Analisis del cuento “En la estepa” de Samanta Schweblin

Cecilia94.Documentos de Investigación17 de Julio de 2026

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ISFDyT n° 212

Profesorado de Educación Secundaria en Lengua y Literatura

Materia: Teoría Literaria III

Profesora: Laborde. M. Victoria

Alumna: Cisneros Cecilia

Año lectivo 2026

En el umbral de la estepa: la teoría de la recepción literaria en la narrativa de Samanta Schweblin

Cisneros Cecilia

Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N° 212

cisneroscecilia@abc.gob.ar

Tipo de estudio: Articulación entre teoría y práctica literaria 

Presentado: 8 de Julio de 2026

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Resumen

El presente informe analiza el cuento “En la estepa” de Samanta Schweblin desde la perspectiva de las teorías de la recepción. Se abordan los aportes de Hans Robert Jauss, Umberto Eco y Wolfgang Iser, quienes destacan el papel activo del lector en la construcción del sentido de la obra literaria.

A partir de nociones tales como horizonte de experiencia y horizonte de expectativas (o de espera), polo artístico y polo estético, vacíos textuales y/o espacios en blanco, así como la cooperación interpretativa y los distintos tipos de lector —archilector, lector informado y lector modelo—, se propone examinar cómo la narrativa de la autora convoca una lectura activa y participativa.

Asimismo, se considerarán conceptos como el efecto estético, la dimensión virtual de la lectura y, la hermenéutica literaria desde los niveles de interpretación —comprensión, interpretación y aplicación—, para indagar cómo se transforma la incertidumbre en una experiencia estética que interpela al lector y lo convierte en co-creador del sentido.

Palabras clave: Teoría de la recepción - vacíos textuales - horizonte de experiencia y horizonte de expectativa - tipos de lector - polo artístico y polo estético - cooperación interpretativa - virtualidad de la lectura 

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Introducción: 

Samanta Schweblin (1978) tuvo sus inicios en el mundo de la lectoescritura desde una edad muy temprana. En la entrevista que se llevó a cabo en museo Malba, a raíz del lanzamiento de su libro “El buen mal” (2025), la autora relata que su vínculo con la lectura comenzó en la infancia, cuando su madre le leía historias en voz alta y la invitaba a completarlas aun sin saber leer. Ese gesto, le otorgaba un sentimiento de poder, mediante el cual, descubrió lo gustoso que le parecían esos instantes en donde adquiría toda la atención mediante la palabra.

Además, reconoce, también en este espacio, la influencia de su abuelo, quien la acompañó activamente desde chica. Bajo las palabras de Schweblin, su abuelo pasó a hacer una especie de entrenamiento al artista, introduciéndola en espacios donde se respiraba arte. Sin ir más lejos, menciona que él se emocionaba profundamente al leer a Alfonsina Storni, y que es esa capacidad de la literatura para conmover y transformar, la que ella misma busca generar en sus lectores. Desde entonces, su escritura se concibe como un espacio abierto donde el lector puede elegir su propia aventura, completar lo no dicho y experimentar la incertidumbre como núcleo de la experiencia estética. 

Actualmente es una de las voces más relevantes de la literatura contemporánea de nuestro país, llegando a ser reconocida internacionalmente por la impronta de su narrativa breve, con un estilo que encarna la incertidumbre desde lo inquietante y lo ambiguo, de un modo excepcional.

El relato “En la estepa” se inscribe dentro de la producción cuentística bajo el género fantástico. Fue publicado originalmente en el libro La furia de las pestes (2008) y posteriormente incorporado a Pájaros en la boca (2009). 

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Desarrollo:

La teoría de la recepción, desarrollada desde el prisma de Hans Robert Jauss, Umberto Eco y Wolfgang Iser, sostiene que la obra literaria se completa en la interacción con el lector. Dicho por el propio Jauss, siendo el principal animador de la corriente denominada estética de la recepción, esta teoría analiza tanto la función comunicativa como de transformación social propios de la literatura. Desde esta perspectiva el cuento “En la estepa”, desde un primer momento, nos sitúa en aquella escena cotidiana, casi familiar, en la que se presenta a la pareja protagónica, Pol y la narradora (que en un inicio no conocemos cómo se llama) junto a su rutina, para luego presentar un temblor que derrumba todo aquello que creías conocer. Es entonces donde Schweblin logra generar un quiebre instantáneo de nuestra subjetividad, sacándonos de la comodidad de una imagen realista, para transportarnos a un espacio lleno de incertidumbre, de vacilación. Este cambio activa el efecto estético descrito por Iser, en el cual el texto deja de ser una representación cerrada y se convierte en un campo de interacción donde el lector reorganiza su comprensión. Podemos apreciarlo en ocasiones como las que presenta al incurrir en la cita extraída de la misma: 

 

 En esas horas en las que él no está, llevo adelante una serie de actividades que prefiero hacer sola. Creo que a Pol no le gustaría saber sobre eso, pero cuando uno está desesperado, cuando se ha llegado al límite, como nosotros, entonces las soluciones más simples, como las velas, los inciensos y cualquier consejo de revista parecen opciones razonables. Como hay muchas recetas para la fertilidad, y no todas parecen confiables, yo apuesto a las más verosímiles y sigo rigurosamente sus métodos (Schweblin, 2008, p1) 

 

donde nos remonta a una realidad latente para, a continuación, rompernos los esquemas al irrumpir con la siguiente puesta: 

 

        Oscurece tarde en la estepa, lo que no nos deja demasiado tiempo. Hay que tener todo preparado: las linternas, las redes. Pol limpia las cosas mientras espera a que se haga la hora. Eso de sacarles el polvo para ensuciarlas un segundo después le da cierta ritualidad al asunto, como si antes de empezar uno ya estuviera pensando en la forma de hacerlo 

cada vez mejor, revisando atentamente los últimos días para encontrar cualquier detalle que pueda corregirse, que nos lleve a ellos, a uno al menos: el nuestro. (Schweblin, 2008, p1)  

 

Dejándonos completamente ajenos a aquello que podíamos entrever en un comienzo. En este pasaje, la autora logra derribar el horizonte de expectativas del lector. La escena inicial, marcada por la rutina y la búsqueda de soluciones domésticas, nos sitúa en un marco realista y reconocible; sin embargo, la irrupción de la estepa y la preparación ritual para una “cacería” desestabilizan esa percepción y nos trasladan a un espacio de incertidumbre. 

Este cambio activa el efecto estético que describe Iser, donde el texto deja de ser una representación cerrada y se convierte en un campo de interacción donde el lector debe reorganizar su comprensión. Los vacíos textuales —lo no dicho, lo que apenas se insinúa— abren la posibilidad de múltiples interpretaciones y nos obligan a completar el sentido desde nuestro propio horizonte de experiencia.

Así, Schweblin transforma la lectura en un proceso de descubrimiento, donde la ambigüedad se vuelve el motor de la experiencia estética. A raíz de esas sutiles pistas que remarcan lo no dicho, nos invita a construir el conocimiento dejando pura y exclusivamente, a nuestro criterio y su devenir, si caemos ante una interpretación que, en base a los innegables núcleos narrativos, nos va a guiar hacia una lectura racional o hacia una visión sobrenatural de los hechos.

He aquí, Eco, se nos presenta haciéndonos conscientes de la magia que estos espacios en blanco nos obsequian; citando su palabra éstos son: 

intersticios que hay que rellenar; quién los emitió preveía que se los rellenaría y los dejó en blanco por dos razones. Ante todo, porque un texto es un mecanismo perezoso (o económico) que vive de la plusvalía de sentido que el destinatario introduce en él y sólo en casos de extrema pedantería, de extrema preocupación didáctica o de extrema represión el texto se complica con redundancias y especificaciones ulteriores (hasta el punto de violar las reglas normales de conversación). En segundo lugar, porque, a medida que pasa de la función didáctica a la estética, un texto quiere dejar al lector la iniciativa interpretativa. (Eco, 1993, p. 76) 

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