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El Matadero De Esteban Echeverría


Enviado por   •  2 de Julio de 2011  •  7.062 Palabras (29 Páginas)  •  1.872 Visitas

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BRA ANALIZADA: “EL MATADERO” del libro “La Cautiva y El Matadero” de Esteban Echeverría.

HORIZONTE DE EXPECTATIVAS

DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR

Esteban Echeverría fue el introductor del romanticismo en hispanoamérica, el autor del primer cuento argentino, el ideólogo de la generación argentina del 37, el introductor del tema del desierto y del indio en la literatura argentina.

Nació en la ciudad de Buenos Aires (1805) y siendo un joven de 20 años se embarcó hacia Francia, en París se interesó por las letras y las ciencias, particularmente por Shakespeare y los románticos Goethe, Schiller y Byron, aparte de los pensadores y poetas del momento. Sin embargo, no fue la actividad literaria lo que atrajo su atención sino la actividad filosófica, política y cívica. Frecuentó las obras de Victor Cousin, Lerminier, Leroux, Herder y otros, que lo nutrirían de las nuevas ideas liberares, democráticas, sociales y del sentido de la historia.

En 1830 regresa a su ciudad natal en momentos en que Juan Manuel de Rosas gozaba de “facultades extraordinarias” y sufrió una fuerte decepción por la situación política de su patria que golpea en sus esperanzas de aires de libertad.

Desde entonces, publicó inicialmente algunas poesías sueltas y comenzó su labor de vocero del romanticismo con la intención de renovar la literatura americana, no como una mera actitud teórica y estética sino como una toma de conciencia de la realidad en la que ejercía su magisterio sintiéndose exigido a un compromiso con el quehacer histórico concreto.

Sus obras fueron “Elvira o la novia del Plata” – 1832 – (considerada como la primera manifestación del romanticismo en lengua castellana). “Los Consuelos” –1834 - . En 1837 publica “Rimas” que incluye “La Cautiva”. 1838, funda la “Joven Generación Argentina” (asociación que sustituye al Salón Literario disuelto por orden de Rosas) una sociedad secreta de carácter político que pretendía establecer las bases para la organización de la república.

Por estos tiempos, Echeverría es ya jefe y mentor y de la “Joven Generación Argentina” que lo sigue y elogia: Sarmiento, Gutiérrez, Alberdi, Mitre...

En 1840 sufrió la persecución celosa de la tiranía, se disolvió el grupo de la “Joven Generación Argentina” y sus integrantes se vieron obligados a emigrar. Echeverría escapó a Colonia del Sacramento y luego a Montevideo, allí vivió en soledad entre penurias financieras sin ver realizarse sus ideales cívicos patrióticos, hasta su muerte acaecida en 1851, pocos meses antes de la ansiada caída del tirano.

Echeverría compuso también diversas obras en prosa, de intención puramente artística. Sobresale entre todas estas páginas el cuento “El Matadero”, que no fue publicado por el autor en vida – acaso por su espinoso contenido antirrosista y anticlerical, o porque el autor pensara pulirlo más tarde - , y fue dado a conocer por el crítico Juan María Gutiérrez que lo encontró manuscrito entre los originales de su amigo, en la edición de las obras completas (1874): “El autor no estaba sereno cuando realizaba la buena obra de escribir esta elocuente página del proceso contra la tiranía” escribió su editor.

MARCO HISTÓRICO DE “EL MATADERO”

La obra fue escrita en la época del segundo gobierno de Rosas.

Tras la exitosa campaña al desierto, Rosas incrementó su prestigio en toda la población y luego de diversas estrategias políticas emprendidas por él y su esposa ( Doña Encarnación Ezcurra) asume por segunda vez el cargo de gobernador con la suma del poder público por un plazo de cinco años sin más condición que “conservar, defender, y proteger la religión católica y sostener y defender la causa de la Federación que han proclamado los pueblos de la República”. Esta delegación de poderes implicaba que el Gobernador además de ejercer el poder ejecutivo, podía intervenir en el legislativo y judicial cuando lo creyese conveniente.

El restablecimiento del orden y la paz, fueron los objetivos fundamentales perseguidos por Rosas; para alcanzarlos consideraba necesaria la unificación política, sin admitir ningún tipo de oposición. Bajo la calificación de unitarios, se persiguió a los enemigos políticos, en el convencimiento de que eran responsables de los males que aquejaban a la República.

La uniformidad de pensamiento político se manifestaba exteriormente en el uso obligatorio de la divisa punzó.

Una de las características del Rosismo fue su popularidad: hacendados, comerciantes, viejos militares del tiempo de la independencia, sectores medios y la gran masa de la clase baja de la ciudad y la campaña, apoyaron incondicionalmente al Restaurador de las Leyes, que los convocaba a participar en el mantenimiento del régimen.

La defensa de la religión católica fue otra de las premisas del régimen, se reabrieron algunos conventos y se devolvieron a las órdenes religiosas bienes confiscados por la reforma rivadaviana.

La Mazorca, fuerza de choque de la Sociedad Popular Restauradora, incrementó su acción contra los enemigos, muchos de los cuales optaron por emigrar.

El régimen rosista acudió al terror para acallar las protestas de los opositores y sus posibles connivencias con el ejército unitario. La Mazorca recibió libertar de acción cometiendo sinnúmero de excesos cuyos integrantes aprovechaban para desahogar odios personales o beneficiarse con el robo de los bienes de los perseguidos políticos.

El contemporáneo Padre Rafael Berdugo, describió el funcionamiento de la Mazorca:

“Se compone de dos clases de hombres: los unos, carniceros, abastecedores y gente de cuchillo acostumbrada a degollar reses. Otros, de más humanos principios y decencia que, por asegurar sus bienes, o por evitar alguna persecución o ser públicos empleados, u otros motivos forzosos, han dado sus nombres. Para empeñar (a éstos), apenas se alistan reciban orden de hacer algún degüello o de allanar alguna casa y golpear a las mujeres para que con hechos semejantes, perdido el primer miedo y dado el primer paso en el camino, no se detengan en lo demás y queden de tal manera comprometidos que no puedan retroceder sin peligro de la vida. Así es que cuando reciben órdenes se los ve reunidos en grupos aterradores, uniformados de chaleco colorado, poncho, sable, puñal y pistola, paseando las calles que enlutan o consternan, o

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