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La Vuelta de Pedro urdemales


Enviado por   •  20 de Junio de 2014  •  Ensayos  •  5.098 Palabras (21 Páginas)  •  426 Visitas

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La Vuelta de Pedro urdemales

Vuelve este popular personaje de la tradición folclórica hispana. Pedro, un pillo que trata de sacar provecho de toda circunstancia. Sin embargo, como explica el autor, la opinión más importante sobre Pedro «es la que se forme después de conocer las aventuras y desventuras de este tipo sufrido, de este huasito que, según dicen que dice, viene del campo, pero no de las chacras...

Floridor Pérez nació en Yates, «Chiloé continental», en 1937. Ha sido profesor de escuela y universidad por muchos años y ha escrito libros para niños y adultos. En el difícil género de la poesía infantil ha publicado Cielografía de Chile y pronto aparecerá Navegancias. También ha escrito Cuentos de siempre para niños de hoy, Mitos y leyendas de Chile y biografías de Manuel Rojas, Francisco Coloane, Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Desde 1988 dirige el Taller de Poesía de la Fundación Pablo Neruda y desde 1989 escribe la revista Tareas Escolares Zig Zag.

Pedro Urdemales un huaso del campo, pero no de las chacras

Cuando yo era niño, conocí a Pedro Urdemales en mi Libro de Lectura, donde era el cartero del otro mundo. A la salida de la escuela me volvía lentamente a casa, deteniéndome en cada esquina, sin perder la esperanza de verlo entrar al pueblo montado al revés en un burro, mirando hacia atrás...

¡Urde - males...! Con ese apellido le resulta bien difícil negar su fama de pillo. Sin embargo, él

asegura que no engaña a nadie. ¡Otra cosa muy distinta es que no se deje engañar!

Y yo diría que junto con algunas diabluras suele darles un merecido escarmiento a los avaros, que quisieran tener una ollita que caliente sin fuego, o un árbol que en vez de frutos dé dinero, o un sombrerito que pague sus gastos...

Pedro Urdemales les dice «no, señores: si quieren gastar menos, economicen combustible, gánense el dinero con el sudor de su frente y paguen sus deudas».

Pero la opinión más importante es la que cada uno se forme después de conocer las aventuras y desventuras de este roto sufrido y divertido, de este huasito que, según dicen que dice, viene del campo, pero no de las chacras...

Floridor Pérez

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Una verdad del porte de un cerro

Un pueblino de esos que creen saberlo todo, se encontró con Pedro Urdemales en un polvoriento camino rural.

Al verlo de chupalla, pantalón arremangado y ojotas, se le ocurrió burlarse de ese huasito.

A poco de entablar conversación, le dijo: —¿Y qué tal es para calcular, amigo?

—Me defiendo no más, señor —respondió Pedro, con humildad.

—Bueno pues, dígame entonces, ¿de cuántas camionadas calcula usted que podría llevarme a la ciudad aquel cerro?

Y le mostraba el cerro más alto del lugar, en cuya cumbre una enorme cruz parecía abrazar al valle.

Pedro se acomodó la chupalla con aire pensativo:

—Eso depende del tamaño de su camión, caballero. Si su camión es de la mitad del cerro,

va a necesitar dos camionadas. Pero si se consigue un camión del porte del cerro, ¡de una camionada se lo lleva!

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La apuesta con un campeón

Una helada mañana de invierno, camino de la ciudad, Pedro Urdemales encontró un gorrión casi escarchado, que ni podía caminar, mucho menos volar.

Compadecido, lo recogió y se lo echó al bolsillo.

Entrando a la ciudad pasó por el estadio, donde se entretuvo mirando a un atleta que se entrenaba en el lanzamiento de la bala.

Pedro parecía tan interesado, oye el deportista pensó jugarle una broma y lo llamó a la pista.

—Pareces un huaso forzudo —le dijo a modo de saludo— y si me ganas a lanzar la bala, te invitaré a una parrillada en el restaurante del frente...

De una cancha vecina había caído una desteñida pelota de tenis, y el lanzador la tomó, simulando que pesaba como las balas de fierro con que se estaba entrenando. Luego, tomando impulso, la lanzó con tal fuerza, que fue a caer debajo de las galerías de la cancha de fútbol.

—¡Lejazos la tiró! -comentó Pedro agachándose a recoger algo-, Allá en el campo sólo lanzo peñascazos -explicó-, de modo que lanzaré esta piedra.

Y mientras el atleta aprobaba sin preocuparse de lo que lanzara, Urdemales cambió la piedra por el gorrión que llevaba en el bolsillo.

—¡Allá va! —exclamó Pedro lanzando el pajarillo que, repuestas sus energías y recobrada su libertad, voló, voló v voló en línea recta.

El atleta no salía de su

asombro, mientras eso que creía una piedra cruzaba sobre la pista, las galerías y hasta las blancas murallas del Estadio Municipal.

Por un momento temió que el peñascazo fuera a caer justo en los ventanales del restaurante del frente, donde ahora debería ir a pagar su apuesta a Pedro Urdemales, que ya lo esperaba con un hambre olímpica.

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Las tres flores

El fundo Las tres flores era la admiración de todos en la comarca. A los agricultores se les hacía agua la boca ver sus rubios trigales, y a los huasos jóvenes, las rubias trenzas de las tres hermosas hijas de su propietario: Rosa, Margarita y Jazmín.

Sea porque el padre no se consolara de su temprana viudez, sea que pensara que en la zona no había amistades dignas de él, lo cierto es que rara vez salía de su propiedad. ¿Y las niñas? : Apenas podía vérselas algunas veces, tras un velo de polvo levantado por su caballo cochero trotando rumbo a la ciudad! Si las niñas se animaban a pedir permiso para paseos o Fiestas la respuesta del padre era siempre: ¡no!

Era difícil creer, entonces, que Pedro Urdemales pudiera presentarse con las tres señoritas en la inauguración de las próximas ramadas de Fiestas Patrias. Pero así lo había asegurado él en unas carreras a la chilena. Y las apuestas no se hicieron esperar.

La más sonada fue la de un conocido agricultor, que le prometió un caballo ensillado si llegaba con las tres niñas... Pero si no lo conseguía, debería cosecharle a

echona, sin ayuda y gratis, una cuadra de trigo.

Como víspera de fiesta, en las casas del fundo Las tres flores ese 17 de septiembre se almorzó cazuela de pava y empanadas de horno. Hasta una jarra de vino de su propia mesa mandó el patrón a la cocina, pero aunque todo estaba sabroso y todos gozaban la comida y la bebida, Pedro Urdemales andaba desabrido. ¿Cómo haría para ganar la apuesta?

La inauguración oficial de las ramadas sería a las siete de la tarde, y a las cinco, metido ya en su pantalón de mezclilla y su camisa a cuadros, Pedro recibió la orden de acompañar

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