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El Respeto


Enviado por   •  20 de Julio de 2011  •  3.429 Palabras (14 Páginas)  •  1.832 Visitas

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República Bolivariana de Venezuela

Ministerio del Poder Popular para la educación

Instituto Universitario de Tecnología

José Leonardo Chirino

Extensión Punto Fijo

Autores:

Laura Rodríguez

Auris Rodríguez

Douglas Mavo

Junio de 2011

Introducción

Hoy en día la mayor parte de la humanidad vive en ciudades y la parte que no vive en ese mundo urbano está sometida a las lógicas culturales, económicas, etc., de la urbanización. Apenas hay un afuera de las ciudades. Las ciudades son la atmósfera del ser humano. Por ello mismo es cada vez más absurdo hablar de un modo de vida ciudadano o urbano, de un modo de ser del urbanitas. Cuando Simmel hablaba en esos términos y describía la psique nerviosa del urbanitas podía hacerlo con un contraste: el mundo rural inmerso en formas de vida tradicionales.

Hoy la ciudad lo es todo. Pero no hay un todo global. La heterogeneidad que antes enfrentaban ciudad-campo o sociedad moderna-sociedad tradicional se ha instalado en el mundo urbano. No podía ser de otra forma. La ciudad siempre fue, al menos idealmente, el lugar de encuentro de la heterogeneidad.

NUEVOS RETOS PSICOSOCIALES

La forma que, por antonomasia, están tomando las ciudades es la de las grandes metrópolis superpobladas, las meta-ciudades que agrupan, en con-urbanizaciones o constelaciones urbanas, distendidas y polinucleares zonas heterogéneas que van desde los centros urbanos de alta densidad a los intersticios rurales, neorrurales o zonas residenciales de vivienda en baja densidad y altura. Espacial, temporal, social y psíquicamente diferenciadas y fragmentadas, las meta-ciudades apenas mantienen alguna integridad funcional o político-administrativa y alguna identificación simbólica. No es extraño, pues, que se hable de post-ciudad: regiones mega-metropolitanas sin nombre, sin instituciones, sin mecanismos de participación ciudadana (Castells 2002).

Estos cambios no son parte del desarrollo endógeno de las ciudades, son el resultado de un nuevo mundo globalizado, que es, en gran parte, el mundo de las ciudades, en especial, de las ciudades conectadas en la red de nudos o áreas metropolitanas globales (Sassen 1994). No todas las ciudades son iguales, ni todas las zonas de las ciudades son iguales. Hay una carrera por enredarse en la red global de ciudades interconectadas. Los flujos de información, de mercancías y gentes conforman una potente red de beneficios de todo tipo. Estar en la liga de las primeras ciudades se ha convertido en una obsesión para las autoridades municipales y parte fundamental de la obsesión se ha vertido en el “branding” urbano.

Las ciudades se encuentran inmersas en una lucha por conseguir y retener una posición en la red mundial de ciudades y para ello tienen que ser ciudades-mundo, ciudades globales. Ese parece ser el hábitat del ser humano de la ultramodernidad. La compleja organización de estos espacios se acompaña con la complejidad de las formas de vida que se desarrollan en ellos. Hay ciudades y modos de vida urbanos muy diferentes. Complementarias, enfrentadas o desconectadas, las formas de vida urbanas se desarrollan en entornos urbanos distintos, entornos que constituyen formas de vida y que son a su vez constituidos por ellas. ¿Qué formas hacen de la ciudad un lugar más habitable? ¿Todas? ¿Qué entornos debemos diseñar para favorecer o constituir escenarios propicios para una “buena vida” humana?

Formas de ciudad y psiquismo

En sus primeros trabajos, Manuel Castells criticaba la tendencia ideológica a considerar la cultura urbana como producto de una forma transhistórica, tendencia que refuerza el estratégico rol del urbanismo como ideología política y como práctica profesional (Castells 1977); partiendo de esa idea, no habría mas que formas históricas de ciudad. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la ciudad moderna y la sociedad actual, post o ultramoderna, son formas de socialidad diferenciadas que se constituyen a través de tipos psicológicos peculiares y que constituyen tipos idiosincrásicos de sujeto y de agente social.

Recordemos una tesis básica de Simmel: “vivir en la ciudad imprime una psicología especial“. La ciudad nos posibilita pertenecer cada vez más, a más círculos de relaciones, relaciones menos intensas pero con mayor densidad de contactos e interrelaciones. Las ciudades producen sujetos suficientemente indolentes para tolerar y aceptar la diversidad y la sobre-estimulación.

A esta tesis se ha sumado otra: “la influencia de la vida urbana en la conciencia varia según la forma de la ciudad” (Harvey 1989). Dos son los modelos básicos de ciudad que encontraremos en todos los manuales al uso: la ciudad compacta y la ciudad difusa. Cuáles son las formas psicosociales que habitan en ellas? Antes de responder a esta pregunta, repasemos las características de ambos modelos. La ciudad compacta, densa, con continuidad formal, multifuncional, heterogénea y diversa en toda su extensión, se desarrolla aumentando en complejidad en sus partes. Procura mayor número y diversidad de contactos. Y en aquellas ciudades compactas que han crecido lentamente (con “historia y experiencia”) el tejido social asociativo es más rico y denso, lo que se traduce en estabilidad y cohesión social (Rueda 1996). Ciudades con fuerte identidad.

Es complicado encontrar una ciudad que cumpla alguno de los modelos exclusivamente, la mayoría son mezcla de ambos y el hecho de tener una forma urbana (compacta, por ejemplo) no garantiza que no surjan en esa ciudad las características, formas de vida o problemas de otro modelo (del difuso, por ejemplo).

Hay además algo que debemos tener en cuenta respecto a los psiquismos correspondientes a las formas socio-espaciales. Un mismo escenario puede servir para que tengan lugar diferentes obras psicosociales. Las obras se acomodan a las virtudes y las carencias del espacio que encuentran. Hay efectivamente escenarios que favorecen o inhiben algunas obras, pero no podemos reducir el problema de la relación entre ambiente y psiquismo a los factores físicos atribuyéndoles además una influencia directa y unidireccional. Por ejemplo, desde que Schûtz planteó que el lugar donde vivimos cumple la función simbólica de “hogar”, se ha usado el planteamiento fenomenológico para distinguir entre barrio físico y

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