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EL ARTE DE ACOMPAÑAR EN PSICOTERAPIA


Enviado por   •  19 de Julio de 2011  •  1.187 Palabras (5 Páginas)  •  725 Visitas

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EL ARTE DE ACOMPAÑAR EN PSICOTERAPIA

EL ARTE DE ACOMPAÑAR EN PSICOTERAPIA

HUMILDAD Y BUDISMO ZEN

Una parte esencial del deber ético de un psicoterapeuta es acompañar a sus pacientes en el camino de la resolución efectiva de su vida.

Suena fácil. Se dice rápido. Como si acompañar fuera algo sencillo que aprendemos al nacer. Sin embargo, acompañar dista mucho de ser algo espontaneo.

En su sentido trascendente, acompañar presupone, en primer lugar, un grado mínimo de intimidad con uno mismo. Exige un esfuerzo continuado de desarrollo personal; apertura hacia lo nuevo y lo desconocido, imaginación y espíritu de riesgo. Pero acompañar implica sobre todo, conciencia de la propia humanidad y de la consecuente parcialidad e imperfección de los propios juicios. Requiere por lo tanto, una dedicación constante y permanente en busca del conocimiento de la realidad (uno mismo incluido), que trascienda racionalizaciones o intelectualizaciones y que vaya, además, más allá de la dualidad bueno-malo.

En esencia, acompañar es una actividad compleja y delicada. Casi espiritual. Tanto así que en ocasiones —y una de estas ocasiones es precisamente la de la relación psicoterapéutica— acompañar es prácticamente un arte.

Acompañar a una persona sesión tras sesión no supone ser un súper hombre o una súper mujer, pero sí estar permanentemente abierto a su persona, en cuanto a que reconocemos que esta es igualmente <sagrada> que la nuestra.

La práctica de la humildad (en un sentido profundo) y del budismo Zen juegan en el arte de acompañar un papel preponderante.

Acompañar deriva del latín companio, onis y compania. Estos vocablos proceden de panis, pan, queriendo con ello significar: comer el pan junto. También comer o beber cierto alimento junto con otro. Jesús se hizo acompañar de sus apóstoles en la última cena para comer el pan y beber el vino, para dar un ejemplo. Nosotros acompañamos el almuerzo con una botella de vino, para dar otro.

Acompañar se usa también para expresar el deseo de participar en la alegría o el dolor de los demás —<te acompaño en tu pena>— decimos al dar el pésame. Se usa para denotar el acompañamiento de una melodía, al tocar un instrumento para que un cantante o solista ejecute su parte, o para informar que estamos enviando junto con la carta —o sea, que estamos acompañándola de una lista de precios; o que acabamos de mandar junto con la denuncia —o sea, la hemos hecho acompañar de las pruebas.

Se trata en suma, de una de esas palabas sublimes que no obstante, son susceptibles de perder su alma por el empleo frecuente de su significado trivial. O quizá, más bien por la trivialización de su significado sublime.

Amigos del acompañar serían: compartir la comida, escuchar música juntos, la alegría, la amistad, la participación, las condolencias. También nutrir, la solidaridad, empatizar, conocer o interesarse. Enemigos: el autoritarismo, la Directividad, la proyección y el utilitarismo, entre otras prácticas que amenazan siempre con convertir el acto de acompañar en un instrumento de control y de manipulación del otro.

Cuando acompañar se refiere a estar al lado de una persona (un paciente) en el diario descubrimiento de su propio destino, es preciso ejercer, simbólicamente algunas de las actividades antes listadas.

Por ejemplo, salvo excepciones, no compartiremos el pan y el vino con nuestros pacientes. Tampoco la música. Tendremos, pues que <traducir> estos actos en actitudes. Gestos o palabras que emanen de la asimilación profunda de su significado humano (si es que deseamos hacer justicia al sentido originario y trascendente de la acción de acompañar al otro que pretendemos realizar).

Pero,

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