ClubEnsayos.com - Ensayos de Calidad, Tareas y Monografias
Buscar

Fantasmas De día


Enviado por   •  28 de Mayo de 2015  •  4.296 Palabras (18 Páginas)  •  195 Visitas

Página 1 de 18

Fantasmas de día Lucía Baquedano

1. Fantasmas de día cuenta la aventura de cuatro amigos: Seve, José Ignacio, Rodríguez y un niño más, el narrador de la historia, cuyo nombre no se menciona, pero es el hijo del veterinario. El niño que es el narrador protagonista empieza contando la historia creyendo que está muerto, no sabe cómo paso. Empieza a contar lo que sucedió el día anterior. Todo comienza cuando Seve decide escapar de casa, está molesto porque su padre le ha puesto un profesor de historia y francés, él no quiere estudiar en verano, encontraba poco lógico estudiar los acontecimientos que ya pasaron, era mejor estudiar las cosas que van a pasar en el futuro y así prepararse, además estudiar francés es una tontería solo sirve cuando se va a Francia, pero el niño narrador le dice que se puede comprar pantalones allá. Seve empezó a contarle lo sucedido en Babel, la cosa era que según él, los diferentes idiomas eran un castigo de Dios, que no había que ser tan orgullosos y no derrochar las energías estudiando otros idiomas que mejor que todos hablemos el mismo. Y obvio el español era el mejor, era el más fácil se aprendía sin estudiar, el español debe ser el idioma Universal. Seve dice: si hasta los niños más pequeños saben español, como el primo chico de José Ignacio y Macario el peluquero tartamudo, y el narrador se acordó que cuando con su madre compraron pantalones en Francia la vendedora les habló en español, hasta ella sabía español. Seve es primo de José Ignacio, y va todos los veranos a casa de su primo José Ignacio. Así que por todo eso Seve ha pensado en escaparse, para irse a vivir al monte, como uno de las películas que vio que se alimentaba cazando y comiendo frutos silvestres y de raíces, lo que necesitaba era una linterna y herramientas para construir su cabaña.

Después fueron a casa de José Ignacio porque éste le prestaría las herramientas a Seve, cuando llegaron a casa de José Ignacio, lo encontraron muy enojado por haber reñido con sus padres. José Ignacio había soltado la rueda de la moto de su hermano Lorenzo con el alicate tratando de ver si éste funcionaba. Su madre Ana Mari estaba muy asustada después de ver la rueda de la moto pasar por delante. Y con su plata ahorrada para una bici iba a tener que pagar el arreglo de la moto. En esto decide escaparse con su primo, como empezaron hacer planes, el narrador se va a casa de Rodríguez, , que estaba castigado por decirle a Víctor el boticario que su hermana Angelines tiene una foto suya en su velador, que al comentarlo en la mesa, ella llora y lo han castigado por eso, también piensa en irse de su casa, invita al narrador pero él no tiene motivo para irse…aun, el narrador le dice que se vaya con Seve y José Ignacio, él se va a su casa y cuando llega su mamá está planchando, de pronto lo reta porque él tranquilamente está cortando las flores bordadas de las mejores sábanas de la casa, entonces no entiende porque lo retan tanto y decide irse con sus amigos.

2. Se encontraron antes que amaneciera junto al viejo lavadero, José Ignacio se tarda mucho, ellos creen que no va a ir, entonces llega en un carro la Tartana como le dice él, tirado por Josefina la mula, del lechero Jacinto, la tomó “prestada “para devolverla después, ella conoce bien el camino de vuelta y los cuatro muchachos huyen del pueblo. La mula avanzaba cuando decían “¡Arre ¡” y paraba al escuchar “¡Sooo!”, así se fueron un rato, haciendo caminar y parar a la mula. Después de un largo rato andando por la carretera toman camino hacia el monte donde querían ir, Seve lo único que lamentaba era no poder ver al profesor usando las bayetas (paños para no ensuciar el piso) en los pies obligado por su tía fanática por la limpieza. José Ignacio dice que su madre piensa que los Urrundi (apellido de la familia de Seve) son porfiados (cabezones), pero Seve no se considera así, la madre de Seve murió hace muchos años. De pronto, nadie supo muy bien por qué, cayeron con todo y mula al fondo de un barranco. Rodríguez dijo que un burro venía de frente y distrajo a la mula. José Ignacio, que había una piedra grande en el camino, Seve y el narrador no vieron nada así que lo más probable era que fuera eso: nada. Al caer el narrador quedó aturdido. Después de un rato, siente al despertar, que le ponen una mano al lado derecho del pecho y a Rodríguez decir: - ¡Está muerto ¡ los chicos piensan que ha muerto, pues no sienten el latido de su corazón. El narrador se alegra de pensar que sus amigos lo quieren, y están asustados por él, mueve una mano, los niños se acercan, Seve, Rodríguez y al final José Ignacio, entonces el narrador de un salto se para y dice ¡Estoy vivo!

Los niños le dicen que no, porque su corazón no latía, él se toca el pecho y se da cuenta de que es verdad: no late su corazón, Se asusta y quiere llorar porque pronto estará de cumpleaños y posiblemente dijo su abuelo le regalen una bici de carrera, y no sería justo morirse ahora, pero los veía, hablaba y caminaba, entonces todos se pusieron las manos al pecho y no sentían latir su corazón. José Ignacio se pellizcaba la mano como lo hace uno para ver si se está dormido o despierto. Era extrañamente normal estar muertos, podían verse entre ellos. Rodríguez quería hablar con su tío Valentín que estaba muerto y preguntarle por su dinero. Les empezó a dar hambre, Seve dijo que los muertos no comen, comieron manzanitas de pastor, moras, avellanas y nueces. Rodríguez dijo que los vivos a la comida la llamaban víveres y ellos tendrían que llamarla mórteres. A José Ignacio se le ocurrió que no estaban muertos del todo que eran espectros o fantasmas por haber robado la mula de Jacinto y deberían permanecer en el mundo vagando como fantasmas hasta remediar su falta.

3. Los cuatro chicos comenzaron a buscar la mula para regresarla a su dueño y así liberar sus almas. Encontraron la tartana toda desarmada. Rodríguez, sintió miedo de cómo estaría la mula. José Ignacio casi llora pues no quiere quedarse vagando como fantasma en pena. Sin embargo, Seve decidió aprovechar su condición de fantasma y divertirse asustando a la gente del pueblo; dejando huellas de sangre, arrastrar cadenas y pensaba que podría atravesar muros, se lanzó contra una pared de la casa llamada la Venta que le hizo sangrar la nariz. Se limpió la sangre con la mano y la estampó en una ventana de la casa; a todos les pareció una broma sensacional espantar a los vecinos dejando huellas de manos con sangre, pensó en dejar huellas en la casa del sacristán que dos días atrás le tiró las orejas por ponerse a tocar las campanas de la iglesia, y la gente creyó que era la novena; pero ésta, ya se había secado y no pudo hacerlo, Se metieron en el bosquecillo de

...

Descargar como (para miembros actualizados)  txt (23.4 Kb)  
Leer 17 páginas más »
Disponible sólo en Clubensayos.com