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El Embrión Humano, Un Ser Autónomo En Comunicación Con Su Madre Desde Sus Primeros días De Vida… Evidencias Científicas


Enviado por   •  31 de Julio de 2011  •  2.400 Palabras (10 Páginas)  •  819 Visitas

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Dr. José Manuel Madrazo Cabo*, Dr. Javier Marcó Bach**

*Médico-Cirujano, especialidad en Ginecología y Obstetricia, subespecialidad en Urología Ginecológica, Maestría en Ciencias Médicas. Coordinador Académico del Diplomado Médico de “Métodos para la detección de la Fertilidad” y alumno del Doctorado en Bioética, Facultad de Bioética- Universidad Anáhuac.

* Catedrático en Fisiología de la Universidad de Santiago (España) y Universidad Panamericana (México), Doctor en Ciencias y en Farmacología, investigador en endocrinología de la reproducción, Profesor del Diplomado Médico de “Métodos para la detección de la Fertilidad” Facultad de Bioética – Universidad Anáhuac.

En la actualidad los avances de la Ciencia Médica han permitido profundizar en el conocimiento del desarrollo embrionario desde la fecundación y demostrar que esta entidad biológica única está destinada a coordinar completamente su desarrollo y así sobrevivir en comunicación con su madre.

El inicio de esta comunicación se da antes de la fertilización, ya que en el espermatozoide existen receptores específicos (ZP1, ZP2, ZP3) para poder unirse a la zona pelúcida del ovocito, con la finalidad de promover la fecundación. Después de la penetración del espermatozoide, el óvulo fecundado protege su individualidad al inactivar dichos receptores, proceso llamado reacción zonal (38, 39, 42). Esto origina además la liberación de enzimas hidrolíticas por los gránulos corticales y la despolarización de la membrana del ovocito, con la liberación de calcio por la calmodulina y el consecuente aumento del calcio intracelular, para iniciar la síntesis de proteínas y finalizar la meiosis, con la liberación del segundo cuerpo polar (1).

Después de ello, los pro-núcleos femenino y masculino, cada uno con 23 cromosomas, se alinean para fusionar su material genético y generar en el embrión resultante su identidad biológica, como ser único e irrepetible en el mundo vivo. El embrión tiene un nuevo genoma con 46 cromosomas, cuyos genes contienen la información completa para el desarrollo de una nueva vida. Actualmente se sabe que es importante que la información genética provenga en parte del padre y en parte de la madre por el fenómeno denominado impronta genética (imprinting o sello). Se debe a que hay unos 200 genes que en el espermatozoide están encendidos para el desarrollo de la placenta, mientras que en el ovocito están encendidos para el desarrollo del embrión, de forma que sin esa complementaridad de los gametos hay problemas, ya que no se produce un desarrollo embrional normal (2).

El nuevo genoma del embrión recién formado contiene la información necesaria para promover la producción de mediadores orgánicos, tanto en el embrión como en la madre, para que por estímulo del embrión, logre implantarse en el interior del útero y continuar su desarrollo. El proceso de implantación es sumamente sensible al entorno que le rodea, que promueve la integración de múltiples factores, y donde cada uno de los pasos requiere de una gran precisión, lo que hace muy complicado el estudio experimental del proceso de implantación del embrión humano. Pero a pesar de ello, el proceso de la reproducción humana está lejos de garantizar el éxito del desarrollo y la supervivencia de dicho ser autónomo, ya que se ha observado que se pierde el 46% de los embarazos antes de ser detectados clínicamente y cerca del 15% de los embarazos detectados clínicamente, culminan en abortos en el primer trimestre. Las pérdidas obedecen a un proceso de selección natural, regido por leyes aún no bien conocidas. Se ha observado que de los abortos del primer trimestre, del 50 al 60% tienen anomalías cromosómicas, y que de los embriones concebidos el 7.5% poseen anomalías cromosómicas. Sin embargo, gracias a este proceso regulatorio, sólo uno de cada 200 nacimientos (0.5%) poseen anomalías cromosómicas (1).

Un requisito indispensable para la implantación es la ruptura de la zona pelúcida o “hatching”, siendo el blastocisto capaz de romper la zona pelúcida en el interior del útero, in vitro o en lugares ectópicos, lo que indica que no se necesita de la participación obligada del endometrio para lograrse dar este proceso fisiológico (3).

El embrión desde el primer día del embarazo promueve la producción y la liberación por el ovario del factor temprano del embarazo, mismo que a partir del día 6 o 7 lo produce el propio embrión. Este factor tiene propiedades inmunosupresoras y está asociado con el crecimiento y la proliferación celular. A su vez, el proceso de proliferación celular no se da de manera asincrónica, sino que desde la etapa de blastómera del embrión existe una importante “comunicación celular” por medio de uniones tipo gap (gap junctions), semejantes a los desmosomas primarios (1, 3).

El embrión obtiene su fuente de energía para su desarrollo mediante la síntesis de ATP, a partir del metabolismo de los monosacáridos, siendo los principales sustratos el piruvato, lactato y glucosa. Inicialmente utiliza el piruvato, ya que su contenido es mayor en la trompa, requiriendo posteriormente al llegar al endometrio de glucosa, por lo que es capaz de modificar su metabolismo para su desarrollo. El embrión dispone además de sistemas de transporte de aminoácidos y es capaz de sintetizar lípidos de novo. Por lo tanto, el embrión modula su metabolismo en función de los sustratos que el ambiente materno le proporciona para su desarrollo, de igual manera como lo hacemos los seres humanos ya nacidos (3).

Por otro lado, sabemos que el estímulo promotor de la continuidad del embarazo durante las primeras semanas, es la producción de progesterona por el cuerpo lúteo de la madre, que a su vez depende de la presencia de la hormona gonadotropina coriónica (HCG), secretada por el embrión. Se ha demostrado que el embrión promueve la producción de esta hormona al inicio de su desarrollo, ya que se puede detectar la presencia de RNA mensajero para la transcripción de la HCG en embriones en el estadio de 6 a 8 células, lo que es una evidencia de la producción de HCG por el embrión antes de la implantación (1). Desde ese momento, la expresión del genoma embrionario es una realidad, lo que inicia la producción de factores que propician el desarrollo autónomo del embrión, como veremos a continuación (3).

Sabemos que la fase lútea media, que va de los días 20 a 24 del ciclo, es la etapa idónea para implantación, denominándose como la ventana de recepción endometrial para el embrión. Pero la implantación se puede producir gracias a la presencia de HCG producida por el embrión, que mantiene el cuerpo lúteo materno, que

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