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Casas Muertas


Enviado por   •  13 de Abril de 2013  •  Trabajos  •  2.741 Palabras (11 Páginas)  •  827 Visitas

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República Bolivariana de Venezuela

Ministerio del Poder Popular para la Educación

U.E.I. “Jesús es Señor”

Zaraza Estado Guárico

Profesora: Integrantes:

Yuly Femayor Machuca Adrianny

Nieves Rubén

Quintana Daniel

Zapata Ronsagela

Abril, 2.013

Índice

Casas Muertas 3

Características principales de la obra: 3

Biografía del Autor 4

Personajes principales y secundarios 6

Toma, acción o ambiente 9

Estructuración del tiempo en el relato 10

Tipo o tipos de narrador que se encuentran en la historia. 11

Formas Expresivas y registros del habla que hay en la novela 11

Formas Literarias de la Obra: 11

Imágenes sensoriales 12

Mensaje o Reflexión de la novela 14

Bibliografía 15

Casas Muertas

Características principales de la obra:

La novela casas muertas es una novela muy romántica, aunque se desarrolla en un paisaje no muy romántico, ya que en el pueblo donde se desarrolla la historia es un pueblo solitario, y a este pueblo le cayó una enfermedad y se fue destruyendo poco a poco las personas se fueron del pueblo de Ortiz, muchas otra murieron y las pocas que quedaban no tenían esperanza de vida.

El personaje principal de esta novela es Carmen rosa. Carmen rosa le gustaba mucho imaginar que ella vivía en los tiempos cuando Ortiz estaba lleno de vida. Ella desde muy pequeña emplea su imaginación e inteligencia en imaginar viviendo en esos tiempos en que Ortiz era la capital de Guárico.

Carmen rosa vivió un amor muy lindo junto a Sebastián ellos pasaron de odiarse a amarse en tan solos unos minutos.

Biografía del Autor

(Barcelona, Venezuela, 1908 - Caracas, 1985) Poeta, novelista y periodista venezolano, uno de los máximos exponentes de la literatura social en su país.

Miguel Otero Silva participó activamente en las revueltas estudiantiles de febrero de 1928 y también en la conspiración militar del 7 de abril de ese año y la aventura, al año siguiente, de una proyectada invasión por las costas de Falcón. Estos fueron los síntomas anunciadores de lo que iba a ser su actitud vital más constante: una pasión genuina por la justicia social, la insumisión ante las tiranías, la fe en las posibilidades de transformación de la sociedad venezolana.

Oriundo de Barcelona, la capital del estado Anzoátegui, su padre, Henrique Otero Vizcarrondo, pertenecía a una familia de hacendados que se enriqueció al descubrirse que sus tierras atesoraban asfalto y petróleo. Cuando tenía seis años, Miguel se trasladó a Caracas con su familia, que se instaló en el barrio de La Pastora. Cursó estudios en el San José de Los Teques y en el Liceo Caracas, que dirigían Luis Ezpelosín y Rómulo Gallegos. En las aulas de este plantel coincidió con un grupo de jóvenes estudiantes que iban a constituir la élite intelectual y política del país después de la muerte de Juan Vicente Gómez: Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Isaac J. Pardo, Rafael Vegas.

En 1924, con quince años, Otero Silva había concluido sus estudios de bachillerato, y su padre, alentado por el talento matemático del hijo, lo instó a que estudiara ingeniería civil. Ese mismo año se inscribió para cursar esta carrera en la Universidad Central de Venezuela, y efectivamente la cursó hasta el final. Pero ya sus intereses eran otros, y Miguel Otero no se molestó siquiera en recoger su título de ingeniero. Había empezado a escribir y, sobre todo, había descubierto el periodismo, que será, con la política y la literatura, su otra actividad constante. Con el seudónimo Miotsis dio sus primeros brochazos humorísticos en las páginas del periódico Fantoches y la revista Caricaturas.

En enero del año decisivo de 1928 circuló en Caracas el número, destinado a ser único, de una revista titulada Válvula. Allí podía leerse un editorial que, a primera vista, se limitaba a exponer el ideario estético de una generación de venezolanos que descubría, tardíamente pero con bríos, las grandes vanguardias que desde 1910 sacudían Europa: Futurismo, Dadaísmo, Ultraísmo. Sin embargo, entre líneas podía adivinarse la aparición aún tímida de un espíritu de revuelta dirigido no solamente contra anquilosadas formas artísticas, sino también contra una sociedad provinciana, aherrojada por un caudillo atávico.

A la luz de la revuelta estudiantil que se produjo apenas un mes después de su publicación, hay frases del editorial de Válvula que resuenan como una amenaza de cambio inminente: "Abominamos todos los medios tonos, todas las discreciones, sólo creemos en la eficacia del silencio o el grito. Válvula es la espita de la máquina por donde escapará el gas de las explosiones del arte futuro". Las firmas que acompañaron este manifiesto con forma de editorial son un compendio de intelectuales que dejarán una obra perdurable y de futuros actores del cambio político y social que vivirá el país a partir de 1936: Arturo Uslar Pietri, Antonio Arráiz, Miguel Otero Silva, Fernando Paz Castillo, José Antonio Ramos Sucre y José Nucete Sardi, entre otros.

Durante la semana tradicionalmente dedicada por los caraqueños a la celebración de las fiestas de Carnaval, un grupo de estudiantes y autoridades universitarios, que había ya logrado algunas reformas democráticas en la Universidad Central, organizó una serie de manifestaciones, de carácter cultural y festivo, con el fin de recaudar fondos para la fundación de una institución, la Casa de Bello, inspirada en la Residencia

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