ClubEnsayos.com - Ensayos de Calidad, Tareas y Monografias
Buscar

El derramamiento de la sangre y de las lágrimas


Enviado por   •  26 de Agosto de 2014  •  Tesis  •  1.200 Palabras (5 Páginas)  •  324 Visitas

Página 1 de 5

El derramamiento de la sangre y de las lágrimas: y sin embargo, el Papa había resuelto que los indios tenían alma

En 1581, Felipe II había afirmado, ante la ausencia de Guadalajara, que ya un tercio de los indígenas de América habían sido aniquilados, y que los que aun Vivian se veía obligados a pagar los tributos por los muertos. El monarca dijo, además, que los indios eran comprados y vendidos.

Aquella violenta marea de codicia, horror y bravura no se abatió sobre estas comarcas sino el precio del genocidio nativo: las investigaciones recientes mejor fundadas atribuyen al México precolombino una población que oscila entre los 25 y 30 millones, y se estima que había una cantidad semejante de indios en la región andina; América Central y las Antillas contaban entre diez y trece millones de habitantes.

Manaba sin cesar el metal de las vetas americanas, y de la corte española llegaban, también sin cesar, ordenanzas que otorgaban una protección de papel y una dignidad de tinta a los indígenas, cuyo trabajo extenuante sustentaba al reino.

En tres centurias, el cerro rico de Potosí quemó, según Josiah Conder, ocho millones de vidas. Los indios eran arrancados de las comunidades agrícolas y arriados, junto con sus mujeres y sus hijos, rumbo al centro.

En la Recopilación de Leyes de Indias no faltan decretos de aquella época estableciendo la igualdad de derechos de los indios y los españoles para explotar las minas y prohibiendo expresamente que se lesionaran los derechos de los nativos.

A fines del siglo XVIII, Concolorcorvo, por cuyas venas corria sangre indígena, renegaba así de los suyos: No negamos que las minas consumen número considerable de indios, pero esto no procede del trabajo que tienen en las minas de plata y azogue, sino del libertinaje en que viven.

La “mita” era una maquina de triturar indios. El empleo del mercurio para la extracción de la plata por amalgama envenenaba tanto o más que los gases tóxicos en el vientre de la tierra.

No faltaban las justificaciones ideológicas. La sangría del Nuevo Mundo se convertía en un acto de caridad o una razón de fe.

En el siglo XVII, el padre Gregorio García sostenía que los indios eran de ascendencia judía, porque al igual que los judíos “eran perezosos, no creen en los milagros de Jesucristo y no están agradecidos a los españoles por todo el bien que han hecho”.

A los conquistadores y colonizadores se les “encomendaban” indígenas para que lo catequizaran.

La nostalgia peleadora de Tupac Amaru

Cuando los españoles irrumpieron en América, estaban en su apogeo el imperio teocrático de los incas, que extendían su poder sobre lo que hoy llamamos Perú, Bolivia, Ecuador, abarcaban de Colombia y de Chile y llegaban al norte de argentino y la selva brasileña.

Estas sociedades han dejado numerosos testimonios de si grandeza, a pesar de todo el largo tiempo de las devastaciones: monumentos religiosos que nada envidian a las pirámides egipcias.

La Conquista rompió las bases de aquellas civilizaciones. Peores consecuencias que la sangre y el fuego de la guerra tuvo la implantación de una economía minera.

También habían sido asombrosas las respuestas aztecas al desafío de la naturaleza.

Los indígenas eran, como dice Darcy Ribeiro, el combustible del sistema productivo colonial. La esperanza del renacimiento de la dignidad perdida alambraría numerosas sublevaciones indígenas. En 1781, Tupac Amaru puso sitio al Cuzco.

Este cacique mestizo, directo descendiente de los emperadores incas, encabezó el movimiento mesiánico y revolucionario de mayo envergadura.

Tupac fue sometido a suplicio, junto con su esposa, sus hijos y sus principales partidarios, en la

...

Descargar como (para miembros actualizados)  txt (7.3 Kb)  
Leer 4 páginas más »
Disponible sólo en Clubensayos.com