Diario de Meyueya
Pedro CastilloApuntes23 de Abril de 2026
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Escuché una frase en la serie de Monster donde el doctor Tenma decía: 'si no tienes bonitos recuerdos, crealos en el presente para que en el futuro tengas esos bonitos recuerdos', escribi una novela de forma mas honesta, es mi diario pasado por el filtro emotivo y mas dramatico que se me ocurre, en fin empezare por el primer capitulo:
Capítulo I — Torpe
Domingo 26 de octubre del 2025.
6:00 a.m. La alarma suena.
Viles se levanta, apaga el móvil y se queda mirando el techo. La misma rutina, el mismo techo. —Otro día más —murmura. La frase es un epitafio—. Quisiera ser rico para dejar de trabajar.
Sale de la habitación. La cocina es un campo de batalla. Sus compañeros de piso habían dejado todo tirado otra vez. Refunfuña, limpia lo justo y se viste rápido.
Tiene tres trabajos. El primero empieza a la una de la tarde. El segundo, en el taller. Y el tercero, el que le toca hoy: recepcionista en el gimnasio, los domingos y lunes por la noche.
11:00 p.m.
Llega al gimnasio cansado y con hambre. Se cambia la camiseta, revisa el turno y comienza su rutina. El lugar está casi vacío.
Mientras ordena unas toallas, revisa el móvil. Un mensaje. Es de una chica del taller: rubia, bonita, de labios rosados. Le propone verse esa noche.
Viles sonríe. —Hoy sí —piensa—. Hoy descanso a mi manera.
12:00 a.m.
Justo cuando está por cerrar, la puerta se abre.
Viles lo dice en voz alta, sin darse cuenta: —¿Quién demonios entrena a esta hora?
No esperaba respuesta, pero alguien la escuchó.
Un chico entra con auriculares y una mochila gris. Camina sin mirar a nadie. —Buenas noches —dice, sin detenerse.
La voz es seca, controlada, sin emoción. Por alguna razón, eso incomoda a Viles.
—Disculpa, hermano, no lo decía por ti —responde, nervioso.
Aquel chico no reacciona. Ni siquiera levanta la cabeza. Pasa junto a él y sigue hacia las pesas. Viles lo observa desde el mostrador, confundido. No sabe si lo ignoró o si realmente no lo escuchó. Pero lo que más lo inquieta es otra cosa: ¿por qué le importó?
12:50 a.m.
Viles apaga las luces. El gimnasio quedó vacío.
Siente una molesta punzada de culpa. Tal vez por las palabras groseras al entrar. Tal vez su ego ofendido por ser ignorado. Viles baja, busca, revisa. Nada. —¿En qué momento se fue? —piensa.
Intenta distraerse pensando en la rubia. Pero una voz lo corta.
—Permiso, por favor.
Esa misma voz. Tan seca que parece cortar el aire.
Viles da un salto. —Sí, disculpa… no te vi, jeje —responde, torpe.
El chico pasa sin mirarlo, abre la puerta y se va. Ni un gesto. Ni una palabra más.
Viles lo ve alejarse. —Qué tipo tan arrogante —murmura—. Si no trabajara aquí, le daría un manotazo para que se le despeinen esos rizos.
Furioso, cierra el gimnasio, sube a la moto y arranca hacia su cita.
Pero la noche no sale como planea.
2:00 a.m.
La chica le pide que la lleve a su casa. La conversación fue un desastre. La química, nula. Nada.
De regreso, cansado y frustrado, Viles se deja caer en la cama. —Ridículo —piensa.
Y justo antes de quedarse dormido, una imagen cruza su mente: los rizos de aquel chico, su piel húmeda, su olor limpio a sudor recién hecho. El pensamiento de jalarle esos rizos le provoca una punzada de deseo y confusión. Es un pensamiento ajeno a él, pero su cuerpo reacciona.
De pronto, la puerta se abre sin aviso.
...