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Educación Como Mecanismo De Inclusión En Venezuela


Enviado por   •  24 de Octubre de 2011  •  7.337 Palabras (30 Páginas)  •  1.500 Visitas

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Educación como mecanismo de inclusión en Venezuela

La educación es un mecanismo indispensable para la inclusión social, es a través del que los jóvenes pueden formarse y tener la posibilidad de insertarse en la sociedad a través de un empleo profesión, es por eso que la educación debe ser libre y gratuita para que todos los sectores sociales puedan acceder a ella. Un niño que no tiene la posibilidad de educarse es un niño excluido de la sociedad, marginado y eso es una injusticia. Por supuesto que ahí no acaban los problemas, la educación además de libre y gratuita debe tener el mismo nivel de excelencia que la privada, porque si no estamos nuevamente frente a una falta de equidad en cuanto a las oportunidades que tienen los niveles altos de la sociedad y los pobres. Educarse es un DERECHO que toda persona debe tener y es un DEBER del estado proporcionar los medios para que este derecho pueda hacerse efectivo.

Educación, valores y cohesión social

La nueva etapa del proceso de mundialización está caracterizada por una creciente interacción entre los procesos económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales de índole mundial y los de índole nacional o regional; por cambios en la percepción del espacio y del tiempo, consecuencia de la revolución de las comunicaciones y de la información (particularmente por su grado de penetración y su instantaneidad); por una tensión entre lo global y lo local, entre lo homogéneo y lo heterogéneo; por la emergencia de una cultura de la virtualidad; por la acción y reacción de las identidades, a través de la puesta en marcha de una pluralidad de movimientos de auto-definición con base religiosa, nacional, territorial, étnica y de género; y por fuertes tensiones entre la dinámica y el desarrollo de las dimensiones económica y tecnológica frente a las dimensiones política, jurídica, cultural, ambiental y de género.

Al finalizar la década de los 90, más allá de los avances sectoriales, nos encontramos con sociedades más pobres y desiguales. Esta situación se agrava si tenemos en cuenta que en los últimos años se desataron procesos recesivos que colocaron a las sociedades periféricas, valga el ejemplo de América Latina, en situaciones de fragilidad mayor y que en el campo político se reflejaron en el debilitamiento de las bases de legitimidad.

Esta serie de cambios está dejando sus huellas en la dinámica social y política y ha favorecido un aumento de las desigualdades, tanto a nivel global como en el interior de las sociedades.

Están afectando directamente a los modelos hasta ahora vigentes de organización e introduciendo modificaciones de cierta envergadura en la estructura y el funcionamiento de nuestras sociedades.

Entre las consecuencias de dichos cambios debemos destacar la ruptura de los modos tradicionales de integración social. El informe Delors ya advertía en 1996 que "no se puede dejar de observar hoy día en la mayoría de los países del mundo una serie de fenómenos que denotan una crisis aguda del vínculo social". Entre esos fenómenos cabe mencionar el desarraigo que provocan las migraciones y el rápido abandono del medio rural, la dispersión de las familias, la urbanización desordenada o la ruptura de los modos tradicionales de solidaridad basados en la proximidad. La confluencia de estos fenómenos, se decía en el informe, ha creado una situación en la que asistimos, en términos generales, a "una impugnación, que reviste diversas formas, de los valores integradores".

Sociedad y cambios tecnológicos

El conocimiento y la información son variables claves en la generación y distribución del poder en nuestras sociedades, donde la pugna por concentrar su producción y su apropiación es tan intensa como lo fue históricamente la desarrollada por conseguir los recursos, la fuerza y el dinero.

La sociedad informacional, además de modificar la productividad, la riqueza y las relaciones de poder, genera rupturas en las formas de simbolización y apropiación del espacio local como referencia para la vida colectiva y personal. A la vez que el espacio globalizado moderno – construido según las normas de la ingeniería y la arquitectura urbana- permanece como un territorio con fronteras sólidas, todo el entramado social que alberga esa contextura material y concreta se ve sacudido por el impacto de las tecnologías innovadoras, en tanto que instauran un nuevo marco referencial para el conjunto de la sociedad, con especial significación para los más jóvenes (Echeverría, 1999).

En otras palabras, en la sociedad del conocimiento y la información, la mediación de la tecnología dejó de ser algo instrumental para transformarse en estructural. El gran cambio consiste en comprender que "la tecnología remite hoy no a unos aparatos sino a nuevos modos de percepción y de lenguaje, a nuevas sensibilidades y escrituras" (Martín Barbero, 2000).

La nueva economía depende en forma creciente de las innovaciones científicas y sus aplicaciones tecnológicas. Las modalidades de producción tienen un alto valor agregado en términos de conocimiento. Por primera vez en la historia de la humanidad la información y el conocimiento son a la vez el principal insumo y el principal producto.

Pero la velocidad de asimilación de los cambios tecnológicos es proporcional al nivel de acceso al mismo, algo que reproduce y aún amenaza con acrecentar las fuertes asimetrías que se producen en la población mundial. Un gran número de países viven de modo desigual el ingreso a esta nueva sociedad. Las nuevas tecnologías no tienen un crecimiento y una distribución pareja a lo largo y ancho del planeta. Su expansión se produce en el marco de estructuras sociales y productivas consolidadas, que albergan largas tradiciones. Los efectos de su desarrollo se producen e inciden desigualmente en el centro y en la periferia del sistema mundial.

Esta brecha, por lo tanto, adquiere mayor dimensión cuando corroboramos que, ante la complejidad de los nuevos patrones de organización social y económica y fundamentalmente a partir de las políticas des-reguladoras de los años ochenta y noventa, lejos de generarse más igualdad e integración social, se ha provocado un incremento del malestar y la incertidumbre, un aumento de las desigualdades, una ampliación de los sectores vulnerables y de los excluidos, una disparidad de oportunidades y una inestabilidad laboral cuyo impacto se ha traducido en un acceso desigual a servicios como la educación4, la salud, la protección social, el agua o la electricidad.

Se ha producido lo que Alain Tourraine comentaba en un artículo publicado en el

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