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Hábitos del pensamiento riguroso


Enviado por   •  26 de Noviembre de 2017  •  Síntesis  •  4.281 Palabras (18 Páginas)  •  44 Visitas

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Capítulo primero  

 

 

Hablar de vocación está relacionado con los anhelos y aquello que nos resulta inspirador. Concuerda con los gustos, intereses y aptitudes nuestras, Y de ella implica quién soy, como soy y hacia dónde queremos ir. En el presente caso, es la designación a quienes aspiran hacer del trabajo intelectual su ocupación dedicando tiempo al estudio sin importar profesión, mientras se  reserven como un feliz suplemento,  y una recompensa del cultivo profundo del espíritu. Como dice el dicho Disraeli: “hacer lo que os plazca, siempre que ello os agrade de veras”. 

El placer El Intelectual no se satisface en manera alguna con lecturas vagas y pequeños trabajos aislados, se trata de interés, agudeza, continuidad de esfuerzos.  Aunque la vida del estudio es austera e impone pesadas obligaciones al final compensa. Un ejemplo, está en Los atletas que  tienen que aceptar las privaciones y los largos entrenamientos que necesitan una tenacidad muchas veces sobrehumana, no por esto debemos pensar el camino al ser arduo será imposible recuerda que el genio es una larga paciencia, pero una paciencia organizada, inteligente. No hay necesidad de facultades extraordinarias para realizar una obra; un término medio calificado es más que suficiente para crear; lo demás es provisto por la energía y sus sabias aplicaciones. Cuidando no perdernos en el camino ya que todos salvo uno son malos para nosotros y para los demás esto da por seguro que la vida intelectual hay que seguirla con miradas desinteresadas, no por ambición y vanagloria. 

 

Gozar de este poder de la inteligencia  y hacer de él una fuerza aislada una giba, puede ser un juego peligroso, pues toda fuerza aislada, dentro de un todo equilibrado, se vuelve víctima de este. Otro carácter de la vocación intelectual consta en que el trabajador cristiano no debe aislarse, no dejarse tentar por el individualismo por qué es la imagen deformada de la personalidad cristiana, el aislamiento es inhumano por qué trabajamos con los sentimientos del hombre, de nuestras necesidades, de las grandezas y las metas en comunes que nos vinculan con una vida estrechamente común. Toda verdad es práctica, es vida. 

pensad que si todas las épocas son semejantes para dios en su eternidad es  el centro radiante en el cual todos los puntos de la circunferencia llega a un punto igual, donde al estar en medio a nosotros nos afecta el tiempo de diferente manera. Dios  no envejece pero nosotros sí y debemos cuidar de no malgastar nuestro tiempo en esfuerzos vagos también cuidando ese aire de llevar los cordones en los funerales del pasado. Hay que utilizar las experiencias de lo pasado por qué la verdad siempre es nueva, todas las virtudes antiguas aspiran a reverdecer. Hay que ayudar a ese dios a renovar no los pasados sepultados y las crónicas extinguidas, si no la faz eterna de la tierra.  

 

Capítulo II 

 

El intelecto no es más que un instrumento; el uso que se haga del mismo determina sus efectos. De nada nos sirve tener inteligencia si el uso que le damos no aporta a nuestro conocimiento o a la obtención de conocimiento a terceros, Podríamos afirmar que la virtud contiene la intelectualidad en potencia, pues nos conduce a nuestro fin, que es intelectual, la virtud equivalente con él supremo saber. Las cualidades del carácter tienen en todas las cosas una misión preponderante. Es evidente que para regir bien la inteligencia se requiere que nuestro carácter no se llegue a zozobrar por qué se puede  presumir que el sentido de las verdades sufrirá  y debemos tener  cualidades muy distintas de esta. Todo espíritu recto reconoce la superioridad de un domino y cualquiera incluye una dosis de superioridad, para juzgar exactamente, haya que ser grade. 

El amor en nosotros es una característica más de las virtudes del hombre ya que si no amamos lo que hacemos no tiene un fin ni propósito por qué amar es el propósito o el punto de partida del conocimiento en pocas palabras en el amor nace la virtud y de ella se llega a, conocimiento. La verdad se llega a los que la aman, a quienes se someten a ella y este amor no existe sin virtud. De nada sirve descuidar de nuestro cuerpo, ¿acaso no es la virtud la salud del alma? 

Se debe cuidar de él por nuestra salud en general no nos sorprendamos que si de un órgano dañando nos pregunten por nuestro régimen de vida, nuestras costumbres y virtud, cuidarnos de las pasiones y los vicios ya que debilitan la atención, la disipan, la desvían, deforma el juicio por eso debemos cuidar que nuestras virtudes no sean moldeadas por el óseo, las malas costumbres, los vicios y el desinterés por la sabiduría.  

 

Queda comprobado pues que la virtud en general es necesaria a la ciencia y, que cuanto más rectitud moral se lleva al estudio, tanto más fecundo será este. Una virtud propia del hombre es la estudiosidad. Cuñado hablamos de exceso lo podemos entender en dos sentidos, en el campo de la estudiosidad dos vicios se oponen: la negligencia por una parte y la vana curiosidad por otra donde buscamos omitir la primera ya que la curiosidad se puede aprovechar para mejorar nuestros instintos y a la vez viciarlos des de el momento mismo en que pretendemos satisfacerlo pero cuidando non llegar a ser diletantes. No debemos malgastar nuestras facultades reales, pretendiente adquirir otras ilusiones, por qué no son otra cosa más que curiosos, en el sentido antiguo de la palabra dos grandes consejos nos da a conocer santo Tomás acerca del estudio a las que se refiere a no buscar lo que sobrepasa nuestra facultad y dejarnos en traer al mar por sus arroyos y no directamente, aprovechando a la ciencia como virtud, equilibrando al hombre. 

Al buscar el conocimiento uno debe empezar por el principio y no dar un paso nuevo sin antes  haber asegurado el otro. Cuidar de ser autodidacta ya que no es posible apoyarnos solo en uno mismo desde el comienzo. Otra virtud que debe tener el intelectual es no descuidar la oración, la lectura de la palabra sagrada ya que estudiar de tal modo que olvidemos estas cualidades en tal forma que uno se olvide de si, descuidando el huésped interior es un abuso y un juego engañoso es como creer que el arroyo correrá mejor si le secan la fuente.  

 

El estudio ha sido llamado una oración a la verdad. Pero la oración, nos dice el evangelio, no debe ser nunca interrumpida: “es necesario orar siempre y no desfallecer” (lUC. XVIII, 1). Para obtener este espíritu de oración en la ciencia, no es necesario por cierto entregarse a algún encantamiento misterioso. Ningún esfuerzo extrínseco es necesario. Sin duda la invocación de dios y su intervención especial tiene lugar aquí. Cada verdad es un fragmento que muestra por todos los lados sus uniones; la verdad en sí misma es una, y la verdad es dios. La inteligencia no se encuentra plenamente en su papel si no se ejerce una función religiosa ósea rindiendo un culto a lo supremo verdadero a través de lo verdadero concreto  y disperso, ayudándonos en la oración podremos alejar las investigaciones bajas y distraídas y de nuestras admiraciones vulgares.  

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