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Historia Del Arte


Enviado por   •  30 de Julio de 2011  •  3.184 Palabras (13 Páginas)  •  2.286 Visitas

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Panorama Histórico y Social del Arte II

Profesora: Maria Eugenia Gantus

Alumnas: Nadia Escudero, Lucía Maquiavelo

1 - Said denomina orientalismo al archivo general de las informaciones e ideas adquiridas en el proceso de dominación de Oriente. Tales ideas explicaban el ser de los orientales, su comportamiento, otorgándoles una mentalidad, y hacían posible que los europeos entrasen en contacto con ellos, considerándolos de acuerdo a dichas ideas.

El orientalismo, pues, aparece como visión política de una realidad, destacando la superioridad de Europa, del "nosotros" occidental sobre "lo extraño", es decir el Oriente, "ellos". La base del análisis orientalista se sitúa en el método de "oposición binaria": dos mundos, dos estilos, dos culturas, Oriente y Occidente.

El orientalismo establece que la diferencia entre las dos culturas, primero crea un muro infranqueable y más tarde propone a Occidente el control, la dominación y el gobierno del "otro", ya que posee un conocimiento superior. Sobran ejemplos de ello. Said cita un artículo de Harold W. Glidden, miembro del Bureau de Intelligence and Research del departamento de Estado de Estados Unidos, escrito en 1972. En dicho artículo, Glidden dice de los árabes que viven en una cultura de la deshonra y que por tanto, "el propio Islam convierte la venganza en una virtud." Para llegar a tan categórica conclusión resume en cuatro páginas la visión de cien millones de personas durante un período de mil trescientos años. Sigue diciendo que "el arte del subterfugio está muy desarrollado en la vida árabe y en el propio Islam."

Esa es la tónica esencial del espíritu orientalista. Por un lado están los occidentales que son "racionales, pacíficos, liberales, lógicos, capaces de mantener valores reales", y por otro los orientales que no poseen ninguno de estos valores.

En el proceso de conformación de esta dialéctica de juicios de valor, podemos encontrar algunas claves importantes. Una de ellas sería que la relación entre los primeros orientalistas y el objeto de su estudio, es decir, Oriente, es una relación textual, basada en el estudio de manuscritos y textos antiguos y en la producción a su vez de textos, no solo de investigación erudita sino también literaria. Hasta el punto de que Said llega a considerar el orientalismo como género literario, como lo prueban las obras de Victor Hugo, Goethe, Nerval, Flaubert, Fitzgerald y otros.

Europa tiene capacidad de definir, de estudiar y expresar sus ideas sobre Oriente. Asia está derrotada y distante. Su incapacidad para un desarrollo racional la convierte entonces en "peligrosa". Aparecen los fantasmas del peligro oriental mezclados con un cierto ambiente de misterio, de un exotismo que puede resultar atractivo.

Vemos que la base del sistema orientalista es cerrada. Los eruditos no realizan estudios con el ánimo de conocer "al otro", sino con la intención preestablecida de confirmar sus propias visiones, ya que éstas han de servir a la consolidación de la superioridad occidental. Da la impresión que, desde el principio, el orientalismo asume su dimensión política al servicio de una cultura determinada, en este caso la europea, que necesita demostrarse a sí misma su superioridad.

La temática general que suscita el orientalismo, se refiere a la posibilidad de dividir la realidad humana en razas, culturas, tradiciones, y continuar viviendo asumiendo las consecuencias de esa visión. El orientalismo lo hace así, y esta tendencia ocupa el centro de su teoría y de sus prácticas, aceptándose sin discusión, que en esa división, Occidente representa al dominador y Oriente al dominado.

En el fondo de la tesis orientalista subyace la idea de que la realidad humana puede describirse a través de un texto, reducirse a él. Así, el propio texto adquiere un autoridad mayor incluso que la realidad que describe. No crea un mero conocimiento, sino que pretende crear la realidad que describe. Con el paso del tiempo, estos textos van conformando una tradición, instituyendo un discurso.

El saber orientalista, en este tiempo, no necesita ya referirse a la realidad. Es lo que se transmite calladamente, sin comentarios, de un texto a otro. No necesita pues aplicarse sino almacenarse ad infinitum. Este primer tiempo es el que Said denomina "fase textual del orientalismo", y en él se establece la base doctrinal sobre la que se apoyará el desarrollo posterior hasta nuestros días, en donde el nuevo orientalista es llamado "experto en áreas culturales".

2 – Cuando el yo literario occidental empezó a jugar a ser oriental, la obra de ficción sirvió para confirmar y arraigar la naturaleza y el ser de Oriente tanto como contribuyó a representar y a desarrollar el consenso aceptado sobre él. Esta naturaleza y este ser eran un reflejo de los de Las mil y una noches, y se aderezaban con todas las ideas adquiridas sobre sensualidad, libertinaje, crueldad, fanatismo, traición, despotismo y barbarie.

Las mil y una noches, al igual que las epopeyas turcas de Byron, la novela de Thomas Moore Lalla Rookh, el Salambo de Flaubert, entre otras, son obras todas ellas que han proporcionado un suelo fértil para el crecimiento de la escuela pictórica orientalista.

El Modern Egypt de Lane se convirtió en fuente de inspiración para muchas pinturas que recreaban los interiores de los harenes. El harén es uno de los símbolos más potentes del exotismo y de la alteridad asociados con Oriente. Representa la antítesis de todas las creencias que occidente tiene sobre la sexualidad. Los moradores femeninos de los harenes y los baños tienen su contrapartida. En contraste con las mujeres pasivas e incitadoras encontramos a unos hombres sin contención y salvajemente bárbaros.

Como se puede apreciar en la pintura de Dominique Ingres, La gran odalisca (1814) observa astutamente al observador: sabe que es el objeto por el que éste se consume y el objeto de sus miradas. La odalisca es pasiva, está dispuesta, receptiva, la mente y el cuerpo se hayan simultáneamente dispuestos a ser ocupados. La parafernalia del harén se limita a una pipa de opio y a un abanico de manos hecho de plumas de pavo real, mientras los fríos azules y verdes aumentan la atmósfera relajada y lujuriosa de la invitación plenamente evidente en sus ojos.

La pintura que acaso simboliza mejor al violento macho musulmán es la que Henri Regnault tituló Ejecución sin juicio bajo el mandato de los reyes moros de Granada (1870). Cuando Regnault visitó Granada

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