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LA REVOLUCION VERDE, PAZ Y HUMANIDAD Por Norman E. Borlaug Director Del Programa Internacional De Trigo, CIMMYT, M�xico. Conferencia En Ocasi�n De La Entrega Del Premio Nobel De La Paz 1970.


Enviado por   •  21 de Septiembre de 2011  •  10.006 Palabras (41 Páginas)  •  1.234 Visitas

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LA REVOLUCION VERDE, PAZ Y HUMANIDAD

Por

Norman E. Borlaug Director del Programa Internacional de Trigo, CIMMYT, M�xico. Conferencia en ocasi�n de la entrega del Premio Nobel de la Paz 1970.

La civilizacion, tal como la conocemos ahora, no se hubiera podido desenvolver ni subsistir sin un adecuado abastecimiento de alimentos. Sin embargo, el alimento es algo que la mayoria de los dirigentes del mundo dan por hecho, a pesar de que mas de la mitad de la humanidad esta hambrienta. Parece que el hombre insiste en ignorar las lecciones de la historia.

La supervivenica del hombre desde los tiempos de Adan y Eva hasta la invencion de la gricultura debe haber sido precaria debido a su incapacidad para asegurar el sustento diario. Durante el largo, obscuro e indefinido periodo prehistorico en que el hombre vivio como cazador nomada y colector de alimentos, la escasez frecuente de viveres debe haber impedido el desarrollo de aldeas permanentes. Bajo estas circumstancias, tal escasez limitaba automanticamente el crecimiento de la poblacion humana.

En un pasado nebuloso, conforme la edad mesolitica dio lugar al neolitico, aparecio de pronto, en areas geograficas separadas y distintas, el mas venturoso grupo de inventores y revolucionarios que el mundo haya conocido. Este grupo de hombres y mujeres neoliticos-y mas probablemente estas ultimas-domesticaron los cereales y los tuberculos, asi como los animales que hasta la fecha constituyen las principales fuentes de alimentos de la especie humana.

Al parecer, hace nueve mil a�os en las faldas de los Montes Zagros, el hombre ya se habia convertido en agricultor y pastor, lo que a su vez dio origen a la especializacion del trabajo y al desenvolvimiento de la vida en comunidades. Los descubrimientos semejantes en otros lugares pronto establecieron la base a partir de la cual se desarrollo la industria agropecuaria moderna y, en verdad, todas las civilizaciones subsiguientes. Pese al inmenso valor de sus contribuciones, no conocemos los nombres de ninguno de estos benefactores de la humanidad. En efecto solo en la ultima centuria y especialmente durante los ultimos 15 a�os-desde que se descubrio y perfecciono el sistema de radiocarbono para determinar fechas-es cuando hemos empezado a conocer, de manera todavia vaga, la epoca en que ocurrieron estos sucesos que moldearon el destino del mundo.

La invencion de la agricultura, empero, no libro permanentemente al hombre del temor de la escasez de alimentos, ni del hambre y la inanicion. Aun en los tiempos prehistoricos, el aumento de la poblacion debe haber amenazado o excedidio la habilidad del hombre para producir viveres suficientes. Seguramente el hombre de aquella epoca sufria hambres agudas cuando la seguia o el ataque de enfermedades y de plagas acababan con sus cosechas.

Seg�n las numerosas referenicas biblicas tales cat�strofes ocurrian peri�dicamente. Entonces, el Se�or dijo: "Yo os afligi con viento abrasador y con a�ublo" (Amos 4:9); "Las bestias perecen de hambre en sus establos, los graneros han quedado exhaustos, vacias las despensas, porque faltaron los granos. . . y a�n algunas bestias del campo levantan los ojos hacia Ti, como la tierra sedienta de agua: porque se secaron los manantiales de las aguas, y el fuego ha devorado todas las hermosas praderas del desierto. . ." (Joel 1:17, 20).

Las enfermedades, la sequia, la desolaci�n y la desesperacion fueron catastrofes recurrentes durante centurias. Los antiguos remedios: las s�plicas a los espiritus sobrenaturales o a los dioses. Y as�, el concepto del granero siempre lleno aparecio en forma elemental, como resulta claro de los sue�os del fara�n y de la interpretaci�n que Jos�, y el hambre afligi� a todo el mundo; mas en toda la tierra de Egipto habia pan. . ." (Genesis 41:54). Para su tiempo, Jos� era sabio con la ayuda de su Dios.

Pero ahora nosotros debemos ser mucho m�s sabios. Con la ayuda de nuestros dioses y de nuestra ciencia, debemos no �nicamente acrecentar nuestro abastecimiento de alimentos sino tambi�n asegurarlo contra las cat�strofes biologicas y fisicas, mediante esfuerzos conjuntos a fin de formar graneros internacionales de v�veres de reserva que puedan usarse en caso de necesidad. Y estas reservas deben ser asequibles a todos los que necesiten de ellas, antes de que el hambre ataque, no despu�s. El hombre puede y debe prevenir la tragedia del hambre en el futuro, m�s que s�lo tratar, con intenci�n pia, de salvar los despojos de la humanidad hambrienta, como a menudo lo ha hecho en el pasado. Seremos culpables de una negligencia criminal, sin expiaci�n posible, si permitimos hambre futuras. La humanidad no puede tolerar esa culpa.

Alfred Nobel estaba muy consciente de la importancia de los alimentos, puesto que escribi� una vez: "Prefiero cuidar de los est�magos de los seres vivientes, m�s que honrar con monumentos la gloria de los muertos".

El destino de la civilizaci�n depende de que se proporcione un decoroso nivel de vida a toda la humanidad. Los principios que gu�an a la Organizaci�n Internacional del Trabajo, recipiente del Premio Nobel de la Paz de 1969, expresan su car�cter en las palabras "La paz universal y duradera puede establecerse solamente si se basa en la justicia social. Si se desea la paz, hay que cultivar la justicia". Esto es magnifico; nadie podr� estar en desacuerdo con este elevado principio.

EL ALIMENTO, UN DERECHO MORAL

Casi ciertamente, sin embargo, el primer componente esencial de la justicia social es una alimentaci�n adecuada para toda la humanidad. El alimento es un derecho moral para todos los que vienen al mundo. No obstante, en la actualidad el 50 por ciento de la poblaci�n de la Tierra duerme con hambre. Sin alimento, el hombre logra sobrevivir unas cuantas semanas. Sin �l, todos los otros componentes de la justicia social carecen de sentido. Por tanto, pienso que el principio mencionado arriba debe modificarse de la siguiente manera: "Si deseas la paz, cultiva la justicia, pero al mismo tiempo cultiva los campos para producir m�s pan; de otra manera no habr� paz".

Desde hace mucho tiempo se sabe que el hambre y las convulsiones sociales van juntas, seg�n lo puntualizaba ya este pasaje del antiguo testamento". . . y ellos caer�n por el suelo y

tendran hambre; y cuando est�n hambrientos se enfurecer�n y maldecir�n a su rey y a su Dios. . . " (Isaias 8:21).

Quiz�s nadie en los tiempos modernos ha se�alado con mayor acrimonia las interrelaciones entre la paz y los alimentos que Lord John Boyd Orr-laureado con el Premio Nobel

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