Historia.
Tesis31 de Agosto de 2014
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La iglesia más antigua de Chile pertenece a la Orden de los Franciscanos. Lugar donde se conjugan elementos como: complejidad arquitectónica, construcción de larga duración (incluyendo los contextos de las distintas épocas), y los grandes tesoros que alberga como, por ejemplo, la figura de la Virgen del Socorro y los lienzos de la vida de San Francisco. Su presencia en la ciudad de Santiago configura un hito que, a mi juicio, tiene matices en los ámbitos del urbanismo, la historia y la cultura. Tal vez en la actualidad la Iglesia en su conjunto llame menos la atención si la comparamos con la época colonial, aunque sin duda este monumento es la síntesis histórica de Santiago desde su génesis. Creo que la Iglesia mirada desde el punto de vista de ubicación urbana es hoy un punto de referencia espacial (por ejemplo, sabemos al verla si ya hemos llegado al centro), y además un centro de inestimable cultura. Sin embargo, el valor patrimonial de la iglesia y sobre todo por sus colecciones artísticas (pinturas, esculturas, ebanisterías) es difícil de cuantificar. Si lográramos hacer un alto y entrar al templo con espíritu crítico y de inquietud intelectual, nos daremos cuenta que es posible “leer” parte de nuestra historia nacional, contemplar las murallas, las imágenes, sus estilos y respirar sus más de 4 siglos de vida que nos envuelve con su silencio conmovedor. Pensando en los habitantes de Santiago que pasan distraídos día a día frente a la iglesia en una carrera desenfrenada por llegar a sus trabajos o reuniones, pensando en quién no se da ni tiene el tiempo de leer, es que me propuse escribir humildemente un breve ensayo histórico sobre este lugar, con énfasis en resaltar la imagen de la Virgen del Socorro. Mi única finalidad es que al menos, después de leer este ensayo puedan detenerse y entrar a visitar este hermoso lugar.
El descubrimiento y la conquista de América seguro no fue fácil para ningún mundo (Indígena – Europeo). En particular, el caso de Chile es bastante complejo. Luego de un viaje mal planificado por Diego de Almagro – personaje de escasa capacidad intelectual – la fundación de Santiago era cuestión de tiempo y de un planteamiento más fino y preciso como lo fue el del gran genio y figura “Pedro de Valdivia”. Dentro de las motivaciones por viajar al nuevo mundo está la de “evangelizar”. El Gobernador de Chile le tenía devoción a cierta imagen de la Virgen María (la señora del “Bulto”, más tarde la “Virgen del Socorro”). Esta imagen es su amuleto personal, la lleva a las batallas donde participa, por ejemplo la de Flandes y por cierto la carga por 11 meses en las alforjas de su caballo en su viaje a Chile, de ahí el nombre “El bulto”. La imagen soportó esta larga travesía que no estuvo exenta de problemas, lo que hace más heroica la devoción que hoy le tiene la Orden Franciscana a esta imagen; volveremos más adelante sobre su apelativo actual, “Virgen del Socorro” (1).
¿Cómo podemos conectar la imagen de la Virgen con la construcción del templo de San Francisco?
La historia es larga como todas las historias. El 11 de Septiembre de 1541 los indígenas del valle central, dueños ancestrales de la tierra decidieron aplicar a los nuevos invasores un castigo ejemplificador. La toma de la ciudad de Santiago y su posterior incendio fue la dura prueba que debieron pasar las huestes de Valdivia. Él, ante tan duro asedio toma dos acciones: mandar a Perú a Don Alonso de Monroy por refuerzos (en un largo y cuestionado viaje, que puede ser materia para otro ensayo) y en el plano espiritual eleva sus oraciones y suplicas a la Virgen, además de pedirle la protección y el “Socorro” de la naciente ciudad que para aquel entonces contaba con una población estimada de 500 almas (2). Y debió pasar más de un año de espera hasta que se calmaron de forma momentánea las escaramuzas de los indígenas, en tanto Valdivia le pedía al Albañil Pedro de Gamboa —quien también traza el primer plano de la ciudad— un lugar tranquilo y lejano donde levantar un altar en gratitud a la Virgen. Esa Ermita sería el lugar donde se custodiaría la imagen de la Virgen. (No fue la primera ermita, pues anteriormente se levantó la de Santa Lucía en la cara norte del cerro del mismo nombre). En estricto rigor, la Ermita del Socorro donde actualmente está la iglesia de San Francisco es un lugar casi fortuito, pues en el primer trazado aún no se proporcionaron los cuadrantes de las iglesias para las distintas ordenes religiosas (3), solamente se destinó a un costado de la Plaza de Armas, al lado del sitio de Antonio de Pastrana un lugar para la Iglesia Mayor, es decir, la futura “Catedral de Santiago” (sobre este tema para profundizar véase el libro Becerro de las actas del Cabildo de Santiago).
El 8 de Diciembre de 1543 tras una larga procesión que comienza en el templo Mayor y que siguió por lo que actualmente conocemos como la calle “Estado”, fue puesta la Virgen del Socorro en una ermita al menos definitiva para le época. Si imaginamos que la Punta de Diamante de la Alameda con San Francisco era entonces el segundo cauce del río Mapocho, que tenía un ancho suficiente para ser cruzado por un puente de madera (construido especialmente para la pro-cesión por el bisabuelo de la “Quintrala”, Catalina de los Ríos). Aquel lugar era entonces junto con “El Chuchunco” (Alameda con calle Ejército) el punto más apartado de la ciudad. La elección del lugar era simbólica, pues al ser un lugar lejano (cercano hoy) era propicio para que la Virgen vigilara la ciudad. Una vez concluida la procesión se dejó la imagen de la Virgen en un altar que había sido construido debajo de un frondoso castaño. Con el paso de los años, el altar se hizo oficial y el lugar pasó a ser un sitio de visita obligada para los que caminaban por Santiago, es por ello que cinco religiosos Franciscanos pidieron expresamente que la Virgen pasara a ser custodiada por la Orden. Estos religiosos le pidieron además al Obispo de la época permiso para que en ese mismo lugar se instalaran de manera definitiva. Esta idea de custodiar la imagen fue rechazada por sacerdotes de otras Ordenes que también acudían al lugar para hacer oración, este lío se solucionó de una manera más bien práctica, los Franciscanos se arremangaron la sotana y a golpe de puños en una folklórica y pintoresca riña, dejaron en claro que ellos eran los dueños del lugar. Quiero resaltar la promesa franciscana “Cuidaremos la Virgen para siempre” y hasta el día de hoy es así y no crea el lector que fue tarea sencilla, esta promesa es un monumento a la entrega, al carisma y a la perseverancia franciscana (4). Por decreto oficial del Cabildo de Santiago, la ermita y sus terrenos colindantes pasarán a ser propiedad de la Orden Franciscana, pero sólo en 1572 la Orden logró colocar y bendecir su primera piedra. En la sagaz pluma del cronista Aurelio Díaz Meza se puede leer “… la manzana franciscana, está comprendida entre las actuales calles de Arturo Pratt y del Carmen, hasta más el sur de la avnida Matta…” Desde su inicio, el templo de San Francisco se pensó como una obra arquitectónica monumental de largo plazo y tenía que ser así, pues había que darle un digno lugar a la Virgen del Socorro. Fray Cristóbal de Rabaneda (Ministro Provincial entre 1580-84), se puso a la voluntad de Dios para trabajar en su construcción y así también pidió ayuda a los principales vecinos de la ciudad. Con el devenir de los años de la vida colonial, fueron secando el segundo brazo del río Mapocho y se veía con preocupación cómo se transformaba en un basural donde incluso se arrojaban los cadáveres de algunos indígenas a su seco lecho. Algunos Frailes se horrorizaban con la costumbre de lanzar indígenas a la Cañada de San Lázaro, (Alameda, esquina San Francisco) y comenzaron a improvisar un cementerio indígena justo donde terminaba el río, en el límite de las tierras que le correspondían a la Orden, no obstante para no profanar sus cuerpos, decidieron que la iglesia debía tener una esquina angulada al borde del río que por lo demás ya estaba seco, con esto la construcción tapó los cuerpos y los vecinos por respeto dejaron de lanzar sus desperdicios. Tal circunstancia era muy comprometedora, pues estrechaba el paso por la cañada, este problema se hereda hasta hoy, pues vemos como esa esquina es la más angosta de la Alameda Bernardo O’Higgins. El problema que ocasionó modificar la cañada trajo consecuencias negativas pues afectó el sistema de riego a las chacras vecinas, ante esto el Cabildo de Santiago tomó cartas en el asunto y finalmente donó la totalidad de las tierras a la Orden. Una vez ganado este pleito, comenzó a edificarse el templo en el año del Señor de 1585.
Luego de colocar de manera oficial la primera piedra de esta gran obra, se levantó enseguida una funcional iglesia de adobe para albergar la imagen de la Virgen del Socorro. Esta estructura que además contenía cal y tierra, como es de imaginar no fue apta para soportar el rigor de los años; sin embargo, aunque modesta pudo hacer frente a una seguidilla de incendios que afectaron su estructura. Lo que no logró hacer el fuego, lo consiguió el violento terremoto de 1583 que derrumbó la iglesia por completo, aunque no será el único terremoto que esta iglesia debió resistir. Los terremotos coloniales les enseñaron a los Franciscanos dos lecciones: Mejorar la técnica de construcción escogiendo mejores materiales para edificar y no dejarse abatir por la adversidad. Tras el derrumbe de la iglesia, los Franciscanos al no tener suficiente apoyo de la ciudadanía de Santiago, enviaron una carta al Rey Felipe II para pedirle financiamiento. El Rey realizó gestiones personales con Su Santidad,
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