Temas Variados
sarajr9129 de Septiembre de 2012
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Retórica y filosofía
Vicente García
INTRODUCCIÓN:
Uno de los problemas que plantea la expresión "pensamiento presocrático" es el de la diversidad de soluciones o teorías transmitidas por los filósofos que precedieron a Sócrates. No se puede hablar de un pensamiento presocrático sino de varios.
Cabe preguntarse, dada la existencia de diversas teorías, si las inquietudes del pensamiento producido con anterioridad a la actividad especulativa socrática ( y, también, a la de sus inmediatos adversarios sofistas), era un pensamiento con una serie de inquietudes recurrentes. Con los filósofos de la costa jónica se inició una reflexión tendente a buscar la causa última del mundo. Da la impresión de ser un pensamiento tendente al saber máximo, un pensamiento que busca ir más allá de lo cambiante para topar con lo permanente y fundante: el agua, el fuego, el Noús, etcétera. Incluso la famosa contraposición entre Heráclito y Parménides, en su vertiente más caricaturesca, tendería a presentar al primero como un radical negador de la causa fundante, reductor de la realidad a cambio, transformación, etcétera, y a presentar al segundo como aquel que afirmaría la imposibilidad de un conocimiento de lo cambiante y sucesible, y defensor de un conocimiento sólo posible de lo permanente, fijo y estable. A fin de cuentas, Parménides estaría defendiendo la obligatoriedad de apartar la consideración especulativa de todo aquello que no gozase de estos tres últimos atributos: permanencia, fijeza y estabilidad. Se puede afirmar que ya en los albores de la filosofía se establece la cuestión de si es posible un conocimiento verdadero de un modo permanente ( es decir, si es posible un conocimiento incrementable pero no corregible): si todo lo que hay es cambiante entonces no es posible la verdad absoluta. El hombre debería conformarse con la verdad relativa.
Pues bien: se puede afirmar que la metafísica clásica, entendida como saber que busca verdades definitivas, inaugurada por los filósofos presocráticos y cultivada por una larga tradición de pensadores, viene teniendo que convivir con persistentes afirmaciones sobre su inviabilidad. Pesa en general una triple denuncia sobre el conocimiento metafísico, una externa a la propia metafísica, y otras dos internas:
- la primera, externa, considera que la metafísica es un ejercicio inútil que nada tiene que ver con las necesidades humanas, y por lo tanto que no supone un progreso para la humanidad; si acaso se trata de un retroceso ya que se invierten inútilmente fuerzas e inteligencias que, dedicadas a otros campos del saber, podrían aportar conocimientos verdaderamente útiles;
- la segunda, ya interna, concierne a la misma tradición metafísica, que se habría enquistado en unos conceptos forjados en sus orígenes, cosificándolos, perdiendo o malentendiendo su sentido original, y perdiendo, por lo tanto, su función aclarativa de la realidad;
- la tercera, última y también interna, se trata de aquellas filosofías ( relativamente recientes) que se han empeñado en mostrar, no ya la inutilidad de la metafísica, sino su imposibilidad intelectual.
En los últimos años se ha venido a añadir una nueva crítica a esta lista clásica de reproches contra la metafísica o filosofía primera. Se trata de la distinción operada por Vattimo entre pensamiento fuerte y pensamiento débil. Vattimo no se contenta con distinguir los pensamientos débiles de lo fuertes. Según el profesor italiano, dado que hace ya tiempo que han fracasado los pensamientos fuertes, no se trata tanto de dejar de pensar sin más, sino de inaugurar una nueva forma de pensamiento: un pensamiento débil, que se distingue del fuerte, entre otras cosas, por adoptar una técnica de razonamiento no rígida ( como la lógica), sino flexible ( como la retórica), y ello a pesar de que dicho instrumento flexible de razonamiento impida alcanzar tesis tan universales como las que, en su día, conformaron el pensamiento metafísico .
La meditación que relaciona a la retórica y a la filosofía no es ni nueva ni reciente. Haría falta remontarse más de veinte siglos para localizar el primer debate público en el que se discutió sobre las diferencias habidas entre retórica y filosofía, y los beneficios que cabría certeramente esperar del cultivo de ambas disciplinas. Pero como ocurre a menudo en la historia, los problemas, los conflictos (y también las soluciones y los acuerdos), se repiten sin repetirse. En lo que se refiere a nuestro caso, también ahora se dan enfrentadas filosofía y retórica; pero no como antaño: ya no se trata de imponerse la una a la otra en el sistema educativo, sino para lograr sustituir la primera (la filosofía) por la segunda (la retórica). Dicho de otro modo: en la actualidad la promoción que de sí misma hace la retórica no consiste en presentarse como agente educador preferible a la filosofía; la retórica, en la actualidad, se presenta como un instrumento de búsqueda de la verdad más apropiado que el filosófico.
Por muy radical que aparezca este propósito (e incluso por muy radical que resulte ser a la postre), resultaría injusto no advertir que no se trata de un propósito injustificado de novedad, o de revitalización de la aparentemente extenuada tradición intelectual occidental. Para lograr emitir un juicio ponderado acerca de la reciente pretensión de sustituir la filosofía por la retórica, resulta necesario tener en cuenta, al menos, dos puntos:
- primero: que se trata de una pretensión que sucede al balance sobre el final de la filosofía, entendida en el sentido clásico; tras unos primeros diagnósticos que dictaminan el final de la filosofía (es decir, el final de esa actividad teórica sistemática que se vino llamando filosofía), y tras una etapa de complacencia un poco morbosa en ese resultado final, se propone ahora superar la afirmación de la vacuidad del discurso fundamentante (es decir, filosófico), gracias a la rehabilitación de un modo de pensar sin pretensiones sistemáticas ni fundantes, sin arrogarse un valor de verdad definitivo, y al que cabría calificar de retórico;
- segundo: que occidente ha sufrido y ha extendido su sufrimiento, al menos en los primeros 50 años de este siglo, a través de prácticas políticas inspiradas y basadas en discursos con pretensiones fundantes y con pretensiones de valor absoluto de verdad (así por ejemplo el comunismo real, y el nacional socialismo). Esto ha podido influir poderosamente en la intelectualidad. Más concretamente, esas consecuencias políticas perniciosas han servido de acicate para inaugurar una forma de pensamiento capaz de esquivar prácticas políticas totalitarias.
Por eso para llegar a categorizar, en la medida de lo posible, un fenómeno tan plural y variado como la actual rehabilitación de la retórica como sustituta de la filosofía, resultaría necesario tener en cuenta tanto el discurso justificativo sobre el final de una teoría fundante , como el pensamiento retórico como un pensamiento probable, sin olvidar un concepto de verdad no teórico sino práctico (es decir la verdad como algo que se da más en la praxis que en la teoría).
A lo largo de este trabajo se va a procurar mostrar:
- que no es casual que la renuncia al pensamiento metafísico vaya acompañada de una rehabilitación de la retórica;
- que la filosofía no es identificable con la retórica, en lo concerniente a su versión metafísica.
1. LA POLÉMICA ENTRE FILOSOFÍA Y RETÓRICA:
1.1 La postura platónica:
a. En "La República":
En el libro X de su República, Platón, hablando de la ciudad ideal, considera oportuna la prohibición de la poesía, exceptuando ciertas circunstancias. Diciéndolo de un modo drástico, según Platón la poesía pervierte al ser humano e imposibilita la conquista de un orden social justo. Sólo en el caso en que el poeta estuviese dispuesto a prologar sus obras con advertencias acerca del riesgo de perversión que pueda sustraerse, cabría readmitir la poesía.
Platón, a la hora de examinar la índole de la poesía, parte de sus presupuestos metafísicos y epistemológicos, es decir, de un mundo de las Ideas, mundo real y verdadero, y del que nuestro mundo no es sino una imitación. La filosofía es un proceso mediante el cual el hombre, a partir del conocimiento de la imitación, pretende elevarse hasta el conocimiento del mundo de las Ideas, para alcanzar de ese modo la ciencia. En cambio, la poesía, al ser una imitación de la imitación, aleja al hombre de la verdad y le engaña.
Pero la crítica de Platón a la creación poética no se limita a considerarla como un factor que impide la justa percepción de la verdadera realidad, sumiendo, a quien desconoce su carácter imitativo de la imitación, en el error. También desde un punto de vista moral hay dos tipos de poesías que merecen su especial desaprobación: la poesía trágica y la voluptuosa. Ambas son reprobables porque incitan al hombre a desentenderse de las normas de comportamiento inscritas en la parte racional de su ser, normas que le empujan primero a no dejarse llevar por sus pasiones, y segundo a desembarazarse definitivamente de ellas. La tragedia, por incitar a dar comba suelta a las expresiones de dolor y de amargura, y la poesía voluptuosa, por incitar a delectarse en los placeres corporales, son reprobables y no se ajustan a justicia.
En un principio las convicciones platónicas según las cuales la poesía engaña
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