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DAVID ROBERTO BÁRCENA RÍOS


Enviado por   •  8 de Agosto de 2011  •  Tesis  •  1.663 Palabras (7 Páginas)  •  719 Visitas

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DAVID ROBERTO BÁRCENA RÍOS

David Roberto Bárcena Ríos es general de División, retirado del Ejército y ostenta en su trayectoria deportiva, la asistencia a cinco Juegos Olímpicos y varias competencias internacionales y mundiales. Su logro más grande es una medalla de bronce en equitación en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980. Es originario de Celaya, Guanajuato en donde vio la luz primera el 2 de diciembre de 1941. Sus padres son el señor don Rafael Bárcena Segura y doña Concepción Ríos. Sus abuelos paternos son don Rafael Bárcena y doña Guadalupe Segura; los abuelos maternos son don Maximino Ríos y doña Modesta Camargo.

Su esposa es doña Silvia Mendoza Ortiz; sus hijos, Mayela, David y Roberto. Tiene cinco nietos: Mariana, Luis David, Mariela, Mauricio y Anabel. Sus tres hijos son maratonistas.

ESTUDIOS

Primaria: Colegio México (Celaya, Guanajuato).

Secundaria: Colegio México ( Celaya, Guanajuato).

Preparatoria: Preparatoria de Celaya.

Colegio Militar: Ingreso el 2 de marzo de 1960; terminación el 5 de febrero de 1963, con el grado de Subteniente de Caballería.

Otros estudios: Escuela Militar de Aplicación de Caballería.

Escuela Superior de Guerra (Cursos de equitación, Curso superior de armas y servicios).

Curso de Juez internacional, en Saintmiur, Francia.

Era subteniente de Caballería, David Roberto Bárcena Ríos, cuando sintió el deseo de asistir a unos Juegos Olímpicos, y aún sin contar con el tiempo disponible para poder entrenar en una alberca, se propuso llevar a cabo este sueño; como en aquellos lejanos días en su natal Celaya, Guanajuato, cuando siendo un niño había sufrido por no subirse al pódium, después de ver como sus compañeros de competencia en su escuela primaria, eran aclamados triunfadores, mientras él hubo de conformarse por lo pronto con ser un competidor más en la prueba de los 50 metros libres, en la modesta alberca del plantel.

El subteniente acudió a la YMCA de la Ciudad de Chihuahua a buscar la forma de que alguien le solucionara su problema de poder entrenar en la alberca, para prepararse para los Juegos Olímpicos de Tokio. .El gimnasio cerraba sus puertas a las 8 de la noche y él no podía llegar antes; pero había que solucionar ese dilema y el joven militar fue a hablar con el empleado que se encargaba de cerrar el acceso a la alberca, el cual no tuvo más remedio que ceder ante la insistencia y seriedad del deportista, el que desde niño se había acostumbrado a enfrentar retos, y se había aferrado a vencerlos como aquellos que encontró en su camino al sentir vehementes deseos de ocupar un lugar en el pódium, en el Colegio México en el que cursó la educación primaria. Entonces estaba en segundo año y por aquellos días andaban en Celaya los campeones nacionales juveniles de 100 metros por equipos, eran unos muchachos de 16 años, y fueron a su escuela a motivar a los alumnos a hacer una competencia de 50 metros, en la que él participó sin buenos resultados. Triste le preguntó al maestro de educación física, “Chito” Cano, ¿qué había que hacer para estar en el pódium y colgarse una medallita como la que se llevaron los triunfadores? El maestro se le quedó viendo con un alto grado de comprensión y le explicó que tenía que entrenar mucho, “necesitas más ganas, cuidar la brazada, la respiración…”

MAMÁ, ¡AQUÍ TIENES LA MEDALLA!

Los horarios eran a las 6 de la mañana y a la 1 de la tarde, algo complicado para un alumno de primaria, por sus obligaciones con la escuela. El niño, que ya andaba en los 8 años, en cuanto llegó a su casa le contó a su mamá lo sucedido y le pidió permiso para entrenar, sujeto a esos rigurosos lineamientos, bajo el argumento de que él también como sus compañeros quería obtener una medalla. Cuenta el militar de carrera y deportista, que la respuesta inmediata de su progenitora fue un contundente no!, ya que le resultaría prácticamente imposible poder cumplir en primera instancia con sus estudios y sería muy cansado para su edad, someterse a una rutina tan dura de entrenamiento; “además no había siquiera camiones urbanos en Celaya, todo era a pie”. Sin embargo, hubo de insistir David en sus argumentos de que no descuidaría sus estudios y de que quería obtener una medalla, razones que finalmente convencieron a su cariñosa madre, quien no tuvo otra salida que dar su consentimiento, bajo mil imaginables condiciones. Recuerda el general, que las faenas diarias eran muy pesadas, “a mediodía – iba a la escuela mañana y tarde – hasta salía el humo del agua de la alberca, por los fuertes calores”. A los dos meses de llevar a cabo sus entrenamientos, el niño tuvo la gran satisfacción de ganar el primer lugar en los 50 metros y le llevó su primera medalla a su mamá. Desde aquellos lejanos días

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