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El Ladron


Enviado por   •  17 de Enero de 2014  •  610 Palabras (3 Páginas)  •  274 Visitas

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Existe un árbol muy alto, cuyas duras ramitas parecen formar una hermosa sombrilla, sus grandes frutos se llaman piñones y contienen miles de semillas muy nutritivas.

Este árbol, llamado pehuén, ahora vive feliz en las tierras de la Patagonia Argentina, pero no siempre fue así.

Cuenta una leyenda que en el principio de los tiempos, el Pehuén estaba muy triste y sus pobres ramitas parecían casi tocar el suelo de tan lánguidas que estaban.

- Nadie come las semillas de mis frutos –se lamentaba el pobre arbolito.

Una mara, también llamada liebre patagónica, que por ahí pasaba, viendo que el arbolito lloraba, le preguntó cómo lo podía ayudar.

El árbol secó sus lagrimitas mitad verdes, mitad marrones y le contó que la gente del lugar creía, equivocadamente, que las semillas de sus frutos les harían mal a la pancita.

– Entonces diles que son muy sanas, que no les harán mal – sugirió su nueva amiga.

– Soy un árbol, no puedo hablar con las personas –respondió triste.

– ¡Es verdad! no te preocupes, ya veremos el modo de solucionar esto.

En el pueblito donde el pehuén crecía, se desató una tormenta muy fuerte que duró días. Todos los demás frutos se pudrieron y nadie podía comer nada. Los días pasaban y nadie encontraba nada para saciar su apetito.

El Pehuén sufría por el hambre de su gente y tuvo una idea excelente. Para llevarla a cabo, le pidió ayuda a su amiga, muy dispuesta a ayudarlo.

- Yo me muevo un poquito –propuso el arbolito- voy arrojando los piñones, tú los tomas y se los dejas a todos en sus chozas ¿de acuerdo?

- De acuerdo –contestó la mara- yo me encargo de abrirlos con mis dientes para que puedan tomar sus semillas.

Así lo hicieron y en poco tiempo, cada choza tenía un montón de semillitas a su disposición.

- ¿Crees que dará resultado? – preguntó ansiosa la mara.

- Tienen hambre, algo deberán comer –contestó esperanzado el arbolito.

Sin embargo, cada habitante del pueblo miró con desconfianza a las semillas. Tenían mucha hambre, pero el miedo era mayor y además no sabían qué hacer con ellas.

El pobre arbolito miraba con tristeza sus frutos y una vez más, las lágrimas corrieron por su tronco.

– No te rindas –dijo la mara –tú tienes mucho para dar, mostrémosle que si quieren podrían hacer un pan

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