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Los problemas de la práctica en Santa Rosa de Lima y la escuela los estudiantes de cuarto grado


Enviado por   •  29 de Octubre de 2012  •  Ensayos  •  737 Palabras (3 Páginas)  •  474 Visitas

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La aventura de ser maestro

Tuve la oportunidad de realizar mis prácticas en la Escuela Santa Rosa de Lima con niños de cuarto grado.

A treinta años de recorrer la vida, he tenido que aprender a ser maestro por ensayo y por error. Por supuesto que en el camino se sortearon diferentes obstáculos, algunos con un tinte personal y otros con un carácter más social. Algunos de ellos tuvieron que ver con la elaboración de mi propia identidad profesional, la responsabilidad del mantenimiento de la disciplina y aceptar los conocimientos básicos de los alumnos, entre otros.

Hace unas semanas, he realizado mi primera experiencia docente con niños de cuarto grado. Debo admitir que mis expectativas se han superado notablemente, ya que al finalizar mi observación he llegado a la conclusión de que la enseñanza es una “profesión ambivalente”. Es decir, hay dos maneras de vivir una clase: con una profunda ansiedad o descubrir con pasión lo que en cada clase, logran hacer tus alumnos.

Mi primer día de clase estuvo colapsado de ansiedad. Quizás, toda mi inseguridad se puso de manifiesto, tenia miedo de que se me acabara el material que había preparado para cada clase, que los chicos me hicieran preguntas que no supiera contestar o que se me perdiera alguna fotocopia.

Al abrir la puerta del salón, me encontré con una primera experiencia. Tal como anticipe en el comienzo del trabajo, fue necesario elaborar mi propia identidad profesional. En otras palabras, debía cambiar mi mentalidad desde la posición del alumno que siempre he sido, hasta descubrir en qué consiste ser maestro. En este marco, debo reconocer que en mi interior se produjo una crisis. Como estudiante de magisterio tenía en claro el modelo de maestro idea, pero no sabía cómo hacerlo realidad. No tenía ninguna duda de lo que debía hacer en clases, pero no sabía como llevarlo a cabo.

En este marco, había otro problema muy unido a mi falta de autoestima y de seguridad. Se trata del mantenimiento del orden y de la disciplina. De acuerdo a mis parámetros, se supone que el “maestro ideal” no debería tener problemas con la organización de la clase; pero no podía olvidar que era la primera vez que me encontraba parado frente a un grupo de alumnos y que me debía ganar su respeto y atención.

Claro está que "el choque con la realidad del aula" fue unas de las experiencias más impactantes durante mi primera práctica en la escuela. Con el paso de las semanas, las tensiones y los miedos no desaparecieron. Pero si se modificó mi actitud frente al grado. De a poco fui conociendo a mis alumnos, sus nombres, sus realidades sociales, sus miedos, sus “vergüenzas”, y sus expectativas.

Sin buscarlo, esto me ayudó a corregir mi seguridad y con ella mis errores de maestro novato. Comencé a cambiar mi mentalidad abandonando los pensamientos negativos y primando los detalles positivos.

Para ese entonces, quedaba solo una semana de práctica docente. Fue entonces cuando la docente titular de la clase en un recreo se me acercó y me dijo: “Te has ganado la libertad de ser profesor”. No sabía de qué me estaba hablando, de qué libertad se refería.

Esa tarde, luego de que se retirara el último alumno, tomé el colectivo de regreso a mi casa pensando en la frase. Durante todo el trayecto, pasaron por mi cabeza las imágenes de los chicos trabajando solos, leyendo en silencio, logrando superar problemas matemáticos. Por fin comprendí lo que la docente me había querido decir. La libertad docente tiene que ver con estar en clase seguro de uno mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en el grupo; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar los contenidos.

Y con la libertad llegó la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración a mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.

Es posible que mucha gente piense que ser maestro no es algo socialmente relevante, pues nuestra sociedad sólo valora el poder y el dinero; pero a mí me queda el desafío del saber y la pasión por comunicarlo. Me siento responsable de que mis alumnos asimilen nuestros mejores logros y extraigan consecuencias de nuestros peores fracasos.

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