ClubEnsayos.com - Ensayos de Calidad, Tareas y Monografias
Buscar

Seminario pontifico de la Santa Cruz

felipe283emiEnsayo25 de Diciembre de 2025

3.256 Palabras (14 Páginas)24 Visitas

Página 1 de 14

SEMINARIO PONTIFICO DE LA SANTA CRUZ

Historia de la Iglesia de la Edad Nueva                               Felipe de Jesús Santiago Amador

“Elementos históricos del Concilio de Trento”

El concilio de Trento fue un congreso de obispos, doctores y expertos en materia teológica, llevada a cabo en Trento del Sacro Imperio Germánico y desarrollada desde 1545 hasta1563 por periodos descontinuos. Nace por razones doctrinales y en un contexto diverso con decadencias y dificultades, donde el gran Martín Lutero  con sus exposiciones doctrinales sobre temas concretos como la relación del hombre con Dios, la exclusividad de las solus, la pasividad del hombre ante la salvación, la negación de la sacramentalidad, la autoridad del Papa, la gracia – justificación, etc. Da en el núcleo doctrinal y desde luego confesional de la Iglesia Romana, que trae consigo una serie de acontecimientos negativos como la falta de reconocimiento del Papa como primus inter pares, y la confusión doctrinal en fieles y teólogos.

Como todo acontecimiento histórico tiene un contexto y etapas de realización, y que son totalmente necesarios conocer, para poder tener un acercamiento más preciso, evitando errores hermenéuticos. Así, este apartado está conformado por ocho momentos en los que se expone con claridad los antecedentes del concilio para ubicar en espacio y tiempo el desarrollo del mismo.

Antes de 1517  la Iglesia tenía una crisis por la corrupción del clero, por la venta de indulgencias, simonía, nepotismo papal, absentismo de los obispos; también por la preocupación de algunos papas por el arte y política renacentista; pérdida de prestigio del papado por el Cisma de Occidente; y la difusión del humanismo cristiano con Erasmo de Róterdam[1].

También se encuentra el inicio y desarrollo de la reforma protestante, que comienza con las 95 tesis de Lutero respecto a la doctrina cristiana sobre la indulgencia, la justificación, la autoridad del papa, y el abuso del clero; la excomunión de Lutero por el Papa León X en la bula Decet Romanum Pontificem ante la necedad del doctor en teología sobre sus tesis[2]; la confesión de Augsburgo, documento escrito por Felipe Melanchton presentada a Carlo V emperador en la dieta de Augsburgo con la finalidad de exponer los principios luteranos y aclarar diferencias respecto a la Iglesia católica, que posteriormente se convirtió en documento fundamental de la fe luterana[3]. En 1534 el rey Enrique de Inglaterra rompe la relación con la Iglesia católica y funda la Iglesia Anglicana con acta de supremacía, volviéndose autocéfala en tema religioso[4]. En el año 1536 se da la reforma de Ginebra con Juan Calvino[5] .  Con todo esto Europa estaba dividida y más la Iglesia Romana, tenía un montón de problemas, y se le venía un golpe mejor.

Pero eso no es todo, también antes de 1545 se había intentando hacer un concilio pero que por diversas situaciones fracasó, así está la primera iniciativa de Carlos V y Fernando quienes proponían un concilio para restablecer la unidad entre católicos y protestantes, pero la oposición de los Papas hacía de esto una inquietud poco probable de suceder por el temor de que el concilio limitara la autoridad papal tan debatida, y además porque del lado de los protestantes se buscaba ese “concilio” pero sin presencia presidencial papal y fuera de Italia[6]. Entre los intentos frustrados  están el de 1536 convocado por Pablo III para ser llevado en Mantua, tristemente nadie acude; también en 1542 la convocación al concilio es suspendido por la guerra entre Carlos V y francisco I de Francia. Todo esto se abordará con precisión enseguida.

Desde 1518, los protestantes alemanes reclamaban la convocatoria de un concilio alemán, y el emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico intentó cerrar las diferencias entre católicos y reformistas para hacer frente a la amenaza turca. En la Dieta de Worms (1521) se intentaron zanjar las disputas, pero sin éxito. Martín Lutero (a quien Carlos V permitió que fuera convocado a dicha Dieta) acusó a Roma de ejercer la tiranía, y el emperador se comprometió por escrito a defender la fe católica, incluso con las armas. En las Dietas posteriores, los príncipes alemanes, tanto protestantes como católicos, continuaron insistiendo en un concilio.

En vista de la situación, hubo grandes presiones del emperador sobre el papa Clemente VII para que lo convocara, a lo que este se resistía. Al cabo de un tiempo, en 1529, el Papa se comprometió a ello, pero la oposición del legado papal en la Dieta de Augsburgo de 1530 retrasó de nuevo el proyecto. Sin embargo, el principal responsable de que no se llegara a convocar fue la férrea oposición del rey Francisco I de Francia, ya que para que el concilio tuviese éxito era necesaria la aprobación de la mayoría de los monarcas.

Desde antes de esta crisis extrema, la Iglesia católica había intentado mejorar. Se pueden mencionar a los cardenales Francisco Jiménez de Cisneros y Pedro González de Mendoza o al arzobispo de Granada Hernando de Talavera, que, en el siglo XV, durante el reinado de los Reyes Católicos en España se dedicaron a mejorar la moral de la institución, nombrando obispos de grandes cualidades y fundando centros educativos. En Italia, se había creado una asociación de seglares piadosos y clérigos, llamada el Oratorio del Amor Divino, que inició sus actividades secretas en 1517, sobre la base del amor al prójimo. Estos intentos, sin embargo, no bastaban. En Alemania se destacó la labor del obispo Nicolás de Cusa.

Fue Paulo III, que había vivido las luchas en Italia, quien asumió el compromiso de unificar a los católicos, logrando la reunión de un Concilio, después de que varios Papas lo hubieran intentado sin éxito. Al principio fue admirador del humanista y teólogo cristiano Erasmo de Róterdam y vio factible una posible reconciliación con los protestantes, pero luego acabó desechando esa posibilidad.

Paulo III intentó reunir el concilio primero en Mantua, en 1537, y luego en Vicenza, en 1538, al mismo tiempo que negociaba en Niza una paz entre Carlos V y Francisco I. Tras diversos retrasos, convocó en Trento (Italia) un Concilio General de la Iglesia el 13 de diciembre de 1545, que trazó los alineamientos de las reformas católicas (luego conocidas como Contrarreforma). En la primera sesión se contó con la presencia de veinticinco obispos y cinco superiores generales de órdenes religiosas. Las reuniones, que sumaron en total 25, con suspensiones esporádicas, se prolongaron hasta el 4 de diciembre de 1563.

El espíritu e idea del concilio fue plasmada por la gestión de los jesuitas Diego Laínez, Alfonso Salmerón y Francisco Torres. La filosofía le fue inspirada por Cardillo de Villalpando y las normas prácticas, sobre sanciones de conductas, tuvieron como exponente principal al obispo de Granada, Pedro Guerrero.

En este concilio, que culminó bajo el mandato del papa Pío IV, se decidió que los obispos debían presentar capacidad y condiciones éticas intachables, se ordenaban crear seminarios especializados para la formación de los sacerdotes y se confirmaba la exigencia del celibato clerical.

Finalmente se convocó un concilio difícil y con continuas interrupciones, en el que se pueden distinguir hasta tres periodos con tres papas diferentes: Paulo III, Julio III y Pío IV.

Paulo III siempre había sido muy favorable, como cardenal, a la celebración de un concilio general, que finalmente convocó para mayo de 1537 en la ciudad de Mantua. Pero sufrió sucesivos aplazamientos y cambios de lugar por variados motivos:

•        La mayoría de los prelados se mostraban reacios a celebrar un concilio en aquel momento.

•        Los príncipes alemanes protestantes, reunidos en la ciudad de Esmalcalda en 1535 (la Liga de Esmalcalda), cambiaron de estrategia y también se opusieron.

•        Los impedimentos puestos por Enrique VIII de Inglaterra y, sobre todo, por Francisco I de Francia.

•        El progresivo distanciamiento de Carlos I y el papa Paulo III. Los dos monarcas cristianos más importantes de aquel momento, Carlos I de España y Francisco I de Francia, estaban continuamente enzarzados entre ellos en disputas y conflictos militares. El monarca francés tenía una actitud cambiante y ambigua frente al papa, la amenaza turca y los protestantes, mientras que Carlos I se mostró claro y decidido en estos temas. A pesar de ello, el papa siempre aparecía neutral en sus disputas, lo que irritaba profundamente al emperador.

Finalmente, el 13 de diciembre de 1545 se pudo declarar abierto el concilio en la ciudad de Trento. En marzo de 1547 se trasladó a Bolonia debido a una plaga, aunque parte de los obispos se negaron a desplazarse. Tras varias disputas se acabó prorrogando de manera indefinida en septiembre de 1549. Paulo III murió en noviembre de 1549.

Julio III, nombrado papa en 1550, entabló inmediatamente negociaciones con Carlos I para reabrir el concilio, lo que tuvo lugar en Trento el 1 de mayo de 1551, pero apenas se celebraron unas pocas sesiones. El elector Mauricio de Sajonia, aliado de Carlos I, lanzó un ataque furtivo sobre este. Tras derrotar a las tropas imperiales, avanzó sobre el Tirol, con lo que puso en peligro a la propia ciudad de Trento. Esta amenaza provocó una nueva interrupción en abril de 1552. Julio III murió en 1555.

...

Descargar como (para miembros actualizados) txt (20 Kb) pdf (139 Kb) docx (165 Kb)
Leer 13 páginas más »
Disponible sólo en Clubensayos.com