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La Diversidad Cultural Como Debate Contemporáneo


Enviado por   •  27 de Julio de 2011  •  3.561 Palabras (15 Páginas)  •  3.638 Visitas

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EL LIBRO Y LA LECTURA EN LOS CONTEXTOS DE LA DIVERSIDAD CULTURAL

Isadora de Norden

Directora del Centro Regional para el fomento del libro y la lectura en América latina y el Caribe (CERLALC)

Madrid

2006

Uno de los temas centrales en el debate contemporáneo de las ideas es el de la diversidad cultural. Sus resonancias recorren los escenarios más diversos, desde los económicos y políticos hasta los culturales y científicos. Se trata no solo de una perspectiva del pensamiento, sino sobre todo una forma de comprensión de la convivencia en tiempos de multiculturalidad.

La globalización ha reanimado el contraste entre estandarización e identidad, ha resaltado la importancia de los flujos e intercambios globales, pero también ha vitalizado las afirmaciones regionales y las voces locales. Boaventura De Souza Santos ha llamado la atención sobre lo que denomina una globalización ascendente, es decir, que provenga más de los grupos sociales que de los grandes grupos hegemónicos y el brasileño Renato Ortiz escribe que la mundialización de la cultura se revela a través de lo cotidiano.

La conformación de sociedades multiculturales, las grandes diásporas de habitantes del Sur hacia los países del Norte, el intercambio activo entre culturas que facilitan las nuevas tecnologías, la circulación de bienes y servicios culturales como el libro en mercados extendidos o las tensiones que se viven en conflictos que tienen fuertes ingredientes étnicos, son apenas algunas de las realidades que han hecho de la diversidad cultural un tema central de la agenda pública mundial. Nada más decisivo que este horizonte en un mundo en el que se afianza la idea del peligro del Otro, en el que se construyen barreras físicas y simbólicas frente a las migraciones o en el que los bienes y servicios culturales corren el peligro de convertirse en simples mercancías.

LA BIBLIODIVERSIDAD COMO EXPERIENCIA CULTURAL

La Convención sobre la protección y promoción de la Diversidad de las expresiones culturales que lidera la UNESCO y que respaldan 148 países, es el esfuerzo más importante por tratar de incorporar la diversidad cultural en la vida de las sociedades, por pasar de los enunciados a las decisiones reales y viables.

En esta propuesta se entiende la diversidad como experiencia de múltiples y originales identidades, como espacio de interculturalidad y como persistencia y reconocimiento de las diferencias en contextos globales. Pero también, como fuente de intercambios, creación e innovación, patrimonio común y ampliación de las posibilidades de elección.

La diversidad cultural se manifiesta no sólo en las diversas formas en que se expresa, enriquece y transmite el patrimonio cultural de la humanidad mediante la diversidad de expresiones culturales, sino a través de distintos modos de creación artística, producción, difusión, distribución y disfrute de las expresiones culturales, cualesquiera que sean los medios y tecnologías utilizados”.

Desde hace años, en el mundo del libro y la lectura se ha hablado de “bibliodiversidad”, término sugerente y evocador.

La aparición de la escritura y del libro ha estado presente, de la manera más definitiva, en la construcción de la humanidad. Y esto quiere decir, en nuestros “modos de ser y de soñar”, como bellamente definió Carlos Fuentes a la cultura. A lo largo de milenios, el libro ha participado en el diseño de las sociedades, en los rumbos de la economía, en la imaginación de los sistemas políticos. También en el enriquecimiento de la intimidad, en la defensa de las libertades civiles, en la promoción de la deliberación racional que hace posible la convivencia, y en el estímulo permanente del arte que nos reconcilia ética y simbólicamente con nuestros mas profundos deseos y expectativas.

El libro, de cara a esta compresión de la diversidad cultural, promueve el pluralismo de las identidades y es una de las escenas más ricas de interculturalidad, tal como lo señaló el colombiano Arturo Escobar al hablar de ella como “diálogo entre las culturas en contextos de poder”. Basta explorar las mesas de una librería o los estantes de una biblioteca. Los libros componen el entrecruce de caminos por donde se desplazan las ideas y las emociones, los puntos de vista y las interpretaciones en juego, con una amplitud que la humanidad reconoció desde sus primeros días al darle un sentido fundacional a la libertad de expresión y de pensamiento.

En un mundo globalizado, el libro y la lectura permiten el reconocimiento original, allí donde podría haber peligros de uniformidad, animan una selección tan inmensa como la propia circulación de libros y recuerdan que mucho más que mercancías, los libros son componentes centrales de la cultura y la vida social. Si los libros habitan en el mundo del mercado sobrepasándolo ya sea por su inserción en la educación o en el entretenimiento, en la deliberación o en la reflexión, su carácter de bienes culturales les confiere un significado social maravilloso. Es por esta razón que un denso movimiento por la diversidad cultural recorre nuestros países y se hace presente en las discusiones de libre comercio y en los escenarios económicos internacionales, demostrando que la música o el cine, los libros o las producciones audiovisuales, no pueden ser entendidos como simples mercancías.

La cartografía de Iberoamérica está compuesta por una pluralidad muy grande de lenguas y dialectos que comparten el espacio cultural con el español, el portugués, el francés y el inglés. Se habla en aymara y en quechua, en sikuani o en zapoteca y al hacerlo lo que hay detrás de las estructuras lingüísticas, es una historia de siglos de resistencia, de luchas por identidades amenazadas, de modos de ser que componen eso que hoy llamamos diversidad cultural y a la que han aportado tanto y tan efectivamente las comunidades indígenas del continente. Ya sean lenguas que están a punto de desaparecer como la kiliwa, hablada por una docena de personas mayores que habitan en las serranías desérticas de Arroyo de León en México o lenguas con millones de hablantes, generalmente pobres, de Bolivia, Perú, o Ecuador. Los movimientos indígenas latinoamericanos promueven la valoración social de sus lenguas como una de las dimensiones de sus luchas políticas, sociales y culturales y la bibliodiversidad debe promover estos esfuerzos, con publicaciones

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