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SOCIEDAD MEXICANA


Enviado por   •  7 de Septiembre de 2012  •  2.035 Palabras (9 Páginas)  •  588 Visitas

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La magnitud y el incremento de la población de México derivan del rápido crecimiento demográfico observado hasta los años setenta, así como del descenso en la natalidad y la mortalidad y el aumento en la pérdida neta por migración, ocurridos a partir de entonces.6

Se ha estimado que en 1997 México tenía 93. 7 millones de habitantes, con un crecimiento absoluto de 1.8 millones de personas. Sin embargo, cuando se descuenta el efecto de la migración internacional -que es negativo para México en aproximadamente 300 mil personas por año-, se tiene que el crecimiento neto es de poco más de 1.5 millones de personas, lo cual significa una tasa anual de 1.62%.

A partir de los años setenta, la tasa de crecimiento demográfica ha registrado una notable disminución: de 3.4% hace treinta años, a 1.9 aproximadamente en el presente; aunque la población pasó de 42.5 millones en 1965 a 93.7 millones en 1997. Si bien las tendencias indican que el ritmo de crecimiento poblacional tenderá a descender en el futuro, en términos absolutos la población mantendrá su aumento.

En los últimos 27 años, de acuerdo con el Consejo Nacional de Población, son marcados los cambios que se aprecian en la composición por edades. La proporción de la población menor de 15 años en el total pasó de 47.5 a 34.7%; correlativamente, la población en edad laboral (15 a 64 años) aumentó su participación de 48.8 en 1970 a 61% en 1997. Los mexicanos de la tercera edad, de 65 años y más, pasaron de 3.7 a 4.4% del total.

Desde 1970 se han registrado modificaciones sustanciales en las pautas de fecundidad. La población en edad preescolar, menor de 6 años, ha disminuido su crecimiento anual, de 252 mil en 1970 hasta volverse nulo en 1994 y negativo a partir de entonces. Como consecuencia, este grupo de edad disminuyó su participación en el total al pasar de 22.2 en 1970 a 14.1% en 1997. Asimismo, la evolución más importante es la que se observa en la población en edad de trabajar (entre 15 y 64 años). La "bomba demográfica", de la que se ha venido hablando, estalló de hecho hace unos años y sus efectos se muestran con toda evidencia en los mexicanos jóvenes, cada día más adultos, que forman ya la mayoría nacional. La tasa de crecimiento anual de este segmento es en la actualidad de 2.4%, mayor que el crecimiento global (1.6, 1.9%); en menos de 40 años, de 1960 a 1997, pasó de 18 a 57 millones de personas.

Si bien los impactos del cambio económico nacional y mundial, así como la afirmación del reclamo democrático, encuentran en este nuevo perfil demográfico sus mayores retos, a la vez que algunas de sus más sólidas potencialidades, en el presente todo parece desafío insuperable: la economía no ha podido crear empleos suficientes y remunerativos para buena parte de esta población y son todavía una minoría los que tienen acceso y pueden aprovechar las oportunidades de la educación superior. Éste es, sin duda, el más ominoso cerco social que encara la transición mexicana.

Sin embargo, es conveniente mantener lo que podría ser una hipótesis dinámica. Una población amplia, con posibilidades físicas para el trabajo productivo, ha sido siempre una oportunidad para la expansión y el desarrollo sostenido. Si a ello agregamos el dato de una mayor escolaridad, que sin embargo debería ponderarse por el factor calidad, es claro que México tiene hoy consigo mayores posibilidades para aspirar a una evolución económica y social promisoria. Habría que añadir a esto, que el grado de dependencia, determinado por la participación de la población infantil y adolescente en el total, ha disminuido de modo importante, dando lugar a nuevas opciones y posibilidades en cuanto a la utilización del excedente producido por el crecimiento de la economía.

Asimismo, el aumento en el número de adultos amplía el campo de posibilidades de la participación social y de la intervención política democrática. No son sólo las mejores capacidades que ofrecen la edad y la experiencia, sino también y en nuestro caso sobre todo, el cúmulo de necesidades sentidas y no satisfechas, de la falta de trabajo a la insuficiencia del ingreso, el que estará detrás de inéditas rondas de agitación social y movilización política en el futuro más o menos cercano. La disminución de las expectativas que han impuesto el estancamiento económico y las crisis que lo han acompañado, puede tener en estas nuevas realidades y dinámicas demográficas una plataforma que obligue a un giro político y mental de aliento para el desarrollo.

Vale la pena resaltar aquí el peso enorme que han adquirido los jóvenes dentro del conjunto demográfico nacional. Según el Conapo, la población juvenil (de 15 a 24 años) llegó en 1997 a casi 20 millones, es decir, poco más de 21% del total nacional. Se estima que dichas magnitudes se mantendrán en los próximos veinte años, lo que representa un cambio enorme no sólo desde el punto de vista demográfico sino sobre todo cultural y político-económico. La mayor parte de esta población, además, se ubica en las ciudades, contrariamente a lo que ocurría hace treinta y cinco años. Según Conapo, en 1960 60% de los jóvenes vivía en el medio rural, en tanto que en el presente los que viven en las urbes representan alrededor de 74%. Lo anterior no impide que los jóvenes rurales hayan pasado de 3.9 a 5.3 millones entre 1960 y 1995. Como se comprenderá, la presencia juvenil le plantea a la sociedad rural problemas de grandes proporciones, no sólo en el terreno de la producción y el acceso a los activos, sino también en lo que concierne a la estabilidad comunitaria y la gobernabilidad local.

Los jóvenes (de acuerdo con Conapo) se concentran en unos pocos estados de la República: en ocho se ubica más de la mitad: Estado de México, Distrito Federal, Veracruz, Jalisco, Guanajuato, Puebla, Nuevo León y Michoacán. Asimismo, en sólo cinco entidades reside casi la mitad de los jóvenes urbanos: Distrito Federal, Estado de México, Nuevo León, Veracruz y Jalisco. Por lo que toca a la juventud rural, poco más de 40% vive en seis estados: Veracruz, Chiapas, Guanajuato, Michoacán, Oaxaca y Puebla.

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