El Comercio Y Sus Implicaciones
Sindy10 de Julio de 2014
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El comercio y sus implicaciones
La globalización actual es un fenómeno complejo, que trasciende la economía e impacta directamente aspectos fundamentales de la vida de las naciones, tales como la cultura, la educación, la política y, en general, las visiones del mundo contemporáneo.
Esto significa que, tal fenómeno ha acentuado las interacciones de todo orden, propiciando espacios para nuevos conocimientos y generando una tendencia hacia la homogeneización de la cultura y los valores, lo cual genera incertidumbre sobre el advenimiento de una sociedad mundializada, donde pareciera estar en riesgo, tanto la diversidad cultural como el arraigo por la fenomenología local y regional.
Por esta razón, se articulará el análisis en base a distintas dimensiones del fenómeno globalizador que incluye su origen, su configuración mundial, el rol de los Estados, la educación, el empleo, la competitividad de los mercados, la productividad económica y social y las implicaciones socio culturales:
Hoy en este blog…hablamos del comercio. Tal vez este sea un factor fundamental, para muchos sin duda, el más importante. El Comercio global es el acto de comprar y vender bienes y servicios entre países. Dado que la “globalización” ha hecho del mundo un lugar mucho más pequeño, estos bienes y servicios pueden viajar más lejos y más rápido de forma que, por ejemplo, se pueden encontrar productos de todo el mundo en cualquier tienda del barrio; lo mismo frutas y verduras que servicios de banca, ropa y agua embotellada.
Además de estos factores, también se une la acción del transporte, que ahora es más barato y puede mover mayor cantidad de mercancía. La magnitud y el ritmo de este tipo de comercio se han incrementado con el paso del tiempo y se han convertido en una poderosa herramienta. El comercio internacional está considerado como uno de los factores primarios para conocer si un país se desarrolla adecuadamente y afecta en gran medida a la evolución de las economías de los diferentes países.
Pero el comercio no es siempre igualitario. No es sólo una herramienta sino que también puede convertirse en un arma. Los países pueden imponer restricciones, conocidas, sobre productos procedentes de otros países, haciendo que esos productos sean menos competitivos que los productos de su propio país.
Otra cosa que se puede hacer es subvencionar a las empresas domésticas. Esto significa que los gobiernos dan dinero u otras formas de apoyo a empresas locales o domésticas a fin de asegurarse de que producen todo lo que pueden. Esto puede permitir que empresas sin éxito e ineficaces obtengan buenos resultados ya que reciben todo tipo de apoyos gubernamentales. Y mientras estas empresas siguen creciendo, los productores locales o más pequeños, especialmente en los países más pobres (los que necesitan precisamente más apoyo) están siendo destruidos simplemente porque no pueden competir. Cualquier medida de este tipo se denomina “proteccionismo” ya que tiene como efecto el cierre de los mercados de un país a los productos procedentes de otros países al hacer que los productos extranjeros sean más caros y por tanto menos atractivos para los consumidores. Muchos países ricos de Europa, al igual que Estados Unidos y Japón, utilizan estas tácticas para apoyar a sus propias economías, haciendo que resulte imposible para los países más pequeños o menos desarrollados afianzarse en el mercado global.
El tema de la globalización ha cobrado una relevancia especial en la discusión económica mundial de la década de los años noventa y lo que va del presente siglo, al punto de considerarse como un modelo de la realidad del mercado que integra las dimensiones micro y macro a través de una red interactiva de conexiones que condiciona el modo de pensar, actuar y concebir el mundo.
En este sentido, Fernández (2003:17), comenta que los especialistas en economía internacional definen la globalización como “el proceso contemporáneo de permeabilización y debilitamiento de las fronteras nacionales de los países dirigidos a integrar a todos los pueblos del mundo dentro de grandes circuitos internacionales de producción y consumo”. También Solana (1998:77), sostiene que la globalización es un término económico que se usa para referirse a:
… una gran variedad de fenómenos, que abarcan desde el incremento del comercio internacional de bienes y servicios, hasta la movilidad del capital, la interdependencia de los mercados financieros del mundo, la transformación exponencial de las comunicaciones y la disponibilidad mundial instantánea de información.
Desde este punto de vista, pareciera que la globalización económica significa una categoría histórica multipolar, donde quien no se anexe rápidamente en la carrera del progreso, no tiene otra alternativa para sobrevivir. De allí la necesidad de abrir los mercados a la competencia con la industria y capitales extranjeros e incorporar los más recientes avances tecnológicos al proceso de producción y distribución de bienes y servicios.
Esta realidad también implica el máximo aprovechamiento de los recursos materiales y humanos, que ofrezcan las mayores ventajas comparativas y competitivas para poder acceder y permanecer en mercados dinámicos donde se han acrecentado los mecanismos y efectos globalizantes.
Es así como se articula un conjunto de factores emergentes del modelo económico capitalista, que ha contribuido a dinamizar toda una red de transacciones transversales del comercio mundial con apoyo en el paradigma electroinformático, tal y como lo argumenta Moreno (2007:122), cuando acota, que el “impacto de la globalización económica en la sociedad es múltiple, contradictorio, ambiguo y polisignificante; pero en general privilegia el “apareamiento educativo” al nuevo paradigma global electroinformático-técnico-económico de reconversión productiva”.
Evidentemente, que la informatización del conocimiento constituye una poderosa herramienta para generar grandes transformaciones, no solamente en la dinámica de los mercados, sobre la base de la interconexión de los medios de información y comunicación lo cual ha impactado entre otras realidades, la organización del trabajo, la estructura del empleo y los modos de aprender.
Conforme a esta idea, se hace necesario que los análisis acerca de la educación y la cultura, enfaticen en la posibilidad de pensar en políticas educativas transmodernas y emancipadoras, que permitan superar la brecha existencial que hay entre globalización, tradicionalismo y pensamientos emergentes para poder estimular el desarrollo del potencial humano aún inexplorado desde los agotados modelos pedagógicos.
Toda esta discusión conduce a pensar, que la globalización económica es una suerte de ordenamiento ideal de la economía mundial, que se ha desarrollado más allá de la actividad de las corporaciones multinacionales en el que se ha tejido un complejo proceso de expansión de relaciones culturales, políticas y económicas entre todas las naciones del mundo, que ha permitido integrar en un solo contexto, los mecanismos de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, pero también la tecnología, el trabajo y los modos de educar al hombre.
Este planteamiento es compartido por Morín (2007:34), quien refiere que: ”La globalización actual forma parte de un proceso histórico de dominación económica y de la expansión planetaria del capitalismo, en tanto las configuraciones culturales con las características propias de cada época. Ha sido precedida por la dominación política y económica”.
En el marco de estas formulaciones, es evidente que la globalización económica conlleva a los países subdesarrollados de América Latina, a la coexistencia de dos estructuras imbricadas del mercado, conformadas, por una parte, por la presencia de una fuerza productora y vendedora como expresión de un nuevo orden económico internacional, y por la otra, una comunidad de consumidores, receptora, pasiva y completamente excluida del trabajo productivo por no poseer nivel competitivo. En relación a este aspecto, Ugalde (1998:102) comenta: … de esta manera tenemos cada vez más una población mundial invitada al consumo de punta, que revoluciona el deseo irracional de adquirir bienes y servicios de manera universal y niveladora, pero a ella le está vedado de hecho el acceso de ese consumo por la vía de la negación del acceso al trabajo de alto nivel competitivo.
Del comentario aportado por el autor, se infiere que los países latinoamericanos están frente a una paradoja dinámica de mercado donde se les incluye como consumidores, pero al estar excluidos del trabajo competitivo, no pueden participar en la producción de esos bienes y servicios, lo que en definitiva significa fortalecer el régimen de acumulación del capital por parte de las grandes empresas transnacionales, a quienes no les interesan los factores de nacionalidad de ninguna especie, y menos, las identidades locales.
Pero los consumidores homogéneos no son tales, no se ven todavía; el mundo continúa atado a un desarrollo desigual. Ciertamente, entre algunos pequeños grupos existe homogeneidad en tanto a patrones de consumo asociado a la riqueza, pero las dos terceras partes de los grupos sociales de todas las naciones de la tierra, específicamente en las regiones subdesarrolladas, permanecen flotando en un mar heterogéneo de pobreza y marginalidad. Allí sólo parecieran están globalizadas las desigualdades.
En línea con estas reflexiones, se ubica el planteamiento de García (2000:6) quien afirma que “el proceso de globalización ha beneficiado
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