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Resumen Populorum Progressio


Enviado por   •  23 de Febrero de 2020  •  Resúmenes  •  1.246 Palabras (5 Páginas)  •  21 Visitas

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CARTA ENCÍCLICA POPULORUM PROGRESSIO

DEL PAPA PABLO VI

A LOS OBISPOS, SACERDOTES, RELIGIOSOS Y FIELES DE TODO EL MUNDO Y A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD SOBRE LA NECESIDAD DE PROMOVER EL DESARROLLO DE LOS PUEBLOS

(Resumen)

PRIMERA PARTE

Por un desarrollo integral del hombre

I. Los datos del problema (n. 6-11)

Muchos hombres, pertenecientes al tercer mundo se encuentran en estado de miseria humana. Otro problema es el desequilibrio creciente entre las naciones: unas crecen desmesuradamente mientras que otras, incluso, decrecen. Como un tercer problema es el irrespeto a la dignidad humana y con ésta los derechos y deberes que cada ser humano posee.

II.  La Iglesia y el desarrollo (n. 12-21)

Fiel  al enseñanza y al ejemplo de su divino fundador (cf. Lc7, 22), la iglesia nunca ha dejado de promover la elevación humana de los pueblos, a los cuales le ha llevado y continua llevando la fe en Jesucristo. La presente situación del mundo exige una acción de conjunto, que tenga como punto de partida una clara visión de todos los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales. Por lo tanto el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico, pues para ser auténtico debe ser integral.

Es necesario recordar que todo crecimiento es ambivalente: uno para que el hombre se realice y el otro con el que con su poder se convierte en tirano.

III. Acción que se debe emprender (n.  22-42)

El reciente Concilio lo ha recordado: “Dios ha destinado la tierra y todo lo que en ella se contiene, para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes creados deben llegar a todos en forma justa, según la forma de la justicia, inseparable de la caridad.”

El bien común exige, algunas veces, la expropiación de posesiones que sirven de obstáculo a la prosperidad colectiva. Así como también a la aprobación de los bienes que sirven para el desarrollo, como es el caso de la industrialización. En este sentido el hombre con su trabajo, al mismo tiempo que se humaniza o deshumaniza, colabora al desarrollo común de todas las sociedades, por eso Juan XXIII ha recordado la urgencia de restituir al trabajador su dignidad, haciéndole participar realmente de la labor común: se debe tender a que la empresa se convierta en una comunidad de personas en las relaciones, en las funciones y en la situación de todo el personal. Es importante recordar que el trabajo para que sea productivo ha de ser humanizador, y para que sea humanizador ha de permanecer inteligente y libre, pues de lo contrario deshumaniza y conduce a la miseria.

Es menester tener claro que todo tipo de programa y planificación debe estar al servicio del hombre. Porque todo programa concebido para aumentar la producción, al fin y al cabo no tiene otra razón de ser que el servicio de la persona. Si existe es para reducir desigualdades, combatir las discriminaciones, librar al hombre de la esclavitud, dado que el hombre no es verdaderamente hombre, más que en la medida en que, dueño de sus acciones y juez de su valor, se hace él mismo autor de su progreso, según la naturaleza que le ha sido dada por su Creador y de la cual asume libremente las posibilidades y las exigencias, ya sea como miembro de una familia, profesión y estatus social, además ha de ser por sí mismo agente responsable de su mejora material, de su progreso ciudadano, moral y de su desarrollo espiritual.

SEGUNDA PARTE

El desarrollo solidario de la humanidad

Introducción (n. 43-44)

El desarrollo integral del hombre no puede darse sin el desarrollo solidario de la humanidad. Sugeríamos también la búsqueda de medios concretos y prácticos de organización y cooperación para poner en común los recursos disponibles y realizar así una verdadera comunión entre todas las naciones.

  1. Asistencia a los débiles (n. 45-55)

Llamamientos angustiosos han resonado ya, como lo hizo Juan XXIII, pero todo ello, al igual que las inversiones privadas y públicas ya realizadas no bastan, porque no se trata solo de vencer el hambre sino de  construir un mundo donde todo hombre, sin excepción de raza, religión, o nacionalidad, pueda vivir una vida plenamente humana, emancipado de las servidumbres que le vienen de parte de los hombres y de una naturaleza insuficientemente dominada.

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