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LA MUERTA ENAMORADA


Enviado por   •  17 de Marzo de 2013  •  677 Palabras (3 Páginas)  •  384 Visitas

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La muerta enamorada – Théophile Gautier

El mito del vampiro ha dado grandes obras a la literatura. En La muerta enamorada tenemos un precedente que entronca con esa tradición y que introduce la figura de la mujer como criatura perturbadora que debe alimentarse de la sangre de un hombre para escapar de la muerte. Théophile Gautier esbozó en esta novela breve unas líneas que posteriormente serían desarrolladas por muchos otros autores, aunque el estilo romántico, sensual y mágico del fr1

Sr. Molina 13/mayo/2011Reseñas

ancés hace del relato una pequeña obra maestra del horror.

Como imaginarán, el argumento es muy sencillo. Un sacerdote ya anciano rememora los sucesos que la acaecieron siendo un joven novicio a punto de tomar sus votos. En la iglesia donde se lleva a cabo la ceremonia observa a una joven de belleza exultante, que por supuesto le prenda de una forma casi enfermiza. Aunque su superior le destina a una pequeña parroquia muy alejada, una noche recibe la visita de un hombre que le pide que dé la extremaunción a su señora Clarimonde; ésta resultará ser la misteriosa joven que le encandiló, pero su estado dista mucho de ser terminal. Aunque no sabe muy bien cómo sucede, el sacerdote pronto se encuentra en una suerte de vigilia constante, sin saber qué es real y qué no. Pronto no tendrá más remedio que recurrir a fuerzas que creía inexistentes para enfrentarse al mal que le subyuga.

Pese a que hogaño las variaciones sobre el tema han sido ya explotadas por doquier, la inocencia y la belleza que se respiran en la páginas de La muerta enamorada son difíciles de remedar. Gautier incide en la engañosa visión que el joven e inexperto sacerdote tiene de su amor: no es tan importante el que la mujer sea una vampira, sino el hecho de que él no distingue entre realidad y sueño. Para el muchacho, la pasión devoradora que la causa esa beldad es tan destructiva como insoslayable: la fe, a la que su abad apela una y otra vez para salvarle de la tentación, no le sirve de nada. El propio protagonista y narrador confiesa al final del libro que «el amor de Dios no fue suficiente para reemplazar al suyo»; la metáfora del amor destructivo es sublime, ya que el autor confronta la vocación del protagonista con su imposibilidad de renunciar a la pasión terrena.

El romanticismo de Gautier se pone de manifiesto en el tratamiento sensual de esa relación malsana y equívoca. Las descripciones de la mujer y de los encuentros entre ambos son hermosísimas, plagadas de imágenes ricas en colorido y de una viveza hoy ya poco apreciada:

La palidez de sus mejillas, el rosa desvaído de sus labios, sus largas pestañas entornadas que recortaban una franja negra sobre aquella blancura, le daban un aspecto de castidad melancólica y de sufrimiento pensativo, de una potencia de seducción

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