El corazon de la selva
ALVARADO MOGOLLON ARIANAReseña18 de Agosto de 2026
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EL CORAZÓN DE LA SELVA
En una parte de la selva vivía un monito fraile muy curioso. Le encantaban los plátanos y siempre estaba saltando de un árbol a otro para encontrar los más maduros. Era pequeño y juguetón, pero también observaba con atención todo lo que ocurría a su alrededor.
Una mañana, mientras buscaba su desayuno, notó que algo había cambiado. El calor era mucho más fuerte, el río tenía menos agua y algunas plantas estaban secas. Incluso los animales encontraban cada vez menos lugares frescos donde descansar.
—¿Qué estará pasando con nuestra selva? —se preguntó el monito.
Decidió acercarse al río para beber agua, pero encontró botellas, bolsas y otros desperdicios flotando. El monito se quedó preocupado. Sabía que si el río seguía contaminándose, los animales tendrían problemas para conseguir agua.
Aunque era pequeño, comenzó a recoger la basura que encontraba cerca de la orilla. Después buscó algunas semillas y las plantó en los lugares donde la tierra estaba seca.
Un loro que lo observaba desde un árbol empezó a reírse.
—¿De verdad crees que tú solo vas a salvar toda la selva?
El monito fraile levantó la cabeza y respondió:
—No puedo hacerlo todo yo solo, pero alguien tiene que comenzar.
Al día siguiente, el loro vio que el monito seguía trabajando. Entonces decidió ayudarlo. Juntos recogieron más basura y cuidaron las semillas. Poco después, un oso perezoso y otros animales se unieron.
Cada uno aportó algo. Unos limpiaron el río, otros protegieron los árboles y algunos llevaron semillas a diferentes lugares. Los animales también aprendieron a no desperdiciar el agua y a cuidar los espacios donde vivían.
Pasaron varias semanas. La selva no cambió de un día para otro, pero poco a poco aparecieron nuevos brotes y el río comenzó a verse más limpio. Los animales comprendieron que no necesitaban realizar algo enorme para ayudar al planeta.
El monito fraile se sentó bajo un árbol y disfrutó de un plátano mientras observaba a sus amigos trabajar juntos.
—Una pequeña acción puede comenzar un gran cambio —dijo sonriendo.
Desde aquel día, los animales entendieron que cuidar la selva era tarea de todos. Si cada uno hacía su parte, podían ayudar a proteger su hogar de los efectos del cambio climático.
Moraleja: Una acción puede parecer pequeña, pero cuando inspira a los demás puede convertirse en un gran cambio. Cuidar nuestro planeta es responsabilidad de todos.
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