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EL QUEHACER FEMENINO Y MASCULINO EN LA LUCHA LIBRE


Enviado por   •  26 de Mayo de 2012  •  2.471 Palabras (10 Páginas)  •  760 Visitas

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EL QUEHACER FEMENINO Y MASCULINO

Hablar de la figura femenina en la Lucha Libre es referirse a una mujer cuya profesión es poco común y a veces nada aceptada en nuestra sociedad. Este deporte implica rudeza, fuerza, destreza y valentía, características que no concuerdan con el estereotipo tradicional del rol femenino en México pues se liga a una serie de conductas tales como la pasividad, el temor y la dependencia.

A fin de entender mejor este tema habremos de definir primero conceptos tales como género, sexo, rol y rol de género. Cabe señalar, además, que frecuentemente se confunde sexo y género cuando el sexo determina el género, ambos conceptos tienen significados distintos.

A consideración de Bleichmar, género es una construcción que la sociedad y la cultura imponen a hombres y mujeres por medio de ideas y representaciones que se asignan a cada sexo. Influye en todas las áreas de la vida de los individuos, en la construcción de identidad, en la conformación de valores, actitudes, sentimientos, conductas y en las actividades diferentes para cada sexo. En el género se agrupan todos los aspectos psicológicos, sociales y culturales de la feminidad y de la masculinidad, es decir, lo femenino y lo masculino se construyen culturalmente con formas de pensar socialmente aceptadas, que corresponden a los variados modos en que se organiza la sociedad. Por otro lado, el sexo da cuenta de las características biológicas y anatómicas de los seres humanos, es decir, de los cuerpos, de su aparato reproductor identificado por los genitales: hombre si tiene pene, mujer si tiene vagina . De ahí que se asigne “un rol determinado en la generación que le confiere ciertas características distintivas (cualidad de hombre y de mujer, el sexo fuerte y el sexo débil, el segundo sexo, el bello sexo, partes sexuales u órganos genitales externos)” .

Hablar de un rol, entonces, es referirse al “conjunto de prescripciones y proscripciones para una conducta dada, las expectativas acerca de cuáles son los comportamientos apropiados para una persona que sostiene una posición particular dentro de un contexto dado, adoptando así un rol de género, es decir, el conjunto de expectativas acerca de los comportamientos sociales apropiados para las personas que poseen un sexo determinado” . La tipificación del ideal masculino o femenino es normativizada hasta el estereotipo, aunque en el desarrollo individual la futura mujer u hombre haga una elección personal dentro del conjunto de valores considerados propios de su género. No obstante, los roles y estereotipos de género, tanto femeninos como masculinos están tan arraigados, que son considerados como la expresión de los fundamentos biológicos del género .

La conducta estereotipada asociada al sexo (agresión masculina y pasividad femenina) procede de los roles aprendidos durante la infancia y transmitidos primordialmente en la familia “sus miembros están unidos por lazos legales, derechos y obligaciones económicas, religiosas y de otro tipo, además de una red precisa de derechos y prohibiciones sexuales, más una cantidad variable y diversificada de sentimientos psicológicos tales como amor, afecto, respeto, temor, etc.” : a los niños se les enseña que "los hombres no lloran" y se les otorga atributos agresivos, dominadores e instrumentales y se les regala pistolas y coches, mientras que las niñas, además de estar dotadas, de amabilidad e intuición, tienden a percibirse con características pasivas dependientes, conformistas y expresivas, juegan con muñecas y casitas que les han regalado para que puedan imitar el rol típico de la mujer en el hogar. Aunque cada vez hay más niñas que juegan con juguetes asignados anteriormente a los niños, lo contrario todavía es poco común. Muchos niños y niñas tienden a destacar sólo en aquellos campos de estudio tradicionalmente atribuidos a su género, lo que explica en parte el dominio masculino en muchas áreas como las ciencias o la ingeniería. Estos factores son importantes argumentos en la lucha del movimiento feminista por la igualdad de las personas de ambos sexos, sea cual sea su identidad de género .

Sin embargo, puede notarse un cambio importante en la construcción del rol del hombre y la mujer como consecuencia de la creciente participación de la mujer en diversos ámbitos. Ahora, a las mujeres se les inculca que estudien porque no saben cómo es el hombre que les va a tocar, y sobre todo porque así tendrán herramientas para salir adelante .

Hasta antes del siglo XX el papel de la mujer en México consistió únicamente al cuidado del hogar y la crianza de los hijos, era un ente pasivo ante una sociedad activamente machista. Una mujer se caracterizaba, entre otras cosas, por ser sumisa, aguantadora, obediente, religiosa, sexualmente “decente” y sobre todo señora de su hogar; si no reunía alguno o todos estos aspectos se catalogaba como una loca, pecadora, prostituta. Por el contrario, los hombres eran considerados como entes activos proveedores y “trabajadores” tenían derecho y oportunidad a todo, incluso a divertirse, es decir, no era raro encontrarlos fuera de su casa en apuestas de gallos o caballos, jugando barajas en las cantinas o visitando prostíbulos, evitando así pertenecer al círculo de los “maricas” como se solía llamar a los hombres que demostraran tener algún rasgo afeminado u homosexual.

Posteriormente, a partir de los años 30 con la aparición del proletariado, se incorpora la mujer al ámbito laboral como mano de obra barata, y a pesar de su discriminación política, jurídica y económica; se ve en la posibilidad de desarrollarse en aspectos novedosos, atractivos y satisfactorios para sí misma, dándose con ello, un proceso de liberación feminista, en el que las mujeres se ilustran, tienen intenciones de cambiar la sumisión, son parte de una revolución pacífica para aparecer en el plano político, sexual y simbólico, quieren ser médicas, pilotas, obispas, etc. A medida que más mujeres trabajan fuera de casa, la división de roles de género va variando, aunque de forma paulatina, laboran de manera libre y hacen valer el artículo 1 de la Constitución donde dice que todos somos libres.

Al disentir que la mujer puede hacer lo que se le pegue la gana con su pensar, su hacer y su cuerpo, participa en las discusiones, aprende de la experiencia, refuerza modos de existencia diversos, constituye a la vida mediante el diálogo y la reflexión para construirse como una persona digna, y así, como lo hacen los hombres, también se sabe con derecho a estar fuera de su casa no sólo para trabajar, sino para divertirse, se les encuentra en lugares tales como iglesias, salones de baile, cine, teatro, cabarets,

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