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Violencia Sexual. Tratamiento En La Escuela De La Educación Sexo-afectiva.


Enviado por   •  23 de Noviembre de 2011  •  2.578 Palabras (11 Páginas)  •  821 Visitas

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Violencia sexual.

Tratamiento en la escuela de la educación sexo-afectiva.

Por Mariela Acevedo

Resumen: En 2006 se aprobó en Argentina la ley de Educación Sexual Integral –ley 26.150- que, aunque de escasa repercusión en las aulas, puede ser un instrumento para avanzar y discutir formas de violencia sexual contra las mujeres. La ley permitiría, entre otras cosas, que se discuta iniciación sexual de las y los adolescentes teniendo en cuenta que además de prevención de embarazos y de enfermedades de transmisión sexual (ETS) hay una dimensión del placer mutuo y consensuado que es necesario aprender en tanto exploración del cuerpo, las identidades y las sexualidades de las y los adolescentes como sujetos deseantes.

La construcción de ciudadanía basada en la igualdad y la diversidad puede contemplar diversos ámbitos: la familia, la escuela y los medios de comunicación, pero es sin duda la escuela el espacio de intervención legitimado para que el Estado promueva cambios en las relaciones de poder entre los géneros.

Palabras clave: violencia sexual, educación, curriculum

Educación y política sexual

En “Enseñanza, curriculum y profesorado” Domingo Contreras señala -siguiendo a Michael Apple- que “uno puede observar las escuelas y nuestro trabajo en ellas desde dos ángulos: uno, como forma de mejorar y replantear los problemas a través de la cual ayudamos a los estudiantes individualmente para que salgan adelante: y dos, a escala mucho mayor para ver los tipos de personas que logran salir y los efectos sutiles de la institución” La pregunta desde una perspectiva de género podría ser entonces ¿Qué tipos de varones y mujeres produce el sistema actual? Esto nos lleva a problematizar ciertas formas en las que se plasman relaciones de poder entre los géneros que necesitan con urgencia nuestra atención que implican las formas de relacionarse en el aula entre las y los adolescentes y los saberes que la escuela pretende transmitir y los que efectivamente transmite.

Las Teorías de Reproducción de las últimas décadas del siglo XX , cuestionaron a la escuela por las formas invisibles en las cuales, no sólo no resultaba “igualadora” y “democratizadora” como su ideario sostenía sino que tendía a reproducir las desigualdades de la sociedad. Posteriormente, las Teorías de las Resistencias matizaron la reproducción otorgando a los sujetos escolares diferentes grados de posibilidad de acción y transformación. Pero tanto en unas como en otras, el eje fue puesto en las desigualdades socio-económicas en las sociedades capitalistas (luchas por la redistribución) que llegaba cuanto mucho a problematizar las cuestiones de raza/etnia pero dejaba a un lado las desigualdades basadas en género y orientación sexual (luchas por el reconocimiento)

Sandra Araya Umaña señala que fueron los Estudios de Género a partir de los años ‘80 quienes retomaron y ampliaron la investigación y la conceptualización de las nociones de reproducción y de resistencia en términos de lo masculino y lo femenino. La Sociología de la Educación crítica comenzó a reconocer así, que resultaba insuficiente pensar la “reproducción” únicamente desde el lugar en la división social del trabajo. Ya que al ser el Estado una cristalización no solamente de relaciones económicas sino también de relaciones patriarcales, la noción de “aparato ideológico de estado” de Louis Althusser puede resultar apropiada para indagar en la función de transmisión de las relaciones patriarcales de poder en espacios tales como la escuela y la familia. Estas instituciones funcionan a través de medios más sutiles que la coerción física, y se caracterizan por sustentar la reproducción de las relaciones de dominación vigentes para una sociedad. Así, es posible comprender la construcción y circulación de discursos ideológicos en tanto formas persuasivas y naturalizadas de relatos y representaciones que hacen que las personas interpreten su propia realidad de determinada manera y nieguen o simplemente no conciban otras formas de relacionarse entre los actores sociales.

Por otra parte, tenemos que tener en cuenta como los discursos sociales simbolizan la diferencia sexual que podemos entender –siguiendo el desarrollo de Foucault - como una construcción que la cultura hegemónica realiza en los cuerpos y que es introyectado por los sujetos. Con el nombre de “tecnologías del sexo” Foucault remite a prácticas y discursos descriptivos, prescriptivos y prohibitivos que construyen la sexualidad en tanto “dispositivo histórico.”

En las últimas décadas del siglo XX comenzaron también a tener presencia en la investigación educativa los llamados Estudios Queers y Trans (de diversidades que problematizan las relaciones entre corporalidad, identidad y deseo) y los de Masculinidades (que indagan en los diferentes modos en que los varones vivencian el género y tienden a sostener/impugnar el orden patriarcal y heteronormativo) que deben gran parte de sus herramientas teóricas a los feminismos.

Los aportes de estas corrientes fueron clave para comprender como “En la escuela se aprende a ser varón y a ser mujer (…) se aprende a ser heterosexual, a no ser bisexual, ni homosexual, ni lesbiana ni travesti… y junto con eso se aprende a despreciar las diferencias.”

La educación como espacio de socialización de chicas y chicos, es un ámbito en que generar nuevas pautas de interacción social con relaciones más equitativas que respeten la igualdad de las y los diferentes. Cabe aclarar que la igualdad no es lo contrario a la diferencia sino lo contrario de la desigualdad, por otro lado lo opuesto a lo diferente está constituido por lo idéntico, combinar igualdad y diferencia es por tanto, establecer un piso mínimo de comprensión entre heterogeneidades respetando la individualidad de los sujetos, lo que ha venido a llamarse diversidad.

Graciela Morgade ha señalado acertadamente “que toda educación es sexual, ya que en todos los procesos educativos se producen, transmiten y negocian sentidos y saberes respecto de la sexualidad y las relaciones de género.” Propone utilizar por eso, el concepto de “educación sexuada” para entender una educación que reconoce el “carácter integral de los cuerpos que se encuentran en el ámbito escolar”. Esta conceptualización nos sirve para introducir algunas ideas sobre qué se enseña cuando se seleccionan y se descartan contenidos

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