltepec y Cutzamala; y los lagos más grandes, el Chapala, Cuitzeo, Pátzcuaro y Zirahuén.

A 24 kilómetros de Lázaro Cárdenas se encuentra Playa Azul, ahí principia el camino de 250 kilómetros de espléndidas playas casi vírgenes, que invitan a vivir la sencillez de la costa michoacana, donde es posible disfrutar de un viaje de placeres simples, en un paraíso de tranquilidad del que a primera vista sólo se pueden observar unas cuantas palapas dispersas, para descubrir poco a poco ante los ojos del visitante, la belleza y diversidad de sus playas con aguas cristalinas, olas tempestuosas, caletas apacibles de arena blanca granulosa o fina de color gris claro, algunas con agua de color esmeralda y otras de azul turquesa y admirar en sus puestas de sol las garzas, palomas, gaviotas y pelícanos que vuelan entre miles de cocoteros, huertas de mango, papaya y plataneras.

Lázaro Cárdenas es un puerto industrial del pacífico mexicano, está localizado en la zona costera limítrofe de los estados de Michoacán y Guerrero. Este puerto y el de Altamira, Tamaulipas, constituyen las dos reservas portuarias estratégicas del país para el desarrollo de industrias de diversa escala. Es junto con los puertos de Ensenada, Guaymas, Topolobampo, Mazatlán, Puerto Vallarta, Manzanillo, Salina Cruz, Altamira, Tampico, Tuxpan, Veracruz, Coatzacoalcos, Dos Bocas y Progreso, una de las quince administraciones portuarias integrales del país.

En la década de 1970 surgió la idea de industrializar esta zona de la costa michoacana con base en el proyecto denominado en su conjunto Cuarto Polo de Desarrollo, diseñado a partir de los ricos yacimientos férreos de Las Truchas, cuya riqueza mineral ya era conocida en el período posclásico y descrita en el lienzo de Jucutacato, donde se detalla con dibujos y textos, la migración de cuatro grupos nahuas a través del territorio que hoy se conoce como Michoacán en busca de minerales.

La presencia de pobladores en la región tiene su más lejano antecedente en el periodo pre¬clásico cuando llegaron al occidente los olmecas y hacia el posclásico los nahuas, que se establecieron en las riberas de lo que ahora es el río Lerma-Santiago. Tiempo después arribaron los quechuas, quienes aliados con los nonoal¬cas, ocuparon las tierras de los nativos. Los nonoalcas fijaron su capital en Tzintzuntzan y luego en Huitzio. Los quechuas, por su parte, fundaron Pátzcuaro.

Uno de estos grupos nahuas se trasladó hacia Apatzingán y Aguindo, para viajar hacia la región costera. Alrededor del año 1446, la zona de Zacatula (que comprendía desde Petatlán hasta Colima), por ser una zona rica en minerales y producción agrícola, representó un punto de disputa entre los imperios Purépecha y Nahua, sin que se definiera un grupo dominante.

Estos pueblos negaron su ayuda a los mexicas –de quienes eran independientes- cuando éstos fueron atacados por los conquistadores europeos; sin embargo, poco después, esta región se convirtió en un territorio codiciado por ellos cuando al enterarse de la enorme riqueza de estas tierras, Hernán Cortés envió un pequeño grupo de hombres encabezado por Gonzalo de Umbría a investigar las minas de oro del señorío de Zacatula (llamada en esa época Zacatotlán). Más adelante Cortés ordenó al Capitán Juan Álvarez Chico, ir a Zacatula a través de Tecoantepec, para plantar algunas cruces en señal de que la corona española había tomado posesión del litoral. En 1522, los españoles entablaron contacto con los purépechas y obtuvieron el paso franco en sus incursiones hacia el noroeste.

Corría el año de 1523, cuando Juan Rodríguez de Villafuerte y Ximón Cuenca, fundaron la Villa de Concepción de Zacatula, y fue ahí mismo en la Barra de Zacatula, donde por órdenes de Hernán Cortés, se construyó el primer astillero que hubo en tierras mexicanas, lo que hizo de esta zona un centro de importancia comercial y marítima, ya que gracias a su ubicación sirvió como punto de salida de las expediciones a lo largo de toda la costa, que partían con la misión de explorar el norte y el sur del continente.

En 1530, los indígenas fueron vencidos y esclavizados por Nuño Beltrán de Guzmán. Onceaños más tarde el virrey Antonio de Mendoza autorizó la fundación de Valladolid, hoy Morelia, con lo que Michoacán se convirtió en una de las cinco providencias mayores del Virreinato.

Tras el establecimiento de la Corona Española en México se instauraron las encomiendas, que tuvieron como objetivos principales el adoctrinar a los indígenas, despojarlos de sus tierras y utilizarlos como mano de obra. En forma conjunta llegó la evangelización a Michoacán, con los misioneros agustinos encabezados por fray Juan Bautista Moya. Ellos fundaron doctrinas en Ajuchitlán, Coyuca, Pungarabato y otros lugares de menor importancia; para avanzar después hasta Coahuayutla, Petatlán, Tecpán y Acapulco. Detrás de ellos habían dejado una cadena de misiones que iniciaban en Tiripetío para continuar por Tacámbaro, Ário, La Huacana, hasta llegar al Balsas.

En 1533 se estableció la alcaldía mayor de Zacatula, sin embargo, la explotación desmedida de los recursos de la región, que en su mayoría, eran enviados a España, trajo como consecuencia la casi total desaparición de zonas auríferas en estas tierras. Es a partir del año 1567, que se empezó a conocer como La Orilla, a la parte de la desembocadura del Río Balsas sobre el Océano Pacífico. La región permaneció sin movimiento hasta que en el año de 1797, Manuel Antonio Otero, un minero de Guanajuato, adquirió la hacienda de La Orilla, que abarcaba los pueblos de Acalpicán, Piche, San Blas, Marmolejo, El Capire y La Orilla, con una extensión total de 14 mil hectáreas. A finales del siglo XIX la hacienda, propiedad de Agustín Luna, constituía un latifundio de 93 mil hectáreas.

En el año 1855, la región

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