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Historia De Venezuela


Enviado por   •  28 de Agosto de 2011  •  2.486 Palabras (10 Páginas)  •  2.339 Visitas

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1.- Crisis del modelo Agro - Exportador (latifundio y minifundio la hacienda cafetalera): el transito de una Venezuela agro - exportadora a otra rentista petrolera.

Modelo Agroexportador:

• Un único producto fundamental de exportación (cacao y café).

• Precios que oscilan según crisis de los países capitalistas.

• Conformación de una clase hegemónica (productores y financistas exportadores).

• Economía de puertos (desarrollo norte-costero).

• Estado improductivo, parasitario.

• Se importan bienes manufacturados.

• Crisis económicas por razones tanto internas como externas (revueltas y bajas en los precios).

• Escasa capacidad de ahorro en la población.

• La deuda externa copa gran parte del presupuesto.

• Incipiente estructura burocrática del Estado.

• Escasa intervención del estado en la producción económica.

• Agricultura latifundista en manos privadas.

• Continuas revueltas (siglo XIX) afectan la producción agrícola.

Venezuela es uno de los países más pobres de la América Hispana con una economía agro exportadora que tiende a la monoproducción con largos períodos de estancamiento y continuos altibajos. La tendencia a la monoexportación se mantiene cuando el cultivo del café se hace preponderante. La producción y exportación de café se expande rápidamente desde mediados del siglo XIX y pasa a ser dominante con relación al cacao, a pesar de que éste se recupera en las últimas décadas del siglo XIX.

Según nuestro parecer a lo largo de estos cinco siglos, Venezuela ha transitado por dos modelos fundamentales: el agro-exportador y el minero-exportador. Hay economistas, sociólogos y otros estudiosos de nuestro proceso social que definen más modelos, se respetan esas concepciones pero a nuestro modo de ver son variaciones que no afectan los elementos más resaltantes de cada uno de estos dos modelos.

Tres rubros son los entes protagónicos que han marcado nuestra economía: cacao, café y petróleo, producidos o extraídos sin que se genere un valor sustantivo agregado, destinado en casi su totalidad al mercado externo y sin que acarree una distribución social más equitativa. Se trata en realidad de dos sistemas productivos que se desarrollan en escenarios naturales distintos, pero que tienen un conjunto de características comunes. En los dos casos se trata de plantaciones tropicales permanentes, de dimensiones considerables, que sustituyen el bosque natural por uno artificial que acoge el cultivo, complementadas por conucos de ladera o de vega desarrollados por los trabajadores para su subsistencia y el comercio local.

En el caso de café se ubican en el arco montañoso costero en laderas y valles medios, y en el de cacao en valles costeros y zonas de alta humedad. Las haciendas se localizan en zonas de relativa concentración de población pues requieren abundante mano estacional. Las haciendas cafetaleras tienen una alta significación en la cordillera de la costa, una bastante menor en el macizo oriental y las estribaciones andinas de Lara y muy poca en los andes donde predomina claramente la producción familiar cafetalera.

La propiedad de la tierra es importante cuando se trata de valles y áreas relativamente planas; sin embargo, es menos clara cuando se trata de laderas y zonas de relieve quebrado, más alejadas de las principales ciudades. La propiedad de las matas es, en este caso, mucho más importante.

Para garantizar la mano de obra, la hacienda concedía a los peones áreas bajo su dominio no utilizables para el café o los otros rubros del hacendado, desarrollar conucos para su propia subsistencia y circuitos locales de comercialización. La sujeción del peón a la hacienda no necesariamente pasaba por la venta de sus productos al hacendado o implicaba el pago de una renta. El peón, en muchos casos, tenía relaciones comerciales independientes de la hacienda con comerciantes locales.

La hacienda estaba fuertemente articulada al comercio exterior a través de las casas comerciales exportadoras que además funcionan como suministradoras de bienes de capital y de consumo y mecanismo de financiamiento. El poder de los hacendados varía de acuerdo con su dimensión y ubicación, pero en cualquier caso subordinado alas casas comerciales y el comercio exterior.

La sociedad venezolana se sigue caracterizando por la presencia de un Estado cuya capacidad para administrar los recursos de la explotación petrolera determina en gran medida lo que ocurre internamente en el país. La dependencia del petróleo permanece como un rasgo estructural que determina la orientación de la economía nacional. La dinámica de la economía venezolana ha estado decisivamente vinculada al excedente generado por los escasos productos de exportación, habiéndose pasado de la monoproducción agroexportadora a la monoproducción petroexportadora.

Esta realidad había hecho que en los últimos 40 años se hubiera desarrollado un modelo de crecimiento atado al devenir de la industria petrolera que convencionalmente se ha denominado economía rentística, donde el Estado actuaba como correa de transmisión entre la renta petrolera y las necesidades de consumo e inversión del sector no petrolero de la economía nacional. La magnitud de esta renta y el dinamismo inicial en su tasa de crecimiento posibilitó una acelerada, aún cuando, imperfecta modernización de la sociedad venezolana. No obstante, a partir de los setenta se observaba una sustancial merma en la capacidad dinamizadora de la renta petrolera atribuible, por un lado, a una menor apropiación de la misma por parte del Estado y una pérdida de su eficiencia y, por el otro, a una baja de su magnitud en términos reales.

A pesar de esto, recientemente, con los convenios de asociación, se reforzó el estilo monoproductor petrolero de la economía venezolana orientando inmensos recursos hacia actividades que generan poco empleo, exiguo valor agregado y atienden mercados fluctuantes. Este sector genera un bajo nivel de empleo en el país, cercano al 1 % del total, tiene una contribución al Producto Interno Bruto próxima al 25%, pero aporta más del 70% del valor de las exportaciones.

La llamada apertura petrolera se había convertido, en parte, en un capítulo contemporáneo de una política concentradora de riqueza, poder y población. Este modelo no puede

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