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El tema de la cultura en el pensamiento latinoamericano


Enviado por   •  30 de Enero de 2013  •  4.348 Palabras (18 Páginas)  •  454 Visitas

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El tema de la cultura en el pensamiento latinoamericano.

Pablo Guadarrama González.

Si bien es cierto que el tema de la cultura tomó progresivo interés en el pensamiento latinoamericano especialmente en las últimas décadas del siglo XX y hoy en día abunda la literatura que se dedica a su estudio ; no debe ignorarse que las reflexiones sobre el lugar, los valores y los problemas de la cultura en general y en especial de su especificidad en “Nuestra América” son de vieja data.

Los cuestionamientos sobre las particularidades y significación de dicha cultura no han aflorado siempre con la misma magnitud e intensidad, ya que su formulación ha estado siempre en dependencia de determinadas necesidades epocales. Por tal motivo no fue similar la atención otorgada a estos problemas de la cultura en el pensamiento de la época colonial que el período de desarrollo de los estados independientes.

Ya desde los primeros cronistas españoles que se trasladaron a América, y fueron asimilados por el mal llamado “Nuevo Mundo”, aparecieron frecuentes reconocimientos sobre la riqueza de las culturas originarias, que habían sido aplastadas por la conquista .

Tanto Bartolomé de las Casas como otros sacerdotes defensores de la condición humana de la población autóctona revelaron el carácter avanzado de muchas de las actividades e instituciones de aquellos pueblos, especialmente de los aztecas e incas.

Incluso algunos como el jesuita José de Acosta, que se estableció en el Perú en el siglo XVI, llegó a sostener que estos pueblos en muchas cosas eran dignos de admiración’ y llegaban a aventajar a los europeos . No en balde algunos escritores del viejo continente entre los que sobresalen los utopistas se inspiraron en América para sus idealizaciones reorganizativas de la sociedad.

En el pensamiento humanista que se consolida en América durante el siglo XVIII en consonancia con la incorporación al espíritu moderno y como expresión temprana de nuestra ilustración se intensificaron los estudios por las cuestiones de la cultura autóctona como expresión del necesario proceso de emancipación mental que precedió al movimiento independentista.

En México se acentuó este movimiento de recuperación cultural y así quedó plasmado en innumerables obras, entre las que se destacan: “Historia antigua de México” de Francisco Javier Clavijero, la “Vida de mexicanos ilustres” de Juan Luis Maneiro. Esta época quedó caracterizada como “el siglo de oro mexicano” en la que el pensamiento ilustrado y humanista tendría prestigiosos representantes. Entre ellos, por sus análisis filosóficos en relación a la cultura se destacó Pedro José Marquez, quien sostenía que el verdadero filosofo:

“es cosmopolita (o sea ciudadano del mundo), tiene por compatriota a todos los hombres y sabe que cualquier lengua, por exótica que parezca, puede en virtud de la cultura ser tan sabia como la griega, que cualquier pueblo por medio de la educación puede llegar a ser tan culto como el crea serlo en mayor grado. Con respecto a la cultura, la verdadera filosofia no reconoce incapacidad en hombre alguno, o porque haya nacido blanco o negro, o porque haya sido educado en los polos o en la zona tórrida. Dada la conveniente instrucclón enseña la filosofia en todo clima el hombre es capaz de todo.

Resalta en las ideas de este sacerdote mexicano la convicta conflanza en las posibilidades humanas a través de la educación para eliminar los posibles obstáculos que condiciones secundarias podrían anteponer. Sus ideas constituían un abierto enfrentamiento al racismo y al determinismo geográfico, a la par que dejaba esclarecido en qué medida cada hombre desde su circunstancia particular podría contribuir a la cultura universal.

De tal forma estos humanistas latinoamericanos iban creando las bases teóricas de la exigida emancipación política que se avecinaba.

Un ideal arraigado en los próceres de la independencia fue extender la cultura a todo el puebIo y con ese fin utilizaron sistemáticamente la prensa periódica.

La espada libertadora de los guías de la independencia latinoamericana no sólo estuvo empuñada por la fortaleza de la decisión tomada, sino por la profunda meditación sobre la historia, las condiciones y las perspectivas de los pueblos del continente.

Bolívar consideraba que “nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte, cercado por dilatados mares; nuevo en casi todas las artes y las ciencias aunque en cierto modo viejo en los usos de la sociedad civil” . El libertador confiaba que en la futura América, una vez derrotado el poder colonial, se convertiría en un favorable asilo que acogería las ciencias y las artes provenientes del Oriente y de Europa para impulsarlas con el aliento de la cultura latinoamericana.

Tal preocupación estuvo presente también en Andrés Bello, quien con su erudición científica y originalidad filosófica podía considerarse al nivel más alto del pensamiento latinoamericano de la época. El ilustre venezolano propugnó la autonomia cultural de las repúblicas hispanoamericana como una exigencia de naturalización de las constituciones, leyes, instituciones, etc. acorde con las condiciones y características de los pueblos de esta región que entraban en la vida política independiente.

En tanto, en aquellos casos como el de Cuba, en el que el dominio español se mantenía y trataba de resarcir en algo las grandes pérdidas en el continente, la lucha por enarbolar los valores de la cultura vernácula tendría mayor significación aún, como se aprecia en el sacerdote Felix Varela .

Durante el primer tercio del siglo XIX, que el filósofo cubano Enrique José Varona denominaría “verdadero crepúsculo de la historia de nuestra cultura” el pensamiento filosófico cubano se elevó a un plano a tono con las exigencias de la época, de lo que se desprende su autenticidad . Pero no serían sólo cultivadores de la filosofía, como Varela o Luz y Caballero, los que pensarían sobre los problemas de la universalidad de la cultura y sus manifestaciones en el ámbito del pais, sino intelectuales de las más diversas ocupaciones como Francisco de Arango y Parreño y José Antonio Saco, los que aportarían valiosas ideas desde diversos campos del saber o del arte al proceso de formación de la conciencia nacional cubana.

Punto culminante de este pensamiento humanista práctico que devino en acción revolucionaria es la obra de José Marti.

Sus ideas sobre la cultura latinoamericana han dejado su impronta sobre varias generaciones posteriores no sólo de cubanos.

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