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Poema De Sor Juana Inez De La Cruz


Enviado por   •  17 de Abril de 2013  •  4.197 Palabras (17 Páginas)  •  247 Visitas

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Poema de Sor Juana Inés de la Cruz

Primero Sueño

Piramidal, funesta de la tierra

nacida sombra, al cielo encaminaba

de vanos obeliscos punta altiva,

escalar pretendiendo las estrellas;

si bien sus luces bellas

esemptas siempre, siempre rutilantes,

la tenebrosa guerra

que con negros vapores le intimaba

la vaporosa sombra fugitiva

burlaban tan distantes,

que su atezado ceño

al superior convexo aún no llegaba

del orbe de la diosa

que tres veces hermosa

con tres hermosos rostros ser ostenta;

quedando sólo dueño

del aire que empañaba

con el aliento denso que exhalaba.

Y en la quietud contenta

de impero silencioso,

sumisas sólo voces consentía

de las nocturnas aves

tan oscuras tan graves,

que aún el silencio no se interrumpía.

Con tardo vuelo, y canto, de él oído

mal, y aún peor del ánimo admitido,

la avergonzada Nictímene acecha

de las sagradas puertas los resquicios

o de las claraboyas eminentes

los huecos más propicios,

que capaz a su intento le abren la brecha,

y sacrílega 11ega a los lucientes

faroles sacros de perenne llama,

que extingue, sino inflama

en licor claro la materia crasa

consumiendo; que el árbol de Minerva

de su fruto, de prensas agravado,

congojoso sudó y rindió forzado.

Y aquellas que su casa

campo vieron volver, sus telas yerba,

a la deidad de Baco inobedientes

ya no historias contando diferentes,

en forma si afrentosa transformadas

segunda forman niebla,

ser vistas, aun temiendo en la tiniebla,

aves sin pluma aladas:

aquellas tres oficiosas, digo,

atrevidas hermanas,

que el tremendo castigo

de desnudas les dio pardas membranas

alas, tan mal dispuestas

que escarnio son aun de las más funestas:

éstas con el parlero

ministro de Plutón un tiempo, ahora

supersticioso indicio agorero,

solos la no canora

componían capilla pavorosa,

máximas negras, longas entonando

y pausas, más que voces, esperando

a la torpe mensura perezosa

de mayor proporción tal vez que el viento

con flemático echaba movimiento

de tan tardo compás, tan detenido,

que en medio se quedó tal vez dormido.

Este. pues, triste son intercadente

de la asombrosa turba temerosa,

menos a la atención solicitaba

que al suelo persuadía;

antes si, lentamente,

si su obtusa consonancia espaciosa

al sosiego inducía

y al reposo los miembros convidaba,

el silencio intimando a los vivientes,

uno y otro sellando labio obscuro

con indicante dedo, Harpócrates la noche silenciosa;

a cuyo, aunque no duro, si bien imperioso

precepto, todos fueron obedientes.

El viento sosegado, el can dormido:

éste yace, aquél quedo,

los átomos no mueve

con el susurro hacer temiendo leve,

aunque poco sacrílego ruido,

violador del silencio sosegado.

El mar, no ya alterado,

ni aún la instable mecía

cerúlea cuna donde el sol dormía;

y los dormidos siempre mudos peces,

en los lechos 1amosos

de sus obscuros senos cavernosos,

mudos eran dos veces.

Y entre ellos la engañosa encantadora

Almone, a los que antes

en peces transformó simples amantes,

transformada también vengaba ahora.

En los del monte senos escondidos

cóncavos de peñascos mal formados,

de su esperanza menos defendidos

que de su obscuridad asegurados,

cuya mansión sombría

ser

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