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Sexta Palabra


Enviado por   •  12 de Abril de 2021  •  Ensayos  •  515 Palabras (3 Páginas)  •  17 Visitas

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SEXTA PALABRA: «TODO ESTÁ CUMPLIDO» (BORRADOR)

En uno de sus tantos mensajes durante su vida pública, Jesús dijo que «si el grano de trigo no muere, queda infecundo, pero si lo hace, da fruto en abundancia» (Jn 12, 24).

En aquel momento, quienes lo escucharon no entendieron a qué se refería, sin embargo, Él sí lo sabía, y no faltaba mucho para que sus discípulos y seguidores comprendieran sus palabras.

Jesús hablaba de Él mismo, de cómo debía entregarse para limpiarnos de nuestros pecados y salvarnos de la muerte eterna.

Él es el grano de trigo que murió para dar vida; para darnos vida.

Tal hazaña nos invita a que hoy nos preguntemos: ¿cuánto amor nos ha tenido Jesucristo, como para dar su vida entera por nosotros? Más aún, ¿cuán obediente tuvo que ser para que pudiéramos resucitar, finalmente, con él?

Porque, pensándolo bien, Jesús pudo haber decidido vivir su vida de otra forma, hacer las cosas a su manera. Mas Él quiso ser obediente a la voluntad del Padre. Por esa voluntad se encarnó, y por esa misma voluntad murió. Aun siendo Dios, obedeció hasta el fin, como lo dice la carta a los filipenses: «teniendo la misma naturaleza de Dios, no consideró como codiciable tesoro el mantenerse igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la naturaleza de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y en su condición de hombre se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Flp 2, 6-8).

Y es gracias a esa obediencia de Cristo que hoy somos libres de las cadenas del pecado, que hoy podemos vivir en la alegría de la salvación.

Cuando Jesús estaba en la cruz, ya en sus últimos momentos de vida terrenal, es a esto a lo que se refería con el «Todo está cumplido».

No era un limitarse a decir que las profecías del Antiguo testamento sobre un mesías que vendría a salvar a su pueblo se habían cumplido en su totalidad; sino que, con mucha más trascendencia, todo el plan salvífico de Dios para el mundo entero había llegado a su plenitud en ese instante, junto con la resurrección gloriosa que vendría inmediatamente.

Con su muerte, Jesús dio muerte a nuestros pecados y destronó al príncipe de este mundo. Con su resurrección, Jesús nos dio nueva vida junto a Él, y nos liberó de las cadenas del mal que antes nos oprimían.

Aquí toda la obra poderosa de Dios se ha cumplido, ha llegado a su punto culmen.

¿Qué nos queda, entonces, a nosotros, como discípulos de Cristo?

Ser conscientes de este gran triunfo en la cruz, valorarlo y reclamarlo en nuestras vidas, por supuesto; no obstante, también somos llamados a seguir el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo de vivir dejando que se haga siempre lo que el Padre Celestial quiere; pues la voluntad de Dios es buena, perfecta, nos mantiene protegidos, es la que nos llevará a tener una vida realmente realizada; y a que, al «atardecer de nuestras vidas», podamos decir, como Jesús en la cruz, que la obra del Señor en nuestras vidas, está cumplida.

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