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IGLESIA CATÓLICA EN EL SIGLO XIII


Enviado por   •  26 de Junio de 2011  •  1.739 Palabras (7 Páginas)  •  889 Visitas

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LA IGLESIA CATÓLICA EN EL SIGLO XIII

INTRODUCCIÓN

Es el siglo del gran Papa Inocencio III que quiso llevar a cabo el ideal de una sociedad político-religiosa medieval, en cuya cima estuviera la supremacía papal. Es un siglo en que continúan las cruzadas, y en que nacen las grandes órdenes mendicantes, como la de san Francisco de Asís y la de santo Domingo de Guzmán. Es también el siglo que ve aparecer la inquisición.La cristiandad no sólo promovió el desarrollo de las ciencias sagradas, sino que dio vida a la institución destinada específicamente a desarrollar la ciencia y a difundir la cultura superior: la universidad.

Hechos más importantes:

1.Continuación de las cruzadas: se continúo desde la cuarta cruzada.

2. Las Órdenes Mendicantes

Órdenes religiosas cuya regla impone la pobreza no sólo de los individuos, sino también de los conventos, y que obtienen lo necesario para su mantenimiento de la limosna de los fieles. Nacieron en el S. XIII como expresión del ideal evangélico. Las primeras fueron las de los carmelitas, franciscanos, dominicos y agustinos. Éstas surgen ante la relajación de algunos eclesiásticos, Dios no se olvidó de su Iglesia. Al contrario, hizo surgir las órdenes mendicantes.

Las órdenes mendicantes se llamaban así, porque en un tiempo en que los pastores de la iglesia se enriquecen siempre más, los monasterios abundan en tierras y en bienes, y la nueva burguesía de las ciudades se desvive por aumentar sus ganancias, ellos hacen voto de perfecta pobreza. En un tiempo en que se ahonda cada vez más la diferencia entre los grandes señores y el pueblo llano, ellos predican la fraternidad cristiana. Su vida ya no depende de tierras de labranza ni de rentas. Viven de la limosna. Ya no se llaman monjes, sino hermanos.

¿Qué aportaron estas órdenes mendicantes a la Iglesia y al mundo?

Lo nuevo consistía en que tampoco el convento debía poseer nada. El convento de los mendicantes no es ya una abadía con bosques, pesquerías, campo de labor, colonos y aparceros, sino un lugar que sólo proporciona el mínimo indispensable para la vida: unas celdas en torno a una iglesia, acaso un pequeño huerto y nada más. Para los mendicantes, la patria ya no es el monasterio, sino la orden. Los mendicantes no vivían como unos señores espirituales, análogos a los feudales, sino como hermanos que convivían con sus iguales. Practicaban la cura de almas, en forma desinteresada. La gente no tenía que ir a ellos, sino que eran ellos los que iban a la gente. La predicación estaba destinada a todos y no era para forzar, sino para convencer y motivar a la virtud, a la vuelta al evangelio. Hasta entonces el pastor de almas había inspirado respeto, acaso también temor; ahora los mendicantes inspiran admiración y amor.

Fue característico de los mendicantes tener una orden primera – la de los varones-, una orden segunda –la de las mujeres-, y una orden tercera compuesta por los seglares que deseaban vivir según el mismo espíritu. Las órdenes terceras fueron y son escuelas de santidad. Figuran entre los primeros terciarios franciscanos santa Isabel de Hungría y san Luis, rey de Francia.

Impulso de los sacramentos y la piedad cristiana

Ante el declive espiritual la Iglesia tomó cartas en el asunto y se preocupó por impulsar los sacramentos y la fe. ¿Cuándo se administraba el bautismo? Lo común era bautizar a los niños apenas nacidos. Se administraba el sacramento derramando agua sobre la cabeza y no por inmersión. En 1215 el concilio Lateranense IV marca a los cristianos la obligación de confesar sus pecados y de comulgar al menos una vez al año, en tiempo de pascua y en sus propias parroquias. El sacramento de la penitencia viene llamado “confesión”. Los más fervorosos no comulgan más que dos o tres veces al año por respeto a la eucaristía.

3. La Inquisición

Desde el siglo XII apareció una inquisición a nivel episcopal: los obispos tenían el deber de detectar los posibles herejes existentes en sus diócesis y entregarlos a la autoridad secular, para que les aplicase la pena pertinente. El poder civil, por su parte, cooperaba activamente en la persecución de la herejía, y el propio emperador Federico II, el gran adversario del pontificado, promulgó en 1220 una constitución, ofreciéndose a la Iglesia como brazo secular y estableció la muerte en la hoguera para los herejes. Mas como la inquisición episcopal resultaba poco eficaz, el Papa Gregorio IX creó 1232 la inquisición pontificia y la confió a los frailes mendicantes, especialmente a la Orden dominicana, que desde entonces tuvo como una de sus misiones específicas la lucha contra la herejía. Así quedó constituida definitivamente la inquisición eclesiástica.

Hablemos, pues, de la inquisición, hoy día tan desprestigiada y criticada . La inquisición no nace contra el pueblo sino para responder a una petición de éste. En una sociedad –la medieval- preocupada sobre todo por la salvación eterna, el hereje es percibido por la gente como un peligro y como causante de los males y pestes. Por lo tanto, y tal como afirman las fuentes de aquel entonces, el dominico que llega para aislarlo y neutralizarlo, para inducirle a que cambie de idea, no se ve rodeado de “odio”, sino que es recibido con alivio y acompañado por la solidaridad popular.

La inquisición no intervenía

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