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El camello y los reyes magos


Enviado por   •  6 de Septiembre de 2012  •  Informes  •  2.067 Palabras (9 Páginas)  •  318 Visitas

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El camello y los reyes magos

En la Navidad, cuando los reyes magos van camino de Belén todos los años, van siguiendo una estrella que les sirve de guía.

El 6 de Enero tienen que llegar al portal de Belén para ofrecer sus regalos, y no pueden entretenerse con nada.

Ahora mismo, los reyes magos van de camino hacia Belén, pero les ha surgido un problema…

El camello de Melchor no quería seguir andando, porque decía que el oro que él cargaba era mucho más pesado que el incienso y que la mirra…

El camello de Baltasar también se quejó, de que el incienso que llevaba tenía un olor muy fuerte y que no se sentía a gusto caminando con tanto incienso.

Entonces habló el camello de Gaspar, que dijo: “Camellos de los reyes magos, yo no tengo ningún problema con la mirra que cargo. Pero me ofrezco, para repartir un poco la carga de cada uno, en las alforjas de todos, de esta manera cada uno llevaremos cargas y olores parecidos.”

Así fue como llegaron a un acuerdo, y los reyes magos pudieron disfrutar de su viaje navideño, y seguir su camino hacia el portal de Belén.

Moraleja: Debemos colaborar con nuestros compañeros y tratar de hacer sentir bien a los demás. La igualdad es la base de la amistad y de la vida.

DIBUJO.

El duende.

Un duende estaba en su casa con sus amigos y quería llegar al final del arcoíris, pero el duende no quería que encontraran su cofre de oro.

Entonces los exploradores eran muy listos y encontraron el final del arcoíris. Pero el duende escondió su cofre de oro atrás de unos arbustos.

Sin embargo, no recordó en cuál porque todos los arbustos pues eran igualitos. Pero los exploradores ayudaron al duende a buscar el cofre de oro y lo encontraron.

Y el cofre de oro no era de oro, eran galletitas de oro y se las comieron.

Y colorín colorado este cuento ha terminado.

Fin

DIBUJO.

La bruja piruja

Había una vez, en medio del bosque, una casa de color gris cuyo aspecto transmitía algo de temor. Parecía una casa deshabitada, pues las ventanas estaban llenas de tela de araña y de lo sucios que estaban los cristales de las ventanas, se hacía imposible ver el interior de la casa.

Pero, sin embargo, había alguien viviendo allí… una bruja a la que todo el mundo conocía por “la bruja piruja“.

La bruja piruja, tenía una verruga en la punta de su gran nariz, unos grandes ojos negros y pelo de color gris y blanco. Sí, era una bruja, pero además una bruja muy fea y que daba mucho miedo mirarla.

La Bruja Piruja había vivido siempre en el bosque, y determinados días del año, rondaba por los alrededores de un pueblo que se encontraba a un par de kilómetros de su casa, para asustar a la gente que allí vivía.

Hoy, era uno de esos días en los que nuestra protagonista, la Bruja Piruja, iría al pueblo. Como toda bruja, para ir de un lugar a otro, utilizaba su escoba voladora. Así que, vestida con ropas oscuras, se puso su gorro puntiagudo negro, cogió su escoba voladora y se puso en camino.

Estaba atardeciendo, y la Bruja Piruja ya había llegado al pueblo. Cuando algunos vecinos que andaban por las calles del pueblo, vieron la silueta de la Bruja Piruja montada en su escoba volando de un lado para otro, salieron corriendo hacia sus casas todo lo rápido que pudierais imaginar.

La Bruja Piruja no podía parar de reír: “Ja ja ja”, al ver a aquellas personas huir del miedo.

De repente, alguien que se encontraba en una de las calles del pueblo llamó a la Bruja: “¿Tú eres la Bruja Piruja?”, dijo un niño que no tendría más de 6 años.

La Bruja, se quedó parada encima de su escoba voladora, mirando al niño y preguntándose por qué no había salido corriendo como el resto. Y respondió: “Sí, yo soy la Bruja Pirujaaaaa” .

Entonces, el niño volvió a preguntar: “¿y por qué vienes al pueblo a asustar a la gente?“.

La bruja se quedó sin palabras, y al rato le contestó: “Te voy a contar un secreto, pequeño, ya ves que las brujas somos un poco feas, tenemos verrugas y volamos en escoba, y lo único que hacemos cuando venimos al pueblo es ir a comprar comida, pero cuando la gente nos ve, se asusta…“.

“Entonces… ¿no sois malas? y ¿no queréis hacer daño a los niños y a sus padres?”, preguntó el niño.

“Claro que ¡no! solo queremos comprar y volver al bosque, ya me gustaría no dar miedo a la gente y poder pasear tranquilamente por las calles sin que salgan corriendo al verme…”, contestó la bruja con cara triste.

A partir de ese momento, el niño quiso que todo el pueblo conociera la historia real de las brujas, así que fue casa por casa, contando que las brujas eran buenas y que no hacían daño a nadie.

Así fue, como las brujas consiguieron convivir con la gente del pueblo, y los vecinos aprendieron a valorar el interior de las personas y no la apariencia, pues puede llevar a confundirnos. FIN

DIBUJO.

Blanca nieves.

Había una vez una reina que en medio invierno dio luz a una hija, la niña era blanca como la nieve tenía los labios rojos como la sangre y el cabello negro como el ébano; por eso la llamaron blanca nieves. Poco después del nacimiento de la niña la reina murió.

Un año más tarde el rey tomo otra esposa. Era una mujer muy pero muy bella, pero orgullosa y arrogante y no podía soportar que nadie la superara en belleza (se echa una crema en las manos) tenía un espejo maravilloso y cuando se ponía frente a él, mirándose le preguntaba:

Bruja: ¿espejito, espejito quién es la más hermosa de esta región?

Espejo: la reina es la más hermosa de esta región.

Bruja: tienes toda la razón espejo. Que hermosa que soy.

Ella quedaba satisfecha ya que sabía que su espejo siempre decía la verdad. Pero blancanieves crecía y era cada vez más hermosa. Ocurrió

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