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Primera pauta Todo está inventado


Enviado por   •  7 de Julio de 2018  •  Tareas  •  61.836 Palabras (248 Páginas)  •  31 Visitas

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Primera pauta Todo está inventado

Un fabricante de zapatos envía a dos de sus representantes a una región africana para efectuar una prospección de mercado con miras a ampliar el negocio. Uno de ellos manda un telegrama con el mensaje: «Inútil. Stop. Aquí todo el mundo anda descalzo».

El otro, triunfante, avisa de lo siguiente: «Oportunidad fantástica. Stop. Nadie tiene zapatos».

Para el experto en mercadotecnia que no ve zapatos en ningún lugar, no hay esperanza de negocio. Sin embargo, su colega interpreta una situación idéntica como un mar de posibilidades. Cada uno de ellos parte de una perspectiva personal y ambos regresan con una historia bien distinta. Todo en esta vida forma parte de un mundo narrativo, y en el fondo estamos contando nuestras vivencias.

Las raíces del fenómeno son mucho más profundas que una mera cuestión de actitud o de personalidad. Los experimentos efectuados por la neurocirugía demuestran que alcanzamos un grado de comprensión del universo que, aproximadamente, se formula en esta secuencia: primero, nuestros sentidos nos proporcionan información selectiva sobre lo que existe ahí fuera; segundo, el cerebro construye su propia simulación de las sensaciones y, únicamente entonces disponemos de la primera experiencia consciente del entorno. El mundo penetra en nuestra conciencia bajo la forma de un mapa ya dibujado, de una historia ya contada, de una hipótesis, de una construcción prefabricada por nosotros mismos.

Un experimento de 1953 que se ha convertido en todo un clásico, puso de manifiesto para los asombrados investigadores que el ojo de la rana es capaz de percibir únicamente cuatro tipos de fenómenos:1

• Líneas claras de contraste,

• Cambios de iluminación repentinos,

• Perfiles en movimiento,

• Curvas de perfil de objetos oscuros y pequeños.

Una rana no «ve» el rostro de su madre, no puede apreciar una puesta de sol ni el matiz de los colores. Sólo ve lo que necesita «ver» a fin de comer y de evitar que se la coman, es decir, los sabrosos y diminutos insectos y el movimiento repentino de la cigüeña que se dirige hacia ella. El ojo de la rana transmite a su cerebro una información extremadamente selectiva, que sólo registra lo que se ajusta a su estricta categoría perceptiva.

Los ojos de los humanos también son selectivos, aunque su envergadura sea mucho más compleja que la de las ranas. Creemos que podemos verlo todo... hasta que se nos recuerda que las abejas pueden distinguir formas escritas en luz ultravioleta sobre una flor y que los búhos ven en la oscuridad. Los sentidos de cada especie están adaptados para percibir la información imprescindible para su supervivencia. Los perros oyen mejor que los humanos, los insectos detectan los restos moleculares de sus parejas en ciernes a gran distancia.

Sólo percibimos las sensaciones para las que hemos sido programados y, además, nuestra percepción está limitada por el hecho de reconocer únicamente aquello para lo cual disponemos de categoría o mapa de antemano.

El neuropsicólogo británico Richard Gregory ha manifestado: «Los sentidos no nos proporcionan una idea directa del entorno, sólo de 1 ciertos indicios que nos permiten comprobar las hipótesis sobre lo que tenemos delante».2 El neurofisiólogo Donald O. Hebb abunda: «El “mundo real” es un constructor y algunas peculiaridades del mundo científico se hacen aún más borrosas cuando se identifica este dato... El propio Einstein confirmó a Heisenberg en 1926 que no tenía sentido forjar teorías basándose únicamente en datos observables porque “en realidad sucede exactamente lo contrario. La teoría decide lo que podemos observar”.». 

Podemos ver un mapa del mundo, pero no el mundo. Por otra parte, ¿qué clase de mapa tiende a dibujar el cerebro? La respuesta proviene de uno de los dictados de la evolución, de la supervivencia del más fuerte. En esencia se trata de un mapa relacionado con nuestra propia supervivencia, que evolucionó para dotamos, en primer lugar, de información o de sistemas de alerta para protegemos contra los peligros vitales, con la habilidad de distinguir amigos de enemigos, para hallar alimentos y recursos, amén de oportunidades para la procreación. El mundo que se nos presenta está seleccionado y empaquetado de esta guisa, enriquecido hasta cierto punto por las categorías culturales que nos rodean, por lo que aprendemos y por el significado que atribuimos a nuestras experiencias personales e intransferibles.

Veamos con qué precisión dicho mapa y sus categorías gobiernan nuestra percepción. En un famoso experimento, el pueblo meen, de Etiopía, recibió unas fotografías de sus gentes y sus animales pero fueron incapaces de «leer» las imágenes de dos dimensiones. «Tocaron el papel, lo olieron, lo arrugaron y escucharon su crujir, lo hicieron añicos y lo masticaron para averiguar su sabor.»4 Sin embargo las personas de nuestro mundo moderno saben equiparar la imagen fotográfica con el objeto fotografiado a pesar de que ambos sólo se asemejen en un sentido muy abstracto. En una ocasión un pasajero reconoció a Pablo Picasso en un tren y preguntó al artista por qué no pintaba a las personas «tal y como son de verdad». Picasso quiso saber qué quería decir su interlocutor con aquellas palabras. El hombre abrió su cartera, sacó una foto de su esposa y le dijo: «Mire, es mi mujer», a lo cual Picasso comentó: «Es pequeña y lisa, ¿no?». 

Para los meen, la «fotografía» no existía aun a pesar de tenerla en sus propias manos. Sólo eran capaces de ver pedazos de papel brillante. Únicamente a través de la convención de la modernidad reconocemos la imagen fotográfica. Por lo que se refiere a Picasso, la foto era un mero artilugio, bastante distinto de lo que representaba.

Nuestras mentes también están diseñadas para convertir los eventos en narraciones, aun cuando no medie ninguna conexión entre las partes. En sueños, entretejemos con frecuencia las sensaciones más dispares recabadas durante el día para después darles forma narrativa. Cuando estamos totalmente despiertos, somos capaces de justificar el curso de nuestras acciones de forma racional, verosímil y guiándonos por la lógica de causa y efecto, tanto si las razones aducidas expresan realmente las fuerzas emocionales subyacentes como si no. Los experimentos efectuados con individuos que han sufrido alguna lesión en la zona que une los dos lóbulos cerebrales indican que cuando se estimula el lateral derecho para que, por ejemplo, cierren una puerta, el izquierdo, desconocedor de las instrucciones del experimento, producirá una «razón» para justificar la acción que se acaba de realizar aduciendo, por ejemplo, que «había corriente».6

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